Hasta que un día conoció a quien nunca debió conocer y
quedó atrapado entre las garras de la dama blanca. ¿Por qué se tambalea
tanto al andar? «Porque en un ratito me tocará otra vez... No te asustes, mira,
no voy de pico, tranquilo». Antonio responde al perfil del nuevo yonqui. Enseña
los brazos y los tobillos. Los tiene blancos y limpios. Las venas intactas, sin
rastro de esos pequeños agujeros sellados con sangre que suelen dejar las
agujas de las jeringuillas. «Esto es más seguro, amigo...», enfatiza a la vez
que extrae de un bolsillo de su cazadora varias hojas de papel plata medio
arrugadas y de la cartera, donde lleva la foto de su pequeña, una papelina de
heroína. «¿Quieres verlo?», me insinúa Antonio al notar mi curiosidad por saber cómo
prepara el chino que luego se fumará. Brown lugar. Heroína
marrón. Un viaje, entre ocho y diez euros, más barato que unos preservativos.
Algunas pandillas de jóvenes disfrazados con caretas
de calaveras y rostros de látex desfigurados como si fuesen seres de
ultratumba, apuran el paso por la otra orilla del bulevar vallecano Peña
Gorbea, el bule de toda la vida, jaspeado de sombras. Es Halloween. Y
a este otro lado, sin caretas macabras, comienzan a llegar hombres jóvenes y
alguna que otra chica, a paso lento, tambaleándose como espectros bajo las
farolas, los cuerpos rotos y el deseo de colocarse cuanto antes.
Estamos en la noche de los muertos vivientes. Para Antonio, una más en la que
terminará zombi sin necesidad de disfraz. «Es mi rutina». Todas las noches son
Halloween para él. Joaquín, su colega de viajes, viene a buscarle acompañado
de una yonqui. Llegan drogados. «¿Qué tal, Toño, quién es este?», refiriéndose
al periodista. «Ya nos íbamos», le corta Antonio sin mirarle. Con un gesto me
indica que vayamos a un rincón más discreto. Vierte la dosis sobre un trozo de
papel plata y la calienta por debajo con la llama de un mechero. El humo
de la droga se va apoderando de él a cada inhalación. Antonio ya no es él. Se
va transformando en un sonámbulo que a duras penas alcanza a darse cuenta de
dónde está. Los párpados se le caen como el telón al final de una obra. Antonio
desconecta. Se va. Ha entrado de lleno en ese mundo paralelo que él busca cada
tres horas. «¿Ves? Esto es la paz, no hay pensamientos malos ni dolor, sólo una
inmensa tranquilidad...».
Joaquín y Marta vuelven a por él, y los tres
desaparecen como zombis en la noche, ajenos por completo a los vecinos que
observan desde las ventanas de sus pisos el regreso del barrio a los años 70,
80 y parte de los 90. Cuando la dama blanca llenaba los cementerios de
cadáveres y las madres marcaban con flores las esquinas donde sus hijos
aparecieron muertos con la aguja todavía clavada en las venas. «La heroína ha
regresado y aquí nadie hace nada. Está pasando en Carabanchel, en Villaverde
Alto, en Parla, en Getafe... ¿Cuánta gente más tiene que morir? La
Comunidad de Madrid ha eliminado la agencia antidroga, han recortado numerosos
servicios asistenciales, no hay planes de reinserción... ¿Qué pretenden, que
volvamos a los entierros y lamentos de los años duros», advierte Jorge
Nacario, treintañero y presidente de la Asociación de Vecinos Puente
Vallecas, que se ha convertido en la voz de la lucha contra la heroína en este
popular barrio del cinturón de Madrid. A la manifestación de la semana
pasada se sumará otra el 15 de noviembre. Porque la heroína, como se creía, no
va de retirada. Al contrario. Ha vuelto a correr por las calles y no sólo de
Vallecas. También en Vigo, en Pontevedra, en El Raval de Barcelona, en El
Cabañal de Valencia, en el País Vasco, Asturias, Andalucía... Si en febrero de
2014, diversas fuentes consultadas entonces por este suplemento cifraban en
6.000 el número de nuevos yonquis, esos mismos terapeutas hablan de que
podríamos estar ya cerca del doble, 12.000.
"Emergencia nacional"
Y mientras en España va calando el temor de que el
consumo vuelva a desbocarse, en Estados Unidos el problema ha entrado en la
mismísima Casa Blanca. Unos 35.000 estadounidenses fallecieron el año
pasado por sobredosis de heroína, lo que ha llevado a Donald Trump a declarar
«emergencia nacional» la epidemia de opiáceos en el país. El propio director de
la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas, Gil Kerlikowske,
reconocía recientemente su «preocupación» por el auge del consumo de esta droga
como reemplazo de los analgésicos opiáceos con receta como el OxyContin o
Vicodin, que cuesta unos 140 dólares en EEUU, mientras que una dosis de heroína
se puede conseguir en las calles por 10. Una realidad que a este lado del
océano están siguiendo de cerca médicos y terapeutas, temerosos de que el
consumo en España vuelva a crecer.
«Se está produciendo un repunte silencioso que las
estadísticas oficiales todavía no recogen. Pero tampoco parece que interese
mucho ahora con todos los problemas que hay aquí. De momento no estamos en la
misma situación que Estados Unidos, pero la heroína está ahí, en las calles, en
las incautaciones de la Policía», retrata el doctor Jorge Gutiérrez, 20 años
tratando a drogodependientes en las zonas más castigadas de Madrid. [En
febrero de este año era desmantelado un laboratorio de heroína en Vigo; el 17
de agosto fueron incautados 59 kilos; y el 23 del mismo mes otros 65, también
en Galicia...]. En palabras de la psiquiatra del Hospital del Mar, profesora de
la Universidad Autónoma de Barcelona y al frente del Proceso de Adicciones del
Instituto de Neuropsiquiatría y adicciones (INAD), Marta Torrens, «la heroína
sigue siendo la causante de la mayoría de muertes por sobredosis en España [de
estas muertes tampoco hay datos oficiales]». Opinión que concuerda con otros
registros: «Aproximadamente el 80% de nuevos tratamientos por consumo de
opiáceos está relacionado con la heroína, y ya no es tan evidente el descenso
que se venía observando desde 2007», avisa el último Informé Europeo sobre
Drogas, de 2016. Aunque Torrens advierte: «Puede estar pasando que los recursos
asistenciales hayan disminuido, como así es, y los casos afloren más, pero eso
no quiere decir que el número de adictos esté aumentando, simplemente que se
ven más enganchados porque no se les atiende».
El caso es que en Cataluña, admite la doctora Torrens,
no existen datos recientes que indiquen la existencia de un repunte del
consumo. Según ha podido saber Crónica, un amplio informe de la situación,
tutelado por la Consellería de Sanidat, lleva meses paralizados a causa de la
situación política del procés de independencia. En cualquier caso, la
escasez de datos (no sólo en Cataluña) habría que achacarla, en palabras de
otros expertos consultados, a la utilización por parte de los adictos de otros
servicios (consultas y programas de tratamiento) distintos a los que
habitualmente reciben de las entidades públicas, lo que estaría dificultando
aún más el acopio de datos oficiales.
Entre 30 y 50 años
Frente a la imagen deteriorada del yonqui de los años
80 y 90, sucio y mal vestido que deambulaba por parques del extrarradio de las
ciudades, otra figura está surgiendo en torno al submundo de la heroína. El
nuevo heroinómano, como Antonio, Joaquín o Marta, tiene entre 30 y 50 años y
rechaza la aguja. No se pincha la droga, la fuma. Es la tendencia. En el bule de
Vallecas y en todas partes. «Les da miedo la hipodérmica, no vivieron las
épocas del sida pero conocen lo que pasó en los 80 y 90. Creen que
evitando la jeringuilla, el enganche será menor y que, además, no contraerán
infecciones. Pero se engañan, siguen apareciendo casos y casos», tercia el
doctor Gutiérrez. La misma ONU en su Informe Mundial sobre las Drogas del
año 2016 alerta del «repunte de heroína» en Europa. «El 76% de los consumidores
de alto riesgo estimados en la Unión Europea se concentran en cinco países», y
España se sitúa en segundo lugar, detrás de Alemania y por delante de Francia,
Italia y Reino Unido. A falta de datos concretos en España, la radiografía hay
que buscarla en el estudio presentado en junio de este año por el Observatorio
Europeo sobre Drogas, que señala que 23 personas murieron cada día por
sobredosis de opiáceos, especialmente heroína, en la UE en 2015. En total, al
menos 8.441 vidas, un 6% más que 12 meses atrás, cuando las víctimas fueron
7.950. Daños colaterales para quienes mueven un negocio que al año genera
24.000 millones de euros en todo el mundo.
La clientela, como la forma de consumo, también ha
cambiado. Un camello contactado por Crónica que hace un par de años
trapicheaba en La Cañada Real, considerado el mayor mercado de drogas en España
y uno de los más grandes de Europa, ahora se mueve por los barrios céntricos de
Madrid donde, asegura, los camellos de la heroína como él han encontrado un
mercado de clientes jóvenes cada vez mayor. «Son punkis que van siempre de
negro y llenos de piercings y tatuajes», dice nuestro confidente.
Gente con cierto poder adquisitivo que va de punki de tienda. «He tratado a más
de un hijo de las llamadas buenas familias», comenta sin dar nombres el doctor
Gutiérrez. Aunque lo parezca, no es una historia de ahora. Ya en 1972 el
diario Pueblo informaba de que la droga se vendía en «determinados
clubs, discotecas y hasta en alguna marisquería». Y añade: «A principios de
1975 la Policía detuvo en Madrid a una veintena de jóvenes entre los que había
vástagos de familias más o menos ilustres (productores de cine, periodistas,
políticos y militares)». Y el diario Abc resaltaba que era la primera
vez que habían sido detenidos adictos españoles a la heroína.
Los narcopisos donde se vende y se consume
son la última novedad. Y el epicentro de esta oferta en España es el
barrio de El Raval, en Barcelona. Sasha Asensio, autor de la imagen que ilustra
este reportaje, conoce bien el lugar. Lleva 15 años recorriendo las principales
capitales del mundo, desde Madrid a Nueva York, fotografiando la vida de los
consumidores de heroína. «En El Raval [donde los vecinos están en pie de
guerra] funcionan alrededor de 60 narcopisos, y en ellos sólo se ofrecen
drogas duras», cuenta Sasha, quien dice no haber encontrado diferencias entre
un yonqui de Manhattan y otro de Vallecas. El final, dice Sasha, es siempre el
mismo: «Todo yonqui, esté donde esté, paga la felicidad con su propia vida».
Como los zombis del bulevar.
Las dos rutas hacia España
La heroína ya no viene sólo de Afganistán. Los nuevos
yonquis se 'colocan' con la que llega de Marruecos, de peor calidad pero más
barata.
LA RUTA HABITUAL
Es la que sigue la heroína que se fabrica en
Afganistán (con la que se financian los talibanes, que aseguran y vigilan el
tráfico de la droga en el país). Sale por Pakistán e Irán y llega hasta
Turquía, la puerta de entrada de la heroína a Europa. La mayor parte viaja a
Holanda, y desde ahí llega a España, sobre todo a Cataluña y Navarra,
donde se vende por unos 15 euros el gramo.
LA NUEVA RUTA AFRICANA
Es el camino hasta España de la heroína que se produce
en Latinoamérica, en Colombia y Bolivia, principalmente. Desde allí, por barco,
viaja hasta Cabo Verde y de ahí la transportan hasta el sur del Sáhara y va
subiendo en caravanas hasta el norte de Marruecos, sobre todo a la cordillera
rifeña de Alhucemas. Sigue hasta la Península en motos de agua, barcas con
motor o cápsulas bien escondidas vía Melilla, y luego en 'ferry' hasta Málaga.
Es la heroína más barata, de peor calidad, que en Marruecos está haciendo
estragos. Allí el gramo se puede encontrar por menos de tres euros, y en
Carabanchel y Villaverde (Madrid) se compra por entre 8 y 10 euros el gramo.
También está llegando a Toledo.
COMENTARIO: Me da igual que me frían a negativos, pero pena
ninguna. Estamos acabando el 2017.¿ En qué se parece esta sociedad a la de hace
casi 40 años? Vivimos en la era de la información y la globalización. Todo el
mundo a cualquier edad sabe de sobra a lo que se expone, no cuela eso de que
hay que concienciar e informar más. Hemos creado una sociedad hedonista,
infantilizada, sin valores y sin límites en cuanto al vicio. La gente está
enganchada a todo: drogas, juego, alcohol, sexo... La solución: Ni idea. Yo
suelo tenerme por una persona bastante empática, pero ya no vivimos en los 80,
y casos como el de esta noticia me dejan indiferente. La gente de hoy día sabe
de sobra donde se mete.LA RECORTA…


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