Ese mismo día, a las 7.40 de la mañana, 18
inmigrantes subsaharianos habían
logrado entrar en Melilla a través de la valla. Y el viernes 17 de febrero, 497
inmigrantes sin papeles conseguían franquear la frontera de Ceuta por la
vaguada de Sidi Ibrahim. Tres días después, otro grupo de
356 personas superó la alambrada armado
con cizallas, piedras y palos. Por la misma vaguada. En apenas 72 horas
entraron 853 migrantes (de los 1.200 que lo intentaron), casi la mitad de los
1.771 que en 2016 lograron saltar hacia Ceuta a través de los ocho kilómetros
de valla. El camerunés Philippe, de 25 años, era uno de los que entraron.
“Cuando vas a buscar una vida mejor nadie te lleva de la mano para hacerlo, se
hace en conjunto”, explica. Ante la pregunta de si advirtió menos control de
las fuerzas marroquíes esa noche, responde: “Lo siento, no lo puedo contar.
Perjudicaría a los que aún quedan allí”.
Puede ser que Marruecos no pudiera evitar la
avalancha. De hecho, el ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso
Dastis, afirmó en una entrevista en Onda Cero que Marruecos está cooperando de
manera “impecable” y se mostró convencido de que Rabat no permitió de forma
deliberada esos asaltos. El propio delegado del Gobierno en Ceuta, Nicolás
Fernández, indicó a este diario que “no consta que haya habido cambios en la
tónica de colaboración” y aportó un dato para corroborarlo: “El pasado 21 de
febrero otros 300 inmigrantes intentaron entrar y fueron las fuerzas marroquíes
las que lo evitaron”. Sin embargo, la amenaza del ministro Ajanuch quedó
flotando en Europa. Fuentes de las fuerzas de seguridad españolas consultadas
por este diario indicaron que Marruecos hizo todo lo posible por evitar los dos
asaltos. “Nos detallaron las actuaciones de su gendarmería esas noches y no nos
cabe ninguna duda. Pero es imposible a veces frenar los asaltos.
Lamentablemente, seguirán produciéndose. Pero la actuación de Marruecos, hoy
por hoy, es irreprochable”. En Ceuta, Rafael Morante, guardia civil y
sindicalista de la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) hacía
guardia en la madrugada del 17. Observó desde las cámaras cómo el grupo de
inmigrantes corría por la vaguada de Sidi Ibrahim, camino de la alambrada.
“Pasaron justo al lado de dos campamentos de las fuerzas marroquíes y los gendarmes
no salieron”, señala Morante. En apenas unos minutos, los migrantes
consiguieron llegar al vallado, romperlo y atravesarlo. Los ocho guardias que
controlaban todo el perímetro de Ceuta en esos momentos, nada pudieron hacer
para evitarlo. “Marruecos ha bajado el ritmo considerablemente, se están
distanciando en la cooperación”, añade el secretario general de AUGC en Ceuta,
Omar Mohamed.
Reduan Mohamed, responsable de Migraciones de Podemos
Ceuta, cree que ha habido varios factores en el repunte de la inmigración en la
valla. “Esos días había un fuerte temporal y la vaguada de Sidi Ibrahim tiene
muy poca visibilidad”, explica. El delegado del Gobierno en Ceuta valora
también la forma de acceder por la frontera: “Más que saltos, son asaltos; más
violentos”. Frente a ello, Reduan Mohamed cree que más bien, en la “mejor
organización” de unos grupos más numerosos. Y añade que las herramientas que
llevan son “únicamente para romper la valla, no para herir a nadie”.
Maite Pérez, responsable de la asociación San Antonio,
lleva más de diez años asistiendo a miles de inmigrantes en cubrir sus
necesidades básicas al llegar, enseñarles el idioma o facilitarles la
comunicación con sus familias. “Yo no entro en los motivos, pero sí se nota que
Marruecos se ha relajado, ha dejado de dar tantos palos”, indica Pérez.
Helena Maleno, investigadora especialista en
migraciones del colectivo Caminando Fronteras, indicó que los inmigrantes con
los que ella ha hablado esta semana le indicaron que tanto en el primer salto,
del viernes 17 de febrero, como el de tres días después, encontraron menos
obstáculos de los que esperaban, tanto desde el lado marroquí como desde el
lado español.
El guardia civil Rafael Morante reconoce que las
noches del 17 y el 20 solicitaron a sus superiores “hasta en tres ocasiones” el
uso de medios antidisturbios y se les denegó. Omar Mohamed, secretario de la
Asociación Unificada de la Guardia Civil, añade: “Los inmigrantes están
informados y saben que somos pocos y que en la Guardia Civil tenemos las manos
atadas y no nos dejan usar medios desde los tristes sucesos del Tarajal”. Aquel
6 febrero del 2014 fallecieron 15 inmigrantes cuando intentaban llegar a nado a
la playa ceutí. La Audiencia Provincial de Cádiz, con sede en Ceuta, tiene un proceso
abierto a petición de
tres ONG para investigar si la actuación de los agentes tuvo que ver con la
muerte de los inmigrantes.
Lo que se está dirimiendo estos días en los tribunales
europeos es si Marruecos tiene derecho a explotar los recursos naturales del
Sáhara Occidental. El Frente Polisario denunció ante el Tribunal Europeo de
Justicia los acuerdos comerciales de Agricultura sellados entre Marruecos y la
Unión Europea en 2012. El 21 de diciembre, la Corte de
Luxemburgo validó el pacto comercial entre la UE y Marruecos, pero
la sentencia determinó que el Polisario no está legitimado para presentar un
recurso contra el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Marruecos porque
en el acuerdo se habla solo del “territorio del Reino de Marruecos”. Y, por
tanto, no le afecta.
Los productos agrícolas del Sáhara Occidental apenas
tienen peso en las relaciones bilaterales de Marruecos con la Unión Europea.
Sin embargo, el Frente Polisario ha recurrido también el acuerdo pesquero que
en 2013 firmaron Bruselas y Rabat. Mediante ese acuerdo, vigente desde 2014 a
2018, Marruecos autoriza a faenar en sus aguas a 126 embarcaciones europeas, de
las cuales unas cien provienen de España. Europa paga en contrapartida 40
millones de euros anuales. Ahora se dirime en Bruselas las condiciones de ese
acuerdo. El dictamen del Tribunal de Estrasburgo se espera para los próximos
meses.
Marruecos es consciente de la importancia que supone
para Bruselas su colaboración no solo en materia de inmigración, sino en la
lucha contra el terrorismo yihadista. Hace años que los sucesivos ministros del
Interior españoles se deshacen en elogios respecto a la generosidad y eficacia
que encuentra en las fuerzas policiales marroquíes.
Sin embargo, para el ministro de Exteriores de la
República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Mohamed Salem Salek, esa “supuesta
colaboración” se traduce en un “chantaje” permanente por parte de Rabat. “Es
absolutamente imposible que se produzca en Marruecos una concentración de
personas al lado de la bahía de Ceuta o Melilla sin que la gendarmería dé su
luz verde”, esgrime Salem Salek en conversación telefónica. “Marruecos quiere
que la Unión Europea actúe como el Gobierno marroquí actúa con su propia
Justicia. Yo comprendo que los europeos están en una situación muy difícil.
Pero esto es el resultado de la política de complicidad que empezó con Felipe
González y ha llegado hasta ahora. Europa ha permitido que Marruecos actúe como
desee. Europa quiere la estabilidad de Marruecos. Y nosotros también la
queremos. Pero la mejor ayuda que se le puede dar a Marruecos es decirle la
verdad. Bruselas tiene que saber que los que están defendiendo a Europa contra
el terrorismo y la inmigración ilegal somos el Frente Polisario, Argelia y
Mauritania. Marruecos es solo la etapa final”.
COMENTARIO: En Europa ya estamos listos y sentenciados por el buenísimo
absurdo que no tendrían otros países con nosotros, ya no nos queda una pizca
dignidad ni orgullo y personalidad, encima los marroquíes que viven aquí viven muy
tranquilitos con sus ayudas y trapicheos, y a los de aquí nos dan largas las asistentas,
esto está podrido por gobiernos que nos venden por los de fuera, qué ya les va
bien trabajar por cuatro chavos, pues nada seguimos así, qué la bofetada que
nos darán no tardará mucho en llegar, al tiempo, dentro de cien años, la raza
blanca se irá a tomar por el c...Por ilusos nos lo tendremos bien merecido.LA RECORTA…


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