La tarde del crimen, Daniel estuvo con su novia y una
amiga por el centro de la ciudad, según cuenta por teléfono un íntimo amigo que
prefiere no dar su nombre. Al llegar la noche, se fue con otro colega —que
descarta hablar por el momento— y “se tomaron algo”. Llegó a su casa sobre las
tres de la madrugada, donde vivía junto a su hermana y sus padres. Según fuentes
de la investigación, Daniel reconoció en su declaración policial que sí, que
aquella noche él mismo cogió el arma y lo mató. Que estaba harto de los malos
tratos psicológicos que sufría su madre por parte de su padre. Que la
despreciaba, que la humillaba, que su padre dormía en la habitación y su madre
en el salón, que, incluso, su hermana usaba tapones para poder dormir. Así,
dice, todos los días desde hace más de 30 años. Que, pese a que tenía la
ilusión de irse a vivir con su novia, no lo hacía porque quería proteger a su
madre. Que nunca han denunciado nada— la policía así lo confirma— por miedo a
que su padre pudiera hacer algo peor. Que, cuando llegó a su casa este lunes,
entró en el baño y cerró la puerta. Que su padre comenzó a insultar y a chillar
desde fuera creyendo que era su madre la que estaba dentro. Que no podía más.
Que agarró el arma de la familia y le disparó. Y que, según las mismas fuentes,
también confesó: “Ahora mi madre puede descansar”.
Daniel trabaja desde hace ocho años en la Armería
Mostazo de Cáceres. Su último turno fue este sábado, de 9.00 a 14.00. “Es un
chico sensacional y muy responsable, pero no solía hablar de las cosas de
casa”, dice un compañero de trabajo que no quiere dar su nombre. Le gusta tanto
la caza y la pesca que ha llegado a colaborar en el programa Coto Abierto de Canal Extremadura.
Su padre, Ángel, estaba jubilado desde hace cinco años. La última ocupación que
tuvo fue la de vendedor ambulante de embutidos y carne por los distintos
pueblos de la provincia de Cáceres. “No tenía un carácter muy fuerte. Era
agradable y simpático”, cuenta por teléfono Juan José Mallo, su último jefe.
“Mi mujer también lo conocía, pero con su familia apenas he tratado. Tuvimos un
encontronazo al final por un tema de la liquidación y bueno, al final lo
resolvimos”.
Ángel era un forofo del Real Madrid.
Tenía prohibida la entrada en todos los bares del barrio menos en uno. “Daba
muchas voces e insultaba todo el rato. No sabía comportarse, por eso no le
dejaba entrar”, cuenta Manolo, camarero del bar Santa Marta. Un
local de barrio, repleto de gente a las 14.00 de la tarde y que saluda a los
clientes por su nombre. “Su hijo no, su hijo es un chico encantador. Aún no me
lo creo. Yo creo que se ha arruinado la vida”, dice mientras señala la porra
semanal en la que el joven participó la semana pasada. A menos de 500 metros
está el bar Julián. La única taberna,
repleta de cuadros de toros y toreros, a la que el padre tenía permitida la
entrada. “Venía por aquí todos los días sobre las ocho”, cuenta Julián, un
trabajador. “Se tomaba su cafelito y un par de cervezas. No le dejaban entrar
en los demás bares porque la liaba mucho cuando jugaba el Madrid. Pero yo no he
tenido nunca ningún problema. A la gente le gusta hablar y hablar… Se metía con
el árbitro y tal”. Sin embargo, el íntimo amigo de Daniel, que prefiere no dar
su nombre, cuenta que hasta le quitaron el fútbol en la televisión de casa por
las voces que pegaba.
COMENTARIO: Según algunos comentarios, la campaña para que se
denuncie el maltrato se debe suprimir ya mismo. No es necesaria y no sirve de
nada. ¿Para qué molestarse en ir a Comisaría?... Se le aplica la ley del Talión
y un problema menos. Más rápido y te ahorras trámites.
Así no se defiende a nadie. Al contrario, a su madre
le ha arruinado más la mala vida que llevaba, por mucho que el linchamiento se
ponga de moda.LA RECORTA…


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