Sirva esta introducción para exponer que dentro de
nuestras contradicciones patrias se encuentra la de la exigencia pública. El
Estado, la Administración, viene obligada a prestarnos medios y ayuda. El
Estado, la Administración tiene que prestarnos servicios,” porque yo lo valgo”
y ¡ojo!, buenos servicios. Servicios de calidad. Servicios de Alemania, de
Dinamarca. Queremos, exigimos, sanidad, educación, protección y
seguridad. Exigimos subvenciones,
fiestas, descanso, calidad, e, incluso, exigimos hasta que España vuelva a
ganar un Mundial. En realidad, eso es bueno. Requerir a las
administraciones que inviertan de manera razonable en bienestar social es signo
de país desarrollado.
Ahora bien, la pregunta es ¿qué estamos dispuestos
cada uno a aportar? Y, sobre todo, ¿cómo se deben distribuir los ingresos
públicos? Supongo que cada español, haríamos una distribución a nuestra medida
y según nuestras necesidades y valores. No obstante, nadie puede negar que
junto a Sanidad y Educación –y como si de una Cenicienta se tratase–, la Justicia constituye la base del propio
armazón del Estado democrático y de Derecho, de un Estado libre
social y base de la propia convivencia. La Justicia lo impregna todo para bien.
Crea seguridad, estabilidad, riqueza. La Justicia iguala y evita abusos de
quienes pretenden ser más fuertes. La justicia cobija con su manto para lo
bueno y lo malo a todos y cada uno con independencia de circunstancias
personales y profesionales.
El esfuerzo, la valía, el sacrificio y la
independencia frente a la corrupción deben ser bien retribuidos
Basta echar la vista atrás en recientes
acontecimientos políticos, bancarios, territoriales para que quien no sea
obtuso mental se dé cuenta. La Justicia en definitiva es esencial, un pilar
decisivo para el armazón de la convivencia y el desarrollo personal y
colectivo. Esa Justicia viene impartida por mujeres y hombres preparados,
responsables y que en una cifra que ronda los 5.000, han resuelto en lo que va
de año más de 5.000.000 de asuntos, es decir, los problemas de quien ahora lee
este artículo, los problemas jurídicos de todos. Son mujeres y hombres que nada
tienen que ver con las películas anglosajonas, esas en las que los jueces
llevan peluca, viven en ostentosas mansiones y toman el té a las cinco en un
club de golf elitista. Al contrario, los jueces en España están mal
retribuidos, no hay que tener vergüenza en decirlo. Los jueces tenemos corazón y también
gastos, como todos. (yo ya estoy en una edad que creo debo decir lo que pienso,
tras razonar).
En teoría, somos un Poder. Claro que hay otros
funcionarios que perciben menos, pero ese no es el tema ¡Que no nos confundan y
enfrenten por ahí! Los jueces padecemos unas incompatibilidades, un horario,
una responsabilidad y una necesidad de independencia, que desde luego no se
retribuye en absoluto con lo que ahora se otorga de manera rácana por el
Ejecutivo y el Legislativo. En realidad, no interesa pagar bien a los jueces.
Conozco casos de compañeros que tienen que compartir piso en determinadas
ciudades porque no les llega para pagar el alquiler. Conozco compañeros que ganan menos que el jefe
de la Policía municipal, con mis respetos para todos.
Leo en el periódico que, en una ciudad del sur,
algunos alumnos que se han convertido en traficantes le decían al maestro: “¡Profesor,
nosotros en un día cobramos lo que usted en meses!”. Eso no es bueno para una
sociedad. Eso no es sano para un Estado moderno. No quiero eso para mis hijos.
El esfuerzo, la valía, el sacrificio y la independencia frente a la corrupción,
frente a los poderes fácticos, la creación de seguridad y riqueza, deben ser
bien retribuidos. El servicio público y la Justicia de calidad
deben ser bien pagados por la sociedad. Es una buena inversión para todos.
No pedimos nada especial, sólo que se nos reponga en
lo que se nos ha ido detrayendo desde 1989
No pedimos nada especial, sólo que se nos reponga en
lo que se nos ha ido detrayendo durante varios años desde 1989. Nadie va a ver
recortados sus derechos porque el Ejecutivo y el Legislativo, como en otros países,
garanticen una cierta capacidad adquisitiva de sus jueces. En un presupuesto,
esa cuantía es mínima. Unos jueces que, por cierto,
ni siquiera tenemos las mismas vacaciones y permisos del sector público,
que no podemos elegir a nuestros representantes pese a que Europa lo dictamine,
unos jueces que no poseemos un trabajo ni un horario predeterminado y, sin
embargo, padecemos unas incompatibilidades y un régimen disciplinario extenso.
Unos jueces, también, que demostramos día a día
responsabilidad y lealtad con la Constitución y con las personas, garantizando
además la limpieza electoral. Unos jueces que padecemos una de las ratios más bajas de Europa por número de habitantes. Unos
jueces, en definitiva, que creemos no merecer esto, que diría Almodóvar.
Por todo ello, nos vamos a movilizar. Vamos a hacerlo
por nosotros, faltaba más, pero también por todos, por la propia sociedad de la
que formamos parte. Por intentar alcanzar unas condiciones profesionales que
beneficien a nuestra nación y una Justicia de mayor calidad, eficacia y
rapidez. Llegaremos hasta donde haya que hacerlo para que se nos haga
caso. Estas movilizaciones no se dirigen a un partido
concreto, sino a una estructura que nos viene en cierto modo menospreciando desde
hace tiempo o, lo que es igual, menospreciando a la sociedad normal. Las cosas
pueden comenzar a cambiar. La sociedad española puede mejorar aún más. No somos
ninguna casta. Los jueces –y esto sí que no
es un tópico– somos usted y yo, y ambos tenemos corazón, deseos y necesidades
vulgares.
*** Raimundo Prado Bernabéu es el portavoz
nacional de la Asociación de Jueces y Magistrados Francisco de Vitoria.
COMENTARIO: Bastante de lo que dice este Juez es
incierto. Para empezar, tienen unos sueldos que oscilan desde los 4000 euros
brutos desde que salen de la Escuela Judicial hasta 8000 que puede ganar un
Magistrado del Supremo (y ello con semana brasileña). En cuanto a los permisos
y días libres, por favor, no me haga Vd. reír. Ningún funcionario en España
tiene tantos días de libre disposición (6 permisos de 3 días hábiles al año, lo
que hacen 24 días hábiles). Al margen, licencias por estudios etc.…LA RECORTA…


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