RAÚL PIÑA. Madrid. 18 FEB. 2018: Albert Rivera y Pablo Iglesias viajan
juntos en el vagón de la montaña rusa de la vida política. Recorren un camino
de sobresaltos. La irrupción nacional de Ciudadanos y Podemos en 2015 tejió
una complicidad que después dio paso al fango del insulto y los exabruptos
políticos y que estos días vuelve a alumbrar sonrisas y cordialidad. La batalla
política de Ciudadanos con el PP ha
obligado a Rivera a volver a mirar a Podemos, en una decisión estratégica no
exenta de riesgo. Supone conceder oxígeno político a un rival que, a día de
hoy, ha desplazado del foco. En la primera planta de Alcalá 253, sede
de Ciudadanos y donde se reúne el núcleo duro, hubo debate sobre el hecho de
invitar a Podemos a sumar una alianza para
reformar la Ley Electoral, ante las resistencias de PP y PSOE.
Dirigentes muy próximos a Rivera explican que se meditó el riesgo de hacerse la
foto con un rival con el que pugnan por una parte del electorado, el joven, y
que, sobre todo después de Cataluña, está desdibujado. Asumen que sentarse
con ellos en la mesa es concederles protagonismo, «darles oxígeno, munición,
cuando más débiles están». Pero concluyen que el efecto de evidenciar otra vez
el eje nuevo frente a viejo, regeneración frente a inmovilismo, puede dotarles
de más rédito político que de penalización.
El equipo de Rivera considera que, aunque su
estrategia, mientras la situación en Cataluña no se resuelva, pasa por
abanderar el «patriotismo cívico», un eje «donde lideramos», resucitar la lucha
nuevo-viejo, donde en las elecciones generales perdieron la batalla con
Podemos, ahora puede servirles de argumento para erosionar al PP, también al
PSOE.
La relación de Ciudadanos con Podemos ha oscilado
entre el «estamos de acuerdo» de 2015 y la bajada al barro más explícita. «Como esto
siga así nos presentamos juntos a las elecciones», llegó a decirle
Iglesias a Rivera en 2015. Esa entente quedó destruida en la repetición
electoral del 26 de junio, donde Rivera rectificó su estrategia y se radicaliza
contra Iglesias para evitar la fuga de votos al PP. En su equipo cundió la
sensación de que les perjudicaba que la sociedad les identificara con Podemos,
que les situara en el mismo eje, porque al final hubo una decisión por el
extremismo, sobre todo en el voto joven. Desde que llegaron al Congreso,
el debate parlamentario volvió su relación más brusca, violenta, hasta con
escenas plenas de agresividad.
«La política no es para hacer amigos, es para trabajar
por los ciudadanos y si para ello tengo que sentarme con Podemos, lo hago. No
tenemos complejos para llegar a acuerdos. Mi enemigo no es Podemos, es el
paro», ha dicho estos días Albert Rivera para justificar su acercamiento. Fue
él mismo quien levantó el teléfono para llamar a Iglesias y pedirle una reunión
de sus equipos. Una decisión motivada por la ignorancia que recibía de PP y
PSOE.
Quienes han participado en las campañas de Ciudadanos
explican este cambio en la relación con Podemos en el hecho de que un partido
que aspira a gobernar «tiene que atraer todos los votos. Tiene que agregar
afinidades, no desagregarlas». Explican que el acercamiento no entrañaría
riesgo electoral, toda vez que no existe trasvase de votos relevante. El
objetivo es, por tanto, «mandar un mensaje de que puedes pactar con todos.
Reforzar el perfil de poder negociar con todos». La finalidad es «no despreciar
ningún electorado». Pero aún se recuerdan los días donde los vetos de
Ciudadanos y Podemos impidieron un
gobierno de Pedro Sánchez.
Con todo, este acercamiento ha dado munición al PP
para disparar a Cs en su guerra por liderar la centroderecha. «Al final los
populismos de un lado y de otro acaban convergiendo, sobre todo si convergen
para que les venga bien a los dos», ha dicho el coordinador general, Fernando
Martínez-Maíllo, que los califica como «los dos nuevos amigos del
escenario político español». Los populares aprovechan este encuentro
«sospechoso» para ligar a Rivera con el populismo.
COMENTARIO: ¿Inestabilidad? Para mí una persona que es capaz de
reunirse con el "enemigo" para buscar un acuerdo que beneficie al
país (véase ley electoral) es alguien que cuando esté en el gobierno no
permitirá el inmovilismo y la debacle actual. No confunda negociación con
amiguismo (mire hacia Alemania), que tantos años de bipartidismo nos han
acabado sectorizando. Esto es política, no fútbol.LA
RECORTA…


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