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lunes, 22 de enero de 2018

La historia de un matrimonio de Valladolid: sin trabajo, sin casa y sin apenas perspectivas Esta es la historia que hay tras ese cartel que 'Publico' encontró en las redes sociales y que retrata a un padre de 47 años, con dos hijos en Valladolid, en paro desde 2012 y que acaba de tratar de suicidarse por segunda vez

 ALFREDO VARONA. ZARAGOZA. 22/01/2018: Los ojos se clavan en ese cartel que, desde hace tiempo, circula por redes sociales. Un mensaje letal que le invita a uno a marcar ese número de teléfono para explicar esa historia y para conocer dónde está el límite de un hombre marcado por la desesperación. Pero entonces, al otro lado, aparece la voz de una mujer llamada Nieves, que es la mujer de Jesús y que confiesa que él no puede ponerse, “porque está ingresado en el hospital Clínico de Valladolid”.
Son las consecuencias de un hombre que, desde 2016, llenó Valladolid, la ciudad en la que viven, con este cartel que después ha llegado a las redes sociales. “No sé ni cómo ni quién lo puso, porque nosotros no tenemos ni Internet. No podemos. Sería una factura más a la que hacer frente y hay una palabra, embargos, que ya nos ha hecho mucho daño. Pretendemos vivir alejados de ella. De hecho, si tenemos este teléfono es sólo para recibir llamadas, porque hay veces que no tiene ni saldo. No podemos cargarlos ni con cinco euros”. El retrato presenta un drama inesperado que hasta 2012, “cuando cerró el restaurante en el que trabajábamos los dos”, representaba a una familia de clase media en el barrio de Las Delicias de Valladolid. “Los veranos, incluso, ahorrábamos para irnos unas días de vacaciones a la playa. Teníamos una vida normal en la que no podíamos concebir que fuese a pasar esto”. Hoy, sin embargo, su vida obedece a una derrota que deja muy mal cuerpo. Las heridas son innegociables en el diálogo de una mujer, “acostumbrada a escuchar que Dios aprieta pero no ahorca. La diferencia es que yo no imaginaba que pudiese apretar tanto”,discrepa Nieves, que recuerda que fueron perdiendo todo lo que tenían, “el coche, la casa, los ahorros”, porque en estos seis años Jesús no volvió a encontrar trabajo. “Yo sí estuve seis meses en una cafetería y hasta el año pasado, cuando su familia decidió ingresarla en una residencia, cuidaba por las noches a una mujer mayor”.
 

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