Es difícil encontrar un edificio en Madrid en el que no
cuelgue alguna enseña nacional. No se trata de un fenómeno exclusivo de los
barrios de Salamanca o Chamartín. Se ven hasta
en Vallecas, do mora Pabló, y en
el llamado cinturón rojo que
rodea a la capital. También en el resto de España. Desde Valencia a Extremadura: en los talleres,
en los escaparates, en las naves industriales... En Jaén la cuelgan
de los olivos; en las Castillas las
ponen en los silos. Los aristócratas rezan por ella en el Pilar en Zaragoza. En Jerez se la canta
por bulerías... ¿Y en Cataluña?
Pues ya casi nadie la oculta.
Hay tantos motivos como personas: dignidad,
reivindicar derechos...hasta Lola Flores
¿Se trata de ese temible nacionalismo español contra
el que suele prevenir la extrema tibieza? A Pedro Insúa (44 años) se
le suele presentar como filósofo de izquierdas. «Se trata más bien de una toma
de conciencia nacional de España. Ha sido una reacción ante la fragmentación
beligerante del país». ¿Por qué no había surgido antes? «Hasta el 1-O se
pensaba que los nacionalistas iban de farol, pero cuando se ha visto que una
parte de los catalanes pretendía expropiar parte del territorio común se ha
topado con un movimiento popular, social, muy diferente a fenómenos oblicuos
como pudieron ser las celebraciones por el Mundial». En la manifestación
del domingo 29 de octubre en Barcelona, Félix Ovejero compartió escenario con Piqué, Frutos, Teresa Freixas, Borrell... Quién hubiera dicho hace unos meses que una vieja gloria del PCE compartiría pancarta con un ex ministro
del PP y
que los discursos se cerrarían con vivas al Rey y a España... Aquella jornada fue un
perfecto reflejo de lo que ahora se vive en un amplio espectro de la sociedad
española. «Es la aparición de la nación. Ha sido algo que nadie esperaba y ni
siquiera los políticos saben cómo reaccionar. Se nota porque si ellos lo
hubieran impulsado, el himno popular no sería el Que viva España sino
algo más ñoño. Lo que ha surgido es un hartazgo al desprecio de los
separatistas. Y no se puede definir como un nacionalismo porque no es una
reivindicación de la identidad sino de la dignidad», opina Ovejero.
Muchos señalan a Felipe VI como
uno de los canalizadores de la reacción de los españoles. «Ha sido el rey
republicano perfecto. Ha defendido el gobierno de las leyes y no el de los
hombres», dice Ovejero. Insúa, republicano por principios, coincide que en la aparición
del Rey el 3 de octubre lo cambió todo. «Es natural que Felipe VI
hiciera ese discurso porque se estaba poniendo en jaque a la soberanía nacional
que es de donde emana su propio poder y, por cierto, el de la Generalitat».
Por primera vez en muchos años, la nación española se
conectó con el Rey para recuperar esa autoestima mermada por el tabarrón
noventayochista y los complejos legados por 40 años de dictadura. Elvira Roca Barea lleva 11
ediciones vendidas de Imperiofobia y Leyenda Negra.
La historiadora cree que siempre surge un «alcalde de Móstoles» cuando España corre
peligro. «La carcunda habita en el país desde la Ilustración, cuando las élites
se deslumbran con las ideas francesas y se contagian de la visión negativa de
España. Las clases sociales más bajas, sin embargo, nunca han tenido esos
complejos. Por eso cuando llegan las grandes crisis siempre se puede contar con
la nación española, la encarne el alcalde de Móstoles frente al invasor
napoleónico o un millón de personas invocando a Manolo Escobar». La
hispanofobia patria -y si habla mal de España, es española, escribió Bartrina- estaría haciendo
crisis. «Por eso ahora se caen del guindo los progres exquisitos como Muñoz Molina, que se indigna
cuando le hablan de Francoland».
Incluso a los progres exquisitos ya les molesta que se
critique a España
Insúa cree que los españoles nos hemos creído nuestros
propios tópicos por impotencia. «Siempre se nos ha vendido que hemos llegado
tarde -al Renacimiento, a la Ilustración-, pero eso contrasta con nuestros
logros. Ahí, diría Amelia Valcárcel,
está el Prado para
demostrar lo que llegó a ser España. Por eso Marina, figurinista de 30 años,
se siente orgullosa de la pinacoteca. «Como lo estoy de El Corte Inglés. O simplemente
de lo bien que vivimos. Por eso me duele que algunos hablen tan mal de España.
Somos pioneros en el reconocimiento de derechos y tenemos tantas cosas... Me
cuesta imaginar que alguien se quiera independizar de Velázquez, del Quijote... ¡O de Lola Flores!». O como dijo en
su día el diseñador Palomo Spain (25
años): «Da rabia que los nacionalistas no sepan valorar una cultura tan
preciosa, la suerte que tienen de pertenecer a un país tan rico como el
nuestro».A muchos no les hace falta exhibicionismo alguno para sentirse parte
de este movimiento. A Jordi (38 años) no
se le ocurriría nunca poner la bandera en el balcón. «Pero por el mismo motivo
por el que pese a que soy un madridista acérrimo nunca he ido a la Cibeles. Lo vivo como algo
íntimo. Por otro lado, no entiendo por qué algunas personas de izquierdas se
asustan de la bandera española cuando la profusión de ikurriñas y esteladas son
vistas como un signo de libertad. España nunca ha sido excluyente. Integra a
diferentes lenguas, culturas... etc». Guillermo (44 años) cree que la bandera
no es sólo un símbolo identitario. «Representa un sistema que sabes que te va a
acoger. España tiene que ser reivindicada (también por la izquierda) porque es
la única forma de garantizar que haya ciudadanos libres e iguales [pese al cupo
vasco]».
Insúa recalca la distancia que existe entre la mala
imagen que algunos tratan de proyectar de España y la realidad. «No es sólo que
tengamos ahora una sanidad magnífica o más derechos. Por ejemplo, después de
que el país quedara arrasado tras la Guerra Civil nos recuperamos en un tiempo
relativamente corto por la tradición de excelencia de la sociedad civil
(ingenieros, médicos, abogados...)». Por supuesto, no ahorra críticas a la
autodenominada izquierda. «En 2011, lo que hizo el 15-M fue recuperar la Leyenda Negra.
En Podemos coinciden
con el nacionalismo en que creen que España es un Estado fallido que debe
desaparecer. Dicen que no es una democracia, que somos los más corruptos, que
el país no funciona... Y eso es pura mitología. Podemos ha elegido el
oportunismo político frente a la conciencia nacional».
Ovejero: "Ha sido algo que nadie espera y ni los
políticos saben cómo reaccionar"
En 2006, Fernando Savater dijo
que la idea de España se la sudaba. El filósofo vasco precisa que lo que le da
igual es que haya una idea de España que «nos diga cómo tenemos que ser los
españoles» a semejanza de lo que acontece con los nacionalismos. ¿Cómo ve este
resurgir de la españolidad?
«Es normal que duela cuando quieren privar de derechos de ciudadanía o su
implantación territorial». Savater cree no hay nada nacionalista ni franquista
(salvo grupúsculos ridículos) en esta toma de conciencia de la nación. «Hasta
ahora había una hipertrofia. Una cosa es hacer exaltación y proselitismo y otra
cosa es no ser consciente de los derechos que lleva aparejado formar parte de
una nación como España. Y respecto a la bandera, no comprendo por qué algunos
de nuestros intelectuales se escandalizan. Son como las señales, significan
algo».
Al final no se ha despertado ningún león sino millones
de ciudadanos. Y cada uno a su manera.
COMENTARIO: La
bandera ha salido a la calle para decir a gritos que no es malo ser español.
Que no tenemos nada de qué avergonzarnos. Que somos muchos y aun siendo tan
diferentes, cuando hace falta estamos unidos. Que las mentiras e infamias no
pueden ocultar la verdad eternamente. Que no somos ni hemos sido perfectos pero
no nos importa, porque tenemos todo un futuro por delante para conseguirlo. Que
si alguien nos echauna mano, tenemos un 99% de posibilidades de que esa
mano sea española. Que unidos somos mucho más fuertes que divididos. Y esa
bandera es nuestro modo de decirlo.LA RECORTA…


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