ÁLVARO CARVAJAL. Madrid. 23 OCT. 2017: Las señales de alarma
se han disparado en Podemos por
el posicionamiento del partido ante la crisis política en Cataluña. Dentro
de la formación existe una gran preocupación, cada vez más generalizada, por
las consecuencias, tanto electorales como para el propio futuro de Podemos, de
un discurso que prácticamente ha estado cabalgando en tono y contenidos al
ritmo marcado por los independentistas catalanes. Son enormes los «riesgos» que
se están asumiendo al dejar descolocados a muchos de sus votantes y, asimismo,
hay serias dificultades para defenderse en muchas zonas de España por la
incomprensión de lo que se dice.
Distintas voces denuncian que hay muchos aspavientos
contra Rajoy,
pero casi ninguna crítica contra Puigdemont y
las élites catalanas, a pesar de que pretenden imponer un proyecto político
basado en la desigualdad y de que se han situado en la más completa ilegalidad.
Más aún, se critica que existe cierta sobreactuación y que se transmite muchas
veces una imagen frívola, a pesar de la gravedad de la situación.
La connivencia con la retórica de la Generalitat, sus
argumentos y el uso que está haciendo del 1-O ha
llevado al PP a
acusar a Podemos de haberse convertido en el «cooperador necesario» y en el
«cómplice» de Puigdemont en Madrid. Y ha provocado un desplome en todas las
encuestas. De las cuatro publicadas en las últimas dos semanas, tres dan
el sorpasso de Ciudadanos a Podemos;
y la cuarta, del eldiario.es, fotografía un empate técnico. Es decir,
Cataluña está siendo un problema abrasivo para Pablo Iglesias y amenaza con
arrinconar a su formación en el tablero político.
El estado de ánimo dentro de Podemos es bastante
pesimista y existe un elocuente silencio a la hora de hablar de ello en
público. Se subraya que están ante un grave problema de comunicación y de
explicación de proyecto porque lo que se dice «no se entiende». «Los matices no
funcionan bien en la sociedad del espectáculo», se lamenta desde Andalucía un
miembro de Podemos. No obstante, es cierto también que el discurso a favor de
un referéndum pactado es algo férreamente compartido dentro.
Muchos no entienden la ausencia de crítica a un
proyecto basado en la desigualdad
La reflexión incide en que se está hablando
exclusivamente para Cataluña -consecuencia de haber subcontratado todo el
discurso en la posición de Ada Colau- y de lo que
allí se entiende, pero «nada» para el resto de España. Que sólo se critica duro
a Rajoy mientras que apenas se censura el unilateralismo y las ilegalidades
cometidas por el presidente catalán. Que se denuncia pero no se contrapone un
proyecto concreto más allá del apellido «fraternal».
Distintos miembros del partido, y especialmente desde
algunas comunidades autónomas, han hecho llegar en la última semana a Iglesias
la urgencia de reequilibrar el discurso sobre Cataluña. Es decir, no
obsesionarse sólo con desgastar y responsabilizar a Mariano Rajoy, sino que
habría que cargar las culpas de igual a igual contra los líderes
independentistas que amenazan con declarar unilateralmente la independencia y
laminan los derechos de la oposición en el Parlament.
En realidad, hay una parte de Podemos que ya estaba
ejerciendo ese papel por su cuenta en determinadas comunidades autónomas. Las
que tienen un sentimiento español más marcado y donde la connivencia de Podemos
con el secesionismo suena estridente; porque la sociedad observa allí el
independentismo catalán como un movimiento insolidario de una región rica con
las zonas más pobres de España.
Fuentes de varias comunidades autónomas reconocen
haber tomado una «posición propia» y haber ido con cuidado a la hora de
«adaptar» los argumentos para intentar hacerlos entender mejor. Esto es, que
han dado la batalla contra Puigdemont por su propia iniciativa, adoptando una
actitud más beligerante y recalcando que Podemos no quiere la secesión de
Cataluña. Pero escenas como la de una diputada de Podemos retirando banderas de
España en el Parlament o de compañeros suyos participando en mítines de
la CUP o
haciendo declaraciones independentistas han instalado en la opinión pública una
posición muy complicada de asumir en Andalucía, las Castillas, Murcia o
Extremadura.
En varias autonomías se ha optado por un discurso
propio para frenar el desgaste
Uno de los problemas es que el discurso nacional de
Iglesias suena muy confuso. «Seguramente una parte de nuestros votantes no ve
con claridad o tiene dificultades para entender lo que estamos haciendo»,
reflexiona un dirigente afín, que admite que en un momento de tanta polarización
se están «corriendo riesgos» y que «probablemente» están sufriendo un
«desgaste» por ello.
En un reciente artículo, Santiago Alba Rico, ex
candidato del partido y una de las voces más reconocidas para Podemos,
denunciaba la ausencia misma de un proyecto en Podemos. «Eso es lo que le ha
faltado en España a Podemos, cuyos portavoces han aparecido siempre a los ojos
de la opinión pública más como defensores izquierdistas del procés que
como portadores afirmativos de una propuesta programática dirigida a todos los
españoles y erguida de manera simultánea frente a Rajoy y frente a Puigdemont.
Lo tenía y lo tiene muy difícil, es verdad, pero la solidaridad sin pedagogía,
la denuncia sin proyecto, la rememorización paralela sin 'patriotismo'
alternativo han hecho envejecer un poco más al partido de Pablo Iglesias, condenado
-cuando más lo necesitamos- a un papel regañón marginal en el nuevo viejo
régimen en recomposición», lamentaba. «Se está perdiendo todo tan rápidamente
como se ganó», decía el filósofo sobre los efectos.
Las distintas señales de alarma y el debate interno
que tuvo lugar en la última reunión del grupo parlamentario -el «más
interesante» hasta la fecha, según los presentes- llevó a Iglesias a amagar con
rectificar su discurso sobre Cataluña. El jueves endureció las críticas contra
Puigdemont y puso al mismo nivel de oposición la aplicación del artículo 155 y
la declaración unilateral de independencia. Aquel cambio produjo un alivio en
Madrid y en los territorios, pero ha durado muy poco. El anuncio el sábado de
las medidas del 155 detuvo abruptamente esa vía y Podemos, una vez más, se
alineó con bastante beligerancia con los independentistas y en contra de los
otros tres partidos nacionales.
Hay quien reconoce una incapacidad manifiesta para
«salir de la acción-reacción» del momento, pese a los intentos como el proceso
de mediación o la Declaración de Zaragoza, y haber quedado atrapados en un
discurso sobre «lo nacional» que sólo beneficia a los polarizantes y que
margina su principal baza: el discurso social.
Los más optimistas opinan que el desgaste es
coyuntural y que cuando termine volverán los votantes perdidos. «Dependerá de
lo que pase a partir de ahora» y de si los efectos de la aplicación del 155
provocan graves problemas al PP, PSOE y
Cs. Es el discurso oficial. «Ya habrá tiempo de recuperarse, hacemos campañas
muy buenas», dijo hace una semana Pablo Echenique. Otros, en
cambio, albergan más dudas de esa rehabilitación y temen por la propia supervivencia
del partido tras la mayor crisis política sufrida en España desde el 23-F.
Escalada verbal de Podemos
Pablo Iglesias. «Aplicar el 155 después de que no
haya habido declaración de independencia supondría una involución democrática»,
dijo, y acusó al PP de dedicarse a «reprimir» a Cataluña. Sobre los líderes de
ANC y Òmnium manifestó que era «gravísimo que les hayan mandado a prisión por
haber organizado una movilización pacífica» y denunció que no quiere un país
«con presos políticos».
Ada Colau. Calificó el 155 de «golpe a la democracia». «Es algo inaudito, es algo injustificado y es algo que atenta a las mismas bases de la democracia y de la convivencia. Evidentemente, lo cambia todo», señaló el sábado. «Hoy es el día más terrible de los últimos 40 años, un día de involución democrática, el anuncio hecho esta mañana es terrible y evitable».
Pablo Echenique. «Rajoy acaba de suspender la democracia en Cataluña y, por tanto, en España». Dijo que «se han roto los pactos y consensos de convivencia y territoriales» de 1978 por culpa del «bloque monárquico» -PP, PSOE y Cs-, que es quien está «poniendo en peligro la convivencia» en España y «empujando que Cataluña se vaya de España».
Irene Montero. «Es una auténtica vergüenza que existan presos políticos en el siglo XXI» en España.
Ramón Espinar. «Muchísimo cuidado con quién pacta el PSOE, que los que han fusilado nacionalistas en la historia de este país nos han fusilado a los progresistas también», en alusión al PP.
Ada Colau. Calificó el 155 de «golpe a la democracia». «Es algo inaudito, es algo injustificado y es algo que atenta a las mismas bases de la democracia y de la convivencia. Evidentemente, lo cambia todo», señaló el sábado. «Hoy es el día más terrible de los últimos 40 años, un día de involución democrática, el anuncio hecho esta mañana es terrible y evitable».
Pablo Echenique. «Rajoy acaba de suspender la democracia en Cataluña y, por tanto, en España». Dijo que «se han roto los pactos y consensos de convivencia y territoriales» de 1978 por culpa del «bloque monárquico» -PP, PSOE y Cs-, que es quien está «poniendo en peligro la convivencia» en España y «empujando que Cataluña se vaya de España».
Irene Montero. «Es una auténtica vergüenza que existan presos políticos en el siglo XXI» en España.
Ramón Espinar. «Muchísimo cuidado con quién pacta el PSOE, que los que han fusilado nacionalistas en la historia de este país nos han fusilado a los progresistas también», en alusión al PP.
COMENTARIO: El bajón es lo más normal del mundo y ganado a pulso. Muchos
ciudadanos optaron por votar a este partido en las pasadas elecciones como
medio para luchar contra la cascada de corrupción que asolaba el país. Pero
ponerse del lado de la burguesía catalana y sus pretensiones es lo menos
socialista que ha podido hacer este partido. Lo siento, a mí no me
representáis, siento que han arruinado el verdadero objetivo de este
movimiento, este asunto, a mi juicio, no era para Podemos.LA RECORTA…


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