5.600 víctimas de esclavitud afloran en España tras los cambios legales Los datos de personas liberadas en cinco años, tras la introducción del delito de trata en 2010, dan la primera gran fotografía del fenómeno
IÑIGO DOMÍNGUEZ. J. J. GÁLVEZ
Madrid 17 ABR 2017: Un total de 5.695
personas han sido liberadas en España por las fuerzas de seguridad de su
esclavitud, como víctimas de trata y por explotación sexual o laboral
principalmente, de 2012 a 2016, según Interior. Tras los cambios legales de
2010 y 2015, que han dado impulso a la lucha contra esta lacra, es la primera
fotografía fiel de un fenómeno muy ignorado. Un negocio que ya casi supera al
tráfico de droga y al de armas, según el Relator Nacional para la Trata de
Seres Humanos. Solo en 2016 se estimaron en 23.846 las personas en situación de
riesgo, y en el caso de la explotación sexual la mayoría estaban en clubes de
alterne. Los expertos coinciden en que la situación no cambiará si no se
afronta un debate serio sobre el proxenetismo en España. En 2000, recuerdan en
la Fiscalía, no hubo un solo caso de violencia de género en Madrid, pero eso no
quería decir que no existiera el problema. Simplemente no había voluntad de
verlo ni los instrumentos adecuados. La ley de 2004 cambió de golpe la
realidad, porque la sacó a la luz. Con la trata de seres humanos, esclavitud
pura y dura en forma de explotación sexual o laboral principalmente, está ocurriendo lo
mismo. Empujada por la UE —el convenio de Varsovia es de 2005— y la
preocupación mundial, España introdujo el delito por primera vez en el código
penal en 2010. Otra reforma en 2015 afinó la mira con nuevos supuestos. El
resultado de esta lenta maniobra de sensibilización, que aglutina a fuerzas de seguridad,
fiscales, jueces y ONG, se refleja en un informe del Centro de Inteligencia
contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) del ministerio de Interior,
al que ha tenido acceso EL PAÍS. Por primera vez fotografía el fenómeno con una
perspectiva de cinco años y revela lo invisible que está ante nuestros ojos. Y
es brutal: 4.430 víctimas de trata y explotación sexual, o solo de este segundo
delito, de 2012 a 2016. Si se suman las de explotación laboral, perseguida con
más ahínco desde 2015, ascienden a 5.675 personas. Y 20 más son de otros tipos
de trata. Solo en 2016, el dato más reciente, el total de víctimas suma 1.046. Cada
caso es una historia de terror, y hay
algunas sentencias estremecedoras. Además de la exigencia de la deuda
contraída con el viaje, que a menudo nunca termina de saldarse, siempre hay un
componente de violencia y amenaza que aprisiona a las víctimas y les impide
pedir ayuda. Están aisladas y a menudo no hablan español. En Figueras, la
hermana del tratante custodiaba al bebé de una mujer rumana, obligada a
prostituirse en una rotonda de La Junquera. En otro caso, el delincuente mandó
al niño de tres años de la víctima a Ibiza y solo se lo dejaba ver por Skype si
mandaba el dinero. En el drama de las nigerianas, el viaje por el desierto
puede durar más de un año, las violan por el camino, quedan embarazadas y luego
les quitan el niño. En otros casos el chantaje es con amenazas a la familia que
queda en el país de origen. Han llegado a quemarles la casa, dar palizas o
incluso al asesinato.
Son especialmente graves los casos de
menores halladas en clubes de alterne y pisos. "Cada vez acogemos más
menores, o muy jóvenes, que lo eran cuando fueron captadas", advierte
Marta González, directora de Proyecto Esperanza, una de las principales ONG que
ayuda a rescatar víctimas. La protección de menores víctimas de trata es otro
punto débil del sistema. No hay centros de acogida específicos para ellos y que
sea un asunto de competencia autonómica genera disfunciones. Igualmente
sobrecogedores son los casos de víctimas discapacitadas: hace unos meses la
Policía rescató en un piso de Madrid a una chica con deficiencia mental tras
saber de su existencia por los comentarios jocosos de un foro de usuarios de
prostitución en Internet. En 2012, una víctima rumana que logró escapar y fue
de nuevo capturada acabó atada a un radiador, rapada al cero y con un tatuaje
en la muñeca que le recordaba su precio, con un código de barras. La mostraban
a sus compañeras de piso para que vieran lo que les podía ocurrir. La trata,
que a nivel internacional aparece formalmente en escena en la convención de la
ONU de Palermo de 2000, implica una captación con engaño, un traslado a otro
país o lugar y una finalidad de explotación final con supresión de libertad.
Incluye formas menos conocidas, como la explotación laboral, aún subestimada.
La lucha contra ella en España apenas ha comenzado, sufre lagunas legales y ya
está destapando escenarios insospechados. En este caso las víctimas suelen ser
hombres, de la agricultura, a talleres textiles, restaurantes, locales de kebab
o wok, y con mujeres, en bares y servicio doméstico. Solo en estos dos años han
sido arrestadas 534 personas, pero los expertos detectan problemas de
definición legal: "La ley requiere una reforma profunda que clarifique
conceptos, es muy difícil determinar lo que es explotación laboral pura y dura
y lo que son condiciones por debajo de las normas. Se actúa y hay sentencias,
pero se requiere mayor claridad legislativa. Es una finalidad de la trata sin
definir", afirma Enrique López Villanueva, de la oficina del Relator
Nacional contra la Trata, figura creada en 2014. Las otras formas de trata
introducidas en 2015, más reducidas pero también muy difíciles de perseguir,
son para la comisión de delitos, como hurtos o droga, la mendicidad,
matrimonios forzados y tráfico de órganos. No obstante, la trata con fines de
explotación sexual es mayoritaria de forma abrumadora, y sus víctimas son
mujeres en un 96 % de los casos. Rumanas, chinas y nigerianas son las
nacionalidades más frecuentes de las víctimas, con modalidades de engaño que
varían en cada caso. El lover boy en el caso rumano, un chico que seduce
a la víctima con la promesa de una vida mejor, o el vudú en las nigerianas, por
increíble que parezca. Siempre se repite el mismo relato: los tratantes cierran
el acuerdo en el pueblo de la víctima con un ritual mágico, en el que se quedan
con un paquetito con su nombre. Contiene restos de pelo púbico, uñas o de
sangre menstrual y sella que es de su propiedad. Este mecanismo es suficiente
para aterrorizar a las víctimas e impedirles denunciar. Entran en juego grandes
diferencias culturales. E incluso las víctimas no son conscientes de serlo.
Pero los estereotipos ocultan un dato más: hay muchas víctimas de trata
españolas, algunos años ocupan incluso las primeras posiciones por
nacionalidades, y cada vez es más frecuente la trata doméstica, dentro del
país.
"Es absurdo pensar que es libre
una mujer que trabaja 24 horas y al cabo de un año no tiene cuenta, ni dinero,
ni propiedades, ni paga el alquiler del piso en el que vive, ni puede rechazar
un cliente", explica Beatriz Sánchez, la fiscal que en 2012 logró condenar
al capo rumano Ioan Clamparu, Cabeza de Cerdo, el mayor proxeneta
de trata de Europa. Le cayeron 30 años. Opina que el sistema está muy por
detrás de los tratantes en cuanto a medios y presupuesto, y que los recursos de
protección de víctimas y testigos son muy deficientes.También en algunos casos
son problemáticos los intérpretes lingüísticos, cuando víctimas o sospechosos
hablan en dialectos de sus países de origen.
"En gran medida es un problema
de demanda. Mientras no la atajemos no acabaremos con el problema. No digo
prohibir o legalizar, hay que regular, legislar. Los proxenetas se aprovechan
del vacío legal", apunta Enrique López Villanueva, de la oficina del
Relator Nacional contra la Trata. "Cierras un club por trata, reabre a los
dos días y vuelve a tener clientes", confirma María Gavilán, jueza
sustituta de la comunidad de Madrid, especializada en este tema, de la
Asociación de Mujeres Juezas Españolas (AMJE). Una directiva de la UE de 2011
indica expresamente a los países miembros que deben estudiar la posibilidad de
medidas para criminalizar el uso de servicios de víctimas de trata. Muchos
expertos plantean que la trata necesitaría una ley integral, como la de
violencia de género, para afrontarla con eficacia, aunque es un punto de
discusión.
Villanueva toca otro tema tabú:
España es un destino de turismo sexual, "aunque no es algo que se
reconozca ni es un tema fácil de abordar". Por ejemplo, los clubes de La
Jonquera, en la frontera con Francia, constituyen el mayor prostíbulo de
Europa. "Se ha avanzado muchísimo a nivel normativo, pero en la práctica
hay dificultades, queda mucho por avanzar en sensibilización, y sería
importante que también llegara al poder judicial", observa Marta González,
de Proyecto Esperanza. La cooperación entre fuerzas policiales y ONG que
trabajan sobre el terreno ha dado un salto enorme, con una instrucción
específica de junio de 2016, y los fiscales también están muy formados. La
especialización de profesionales y la concienciación colectiva son decisivas,
porque el gran paso es saber identificar los casos de trata cuando se tienen
delante.
Es difícil recabar la opinión de los
clubes de alterne. En el pasado existió una asociación de empresarios de estos
locales, llamada ANELA, pero ya no está activa y actualmente no hay una
organización como tal que represente a este sector. Si puede ser
representativo, uno de ellos ha aceptado hablar, y él mismo aclara que su
opinión no es en absoluto representativa: “Puede extrañar, pero yo estoy a
favor de la abolición del proxenetismo y la prostitución. Sin embargo, siendo
realistas, no creo que se vaya a acabar y mientras tanto creo que se debe
regularizar y que no exista un vacío legal, del que se aprovechan las mafias”,
dice Alberto Martínez, que tiene tres clubes en Barcelona, va abrir uno en
Madrid y lleva 20 años en este negocio. En Cataluña la prostitución está
regularizada en parte, los clubes deben tener licencia y están en un registro.
Está a favor de llevar una actividad “limpia y transparente”, pero asume que en
este negocio hay mafias y malas prácticas. “La imagen del sector es muy
negativa, es así, comprendo que nos metan a todos en el mismo saco”, acepta.
"España es el tercer país en
demanda de prostitución, según la ONU, detrás de Tailandia y Puerto Rico, la
clave es la demanda", insiste Rocío Mora, directora de Apramp, otra de las
ONG de referencia. Para ella es una obviedad que "son muy pocas las
mujeres que se prostituyen, que están ahí porque quieren, la inmensa mayoría
son víctimas de trata o explotación sexual". Enumera indicios de que
detrás de esas chicas hay una organización: viven encerradas en pisos o clubes
donde comen y cenan, e incluso a las que están en la calle les llevan la comida
y la leña para las fogatas. "Hay mujeres que a la hora de llegar al aeropuerto
ya aparecen en la calle Montera de Madrid y no saben ni en qué ciudad
están", denuncia. Apramp tiene equipos, formados por supervivientes de
trata, que recorren las calles en busca de víctimas: en 2016 rescataron a 1259,
que entraron en sus programas para rehacer su vida.
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