MANUEL ANSEDE. 6 MAR 2017: Se dice que los hermanos
Lumière, tras patentar el cinematógrafo en 1895, proclamaron: “El cine es una
invención sin ningún futuro”. Pero en realidad nunca
lo dijeron. Sabían de sobra que aquella máquina que filmaba y proyectaba
imágenes en movimiento era una revolución. Una de sus primeras películas fue Llegada de un tren a la
estación de La Ciotat, en la que mostraban durante 50
segundos la entrada de una locomotora de vapor en el apeadero de la ciudad
francesa. Más de un siglo después, aquel filme protagoniza otra revolución. Dos
científicos de la Universidad de Columbia (EE UU) han guardado la breve
película de los Lumière en una molécula de ADN, el lenguaje con el que está
escrito el libro de instrucciones de nuestras vidas. La idea no es nueva. Hace
cinco años, el genetista estadounidense George
Church guardó por primera
vez un
libro en ADN. Lo revolucionario ahora es la técnica, que puede facilitar
un nuevo tipo de almacenamiento ante la inasumible avalancha de datos que
genera la humanidad. Contando el porno, los vídeos de gatitos
de YouTube, las fotografías de las vacaciones en Facebook, las canciones de
Spotify y todo lo imaginable, el mundo digital ocupará 44 billones de gigabytes
en 2020, diez veces
más que en 2013, según la multinacional Dell EMC. En algún momento
cercano, habrá demasiados datos para los actuales discos duros.
Pero los genetistas Yaniv Erlich y Dina
Zielinski podrían
tener la solución a esta encrucijada. Han cogido una versión digital del filme
de 1895 y la han metido en una carpeta de su ordenador, junto a un virus
informático, un sistema operativo completo, una tarjeta de regalo de 50 dólares
para comprar en internet, un texto del matemático Claude Shannon y
una placa como las enviadas en las sondas espaciales Pioneer 10 y Pioneer 11, con
mensajes simbólicos por si se cruzaban con una civilización extraterrestre. La
carpeta comprimida ocupaba apenas dos megabytes.
Erlich y Zielinski utilizaron entonces su nuevo
método, bautizado Fuente de ADN. Su algoritmo convierte los unos y los ceros
del clásico código binario de los ordenadores en las cuatro letras que componen
el ADN (A, G, C y T), con una precisión sin precedentes. Según relatan en el último
número de la revistaScience,
las secuencias de ADN con muchos tramos GC o con muchas letras repetidas
(AAAAAAA…) son propensas a generar errores a la hora de ser sintetizadas en
moléculas. Su algoritmo, diseñado originalmente para ver vídeos en continuo en
el teléfono móvil, sortea este obstáculo al borrar las combinaciones
problemáticas y añadir otras secuencias de refuerzo.
Los científicos enviaron entonces este texto
(CATTGACCGA…) desde la Universidad de Columbia, en Nueva York, a San Francisco,
a la empresa de biología sintética Twist Bioscience,
que por 7.000 dólares convirtió el código en moléculas de ADN. De vuelta a
Nueva York, los investigadores leyeron este ADN por otros 2.000 dólares con
máquinas de secuenciación de última generación, convirtieron de nuevo el código
genético en unos y ceros y pudieron volver a ver Llegada de
un tren a la estación de La Ciotat. Recuperaron todos sus archivos
“con cero errores”, según publican en su estudio, y esperan que los costes
económicos se desplomen en el futuro.
“Pudimos recuperar perfectamente la información con
una densidad de 215 petabytes por gramo de ADN”, presumen los autores en su
artículo. El pionero del concepto, George Church, de la Universidad de Harvard,
anunció el año pasado que había codificado 22 megas de secuencias de vídeo en moléculas de ADN, 10 veces más que
la carpeta con la película de los hermanos Lumière. “El récord de Yaniv Erlich
y Dina Zielinski es la densidad: 8,5 veces más que el récord
anterior [logrado en
2015 por un equipo de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich]”, reconoce
Church con deportividad. “El límite teórico de densidad es 2.000 veces más
alto, así que todavía hay mucho margen para futuras mejoras”, añade.
Erlich no ve este sistema en los hogares en un futuro
próximo. "Más bien imagino un servicio en la nube, en el que las personas
suban sus datos y ni siquiera sepan que su información se almacena en
ADN", explica el genetista a Materia. Para
Erlich, el talón de Aquiles actual es el precio: "Sintetizar un mega de
información en ADN cuesta unos 3.000 euros, pero soy optimista frente al
futuro. Hace dos décadas, secuenciar ADN era 100 millones de veces más caro que
ahora. Si la síntesis sigue el mismo camino, podemos llegar al precio
correcto".
En su opinión, el ADN es un soporte ideal de
almacenamiento, ya que es ultracompacto y se puede multiplicar de manera
ilimitada. Además, según un comunicado de la Universidad de Columbia, el ADN
"puede durar cientos de miles de años si se mantiene en un lugar fresco y
seco, como demuestra la reciente recuperación de ADN de los huesos de un ancestro humano de 430.000 años hallados en una cueva en España”.
El comunicado se refiere al análisis en 2013 de dos
gramos de fémur fósil de un humano que vivió hace casi medio millón de años
entre osos y leones en lo que hoy es la Sima de los Huesos de la sierra de
Atapuerca, en Burgos. El genetista Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva de
Barcelona, recuerda no obstante que en el caso de la Sima de los Huesos “los
fragmentos de ADN están degradados a menos de 50 nucleótidos [letras], por lo
cual su capacidad de almacenaje está limitada por este factor”.
“Es posible, sin embargo, que tengan razón y que, de
momento, el ADN sea el material más duradero sobre el que podamos dejar
mensajes para el futuro; es chocante, pero es así”, reflexiona Lalueza-Fox, uno
de los mayores expertos del mundo en recuperación de ADN antiguo. La información, especula, “podría
encriptarse en el ADN de un organismo vivo y esperar que perdurara generación
tras generación mientras existiera dicha especie, aunque sería interesante
también calcular cuánto tiempo (y cuántas mutaciones) serían necesarias para
obliterar el mensaje y que no pudiera seguir siendo descifrado”. El tren de la
estación de La Ciotat llegaría al interior de un ser vivo.
COMENTARIO: Porque en los últimos tiempos (un par de décadas), el
ritmo de avance técnico se ha ralentizado, pues no siempre es el mismo, y
porque lo que cada uno entiende como justicia no es coincidente. Por lo demás,
piense: hasta hace 100 años, se dejaba morir a la gente de hambre en el resto
del mundo sin muchos remordimientos de conciencia. Y bueno, en condiciones de
vida es también indudable, más teniendo en cuenta el crecimiento exponencial de
la población. Piense también en la esperanza media de vida en 1800 o en 1400 y
no digamos ya 1 siglo después de Cristo o 1 siglo antes de Cristo....Así que al
margen del gravísimo problema del agotamiento de recursos naturales no
renovables, de la contaminación ambiental y del riesgo antes no existente de
conflagración nuclear aniquiladora, creo que lo que realmente va mal es el
pesimismo desaforado de algunos (aunque bueno, eso lo hubo siempre).LA RECORTA…


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