Testimonios de voluntarios, médicos, refugiados y
otras autoridades corroboran que los abusos sexuales son una práctica común en
el campo de Dunquerque y que las mujeres y los menores son obligados a tener
sexo con los traficantes a cambio de mantas, comida o la oferta de un pasaje a
Reino Unido.
El bufete de abogados londinense Bindmans iniciará un
proceso legal contra el Ministerio de Interior, al que acusa de actuar de forma
injusta y arbitraria al elegir reasentar solo a los menores del campo de Calais, cerrado el pasado octubre. Bindmans acusa al Ejecutivo de
ignorar a los menores refugiados desplazados en Dunquerque, a 60 kilómetros de
Calais.
El caso, presentado en nombre del Equipo de Apoyo
Legal de Dunquerque y financiado mediante crowdfunding, afirma que la estrategia del
Ministerio de Interior es arbitraria y mezquina. El miércoles, la ministra
de Interior, Amber Rudd, anunció la decisión de acabar con el 'sistema Dubs' [que garantiza refugio seguro en
Reino Unido a los menores no acompañados], que solo ha permitido el acceso a
350 menores, un 10% de lo que se hizo creer a la mayoría de parlamentarios y
organizaciones de ayuda humanitaria.
El final del 'sistema Dubs' ha provocado una amplia
indignación con el Ejecutivo. El laborista Alf Dubs entregó a Theresa May el
pasado sábado una petición con 50.000 firmas en un contexto de creciente enfado
de todos los partidos. Caroline Robinson, de Bindmans, señala: “Nuestros clientes
piden al ministro de Interior que reconsidere su postura”.
El viernes, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby,
afirmó que la decisión del Gobierno pondría a los menores refugiados en manos
de los traficantes e incluso en riesgo de muerte. Las advertencias de Welby de
lo que podría pasar si a los menores refugiados se les niega la oportunidad de
un pasaje seguro a Reino Unido se reflejan gráficamente en los testimonios
recogidos durante meses por the Observer.
Testimonios procedentes del campo, donde actualmente
hay 2.000 refugiados, de los cuales 100 son menores no acompañados, describen
un lugar miserable con carencias de seguridad y una calidad de vida desastrosa.
El Equipo
de Apoyo Legal de Dunquerque afirma que el fracaso de las
autoridades a la hora de proteger el campo ha permitido que los traficantes
tomen el control.
La solución ante el miedo: pañales para adultos
“Los abusos sexuales, la violencia y la violación son
demasiado comunes. Se abusa de los menores y las mujeres son violadas y
obligadas a pagar con su cuerpo para conseguir un pasaje a Reino Unido”, afirma
una voluntaria que empezó a trabajar en el campo el año pasado y que prefiere
ocultar su nombre. “Aunque las duchas deben estar cerradas por la noche,
individuos especialmente peligrosos en el campo tienen las llaves y pueden
llevar allí a las mujeres para abusar de ellas. Esto le ha pasado a mujeres que
conozco muy bien".
La voluntaria asegura que uno de los productos
más solicitados y distribuidos a las mujeres en el campo de Dunquerque son
pañales para adultos. “Las mujeres tienen demasiado miedo como para ir solas al
baño por la noche. Ninguno de los pestillos en los baños femeninos funciona”,
explica.
La trabajadora relata también varios incidentes en los
cuales menores fueron atacados: “Una niña de 12 años fue engañada por un hombre
de más del doble de su edad para abusar de ella. Cuando ya no quería hablar más
con él por su comportamiento obsceno, él la amenazó. Otro chico de 13 años
acabó volviendo a su país después de haber sido violado en el campo”.
Un extrabajador de una ONG que pasó tres años y medio
como voluntario en Dunquerque afirma que los hombres atacan a las mujeres y a
los niños por su vulnerabilidad. “Ves a mujeres en un entorno masculino con
hombres desconectados de la realidad, por ello hay serios incidentes como
violaciones. A mujeres, niños, adolescentes, hombres y mujeres”. El
trabajador se refiere a los menores como “pequeños y suculentos
platos” porque los traficantes les consideran atractivos y
vulnerables. Decenas de traficantes residen en el campo.
Una mujer que viajaba por su cuenta señala que los
menores no acompañados son vistos como una presa: “Todos los hombres ven que
estoy sola, y lo mismo ocurre con los menores. Los hombres me ven y me quieren
violar”.
El testimonio de otro voluntario, que sabe hablar
árabe, describe cómo un menor de 14 años de Marruecos fue aparentemente
violado. El joven era incapaz de sentarse y se repetía a sí mismo que estaba
muy “avergonzado”. “No quería nada, simplemente lloraba y llamaba a su madre.
Había sido gravemente golpeado”, señala.
El voluntario cuenta también que un niño
fue asaltado sexualmente allí mismo, dejando a su madre tan en shock que
se había quedado muda. “También vimos a una mujer agarrando del brazo a una
niña de siete u ocho años al lado de Ginecólogos sin Fronteras. Aparentemente
acababa de ser violada y la mujer tenía miedo de denunciarlo a la policía.
Estaba ahí, en silencio y negándose a denunciarlo”.
Otro testimonio de un voluntario hace referencia a un
incidente ocurrido en noviembre de 2016, cuando un menor no acompañado de 17
años se quejó por compartir refugio con seis extraños mayores que él. “Entre
las once y las doce de la noche me llamó para decirme que me esperaría en el
campo. Habitualmente estaba muy tranquilo, pero esta vez estaba nervioso.
Cuando finalmente nos encontramos me dijo que alguien había intentado abusar
sexualmente de él. Logró escaparse cuando iba a utilizar el baño”. La amenaza
de la violencia en el campo es tan grave que muchos denuncian que la gente
lleva consigo abiertamente cuchillos y pistolas.
Georgia Feilding, del Equipo de Apoyo Legal
Dunquerque, explica: “Hemos hecho todo lo posible por atraer la atención del
Gobierno británico sobre la mala situación de los menores en Dunquerque y les
hemos rogado que actúen en honor de las promesas realizadas. No nos queda otra
opción más que acudir a los tribunales para impugnar su fracaso a la hora de
proteger a estos menores especialmente vulnerables y proporcionarles un pasaje
seguro y asilo en Reino Unido.
COMENTARIO: Mal futuro tiene la UE si permite que
dentro de sus fronteras se trate a los refugiados en las mismas condiciones de
inseguridad que podrían padecer en cualquier campo/prisión de Ruanda, por poner
un ejemplo. Algo no estamos haciendo bien y algún día recogeremos el fruto de
lo sembrado.LA RECORTA…


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