Poco
tardó 2017 en demostrar que era exactamente igual que 2016. Lo que le costó a
Caperucita Pedroche desprenderse de la capa y exhibir su bañador para dar el
campanazo. Doce meses atrás, esta gigante corrala que es España discutía con ardor
propio de los grandes debates de la Nación si el vestido de transparencias de la
risueña presentadora era cosa
machista o no. Suponemos que para la protagonista la acalorada discusión se traduciría
en un buen pellizco de subida salarial. Ahora lo que se debate es si el bañador
estrellado era una forma elegante de recibir el año nuevo o si, por el
contrario, se trató de una horterada monumental con la que la maniquí tomaba el pelo al respetable, con
gracia y salero. Los audímetros nos
dirán hoy que media España se comió las uvas con la Igartiburu, como siempre.
Pero en el reino del trending
topic la Pedroche jugaba
con ventaja. Machista,
ocurrente, zafio o intrascendente, lo de menos es cómo se vistiera. Lo demás,
que estuviéramos todos pendientes. Qué vidas tan tristes tenemos.
COMENTARIO: No creo que
la televisión sea chabacana. La televisión es un producto de consumo, hecho a
la medida de su clientela, así que es el público quien pide chabacanería. Y sin
querer decir que A3 sea una cadena "choni" (eso es casi exclusividad
de T5), la orientación del programa de nochevieja de A3 era absolutamente
choni, una flagrante demostración de que "aunque la mona se vista de seda,
Chicote y Pedroche se queda". Cualquier año de estos vemos a Manuela
Carmena y Évole despedir el año.LA RECORTA…


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