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miércoles, 26 de octubre de 2016
SANIDAD Y HACIENDA "43 años cotizando y me Cobran un infarto" El Estado embarga la cuenta de una mujer por los 530 euros de los intereses de una operación en un hospital público que no tenía que pagar El Clínico le pidió 10.613 € y, tras meses de pleitos, Muface abonó la factura, pero Hacienda dice ahora que la responsable de la demora es la mujer El Estado embarga la cuenta de una mujer por los 530 euros de los intereses de una operación en un hospital público que no tenía que pagar El Clínico le pidió 10.613 € y, tras meses de pleitos, Muface abonó la factura, pero Hacienda dice ahora que la responsable de la demora es la mujer
RAFAEL J. ÁLVAREZ
Madrid. 26/10/2016:
«Estaba sola en casa, sentí un dolor tremendo en el pecho y me caí en la puerta
de mi habitación. Me arrastré hasta la ventana y llamé a mi vecina: '¡Ven, me estoy muriendo!'. Cuando entró, me encontró tirada en el suelo y llamó
al 112. Los de la ambulancia me salvaron la vida y me llevaron al Clínico. Y
ahí empezó todo».
«Todo» es la desventura de Mercedes Recio
Jiménez, que un día entró en un hospital público por un infarto agudo de
miocardio, recibió después una factura de 10.613 euros que finalmente no
tuvo que pagar porque no le correspondía y que hoy, casi dos años más tarde, ha
visto su cuenta bancaria embargada por los intereses generados al no haber abonado a tiempo aquel importe.
O sea, no tenía que haber pagado la factura,
pero sí los intereses de la demora por no haber pagado esa factura. Surreal
pero legal.
O sea, 530, 65 euros.
Sumando... 11.143 euros de meses y
preocupaciones.
Mercedes creía haberlo visto todo desde su
puesto en la Secretaría de muchos ministros de Interior, de
Justicia o de Agricultura a lo largo de la democracia. Creía suficiente haber
abrazado a Rosón la mañana siguiente al golpe de
Estado o haber vivido la Transición, la entrada en la UE, el miedo a ETA, los
atentados del 11-M o la crisis económica a dos metros
de Barrionuevo, Belloch, Fernández de la Vega, Mariscal
de Gante, López Aguilar, Fernández Bermejo, Elena Espinosa, Rosa Aguilar, Arias Cañete,
García Tejerina...
«En todos los años que he trabajado en los
ministerios y las secretarías de Estado he visto cosas muy buenas y algunas no
tanto, pero esto es, sobre todo, y desde el punto de vista de alguien que cree en lo
público, una decepción. Cuarenta y tres años trabajando y me cobran un infarto...
Que después de 43 años cotizando me cobren los intereses de una operación que
no tenía que pagar me parece demencial, una tomadura
de pelo. Yo ya lo he pagado y lo doy por perdido. Pero nunca lo olvidaré».
Mercedes habla ante una mesa invadida por
informes, expedientes, recursos, cartas... y dos extractos bancarios.
«Retención por embargo. Deudor: Mercedes Recio Jiménez. Fecha: 21 de julio de
2016. Importe retenido: 517, 85 euros». «Notificación de embargo de saldos en
cuentas bancarias. Deudor: Mercedes Recio Jiménez. Fecha 1 de septiembre
de 2016. Importe embargado: 12,80 euros».
Total: 530, 65 euros.
Dos extractos bancarios porque ésta es una historia
de pasta. Y de las sorpresas de la vida y la burocracia.
Mercedes Recio tiene 61 años y lleva «una
vida entera» afiliada a Muface, la aseguradora que gestiona las prestaciones
sociales de los funcionarios en España. Eligió esa forma de Seguridad
Social a los 18 años, cuando empezó a trabajar y a cotizar como auxiliar
en la antigua Dirección General de Seguridad. Hoy, con plaza en la Secretaría de
Estado de Seguridad, sigue pagando a Muface. «Como siempre, mis 23 euros al
mes».
En la madrugada del 3 de noviembre de 2014,
sufrió un infarto. En su propia casa, los médicos de la
ambulancia le implantaron un «marcapasos transcutáneo» y la trasladaron
al Hospital Clínico «con ingreso inmediato», según el informe que el SUMMA
112 elaboró aquella noche. «En el hospital me colocaron un
cateter y un stent [una especie de muelle que se adapta a las paredes de
la arteria y las mantiene abiertas]. Al día siguiente me pusieron otro cateter
para ver cómo estaba la otra arteria. Hoy llevo un
'stent' y estoy bien. Me salvaron la vida».
Mercedes estuvo ingresada hasta el 11 de
noviembre. Se fue a su casa del centro de Madrid y empezó a recuperarse. «El
tabaco es lo que peor llevaba... Ya sabes». Pero la calma de tan castiza
resurrección se hizo añicos dos meses después.
El 7 de enero de 2015, como un regalo de
carbón, el Hospital Clínico le notificó una «liquidación de gastos por servicios
y actividades» que ascendía a 10.613 euros y le daba una cuenta de Bankia para pagar en
un plazo de tres semanas. Le habían salvado la vida, pero se lo cobraban.
Los hijos de Mercedes no se creían lo que su
madre les contaba por teléfono. «Me decían: '¿Pero cómo te van a cobrar por una
operación en un hospital público? Si además tú perteneces a Muface'. Yo tampoco me lo
creía».
La familia fue a Asisa (con
quien Muface tiene un concierto), pero la empresa dijo «No». La familia fue a Muface (a quien
pertenecía Mercedes), pero la aseguradora dijo «No». La tesis de esas
sociedades era que Mercedes había sido trasladada a un centro no concertado y, por
tanto, no les correspondía abonar el precio de la asistencia sanitaria en el
Clínico.
Pero Mercedes y sus hijos no se rindieron y
siguieron presentando escritos de queja. Durante seis meses. Porque el 17 de
julio de 2015, este susto giró de sentido.
Aquel día, el Servicio de Evaluación Sanitaria
de Muface resolvió «estimar» la reclamación de Mercedes y aceptó «abonar la
cantidad de 10.613, 00 euros, correspondiente a la asistencia recibida por la
mutualista en el Hospital Clínico de Madrid del 3 al 11 de noviembre de 2014».
Tres días después, Muface ofreció a Mercedes dos opciones:
reembolsarle el dinero a ella para que lo abonara al hospital o pagar
directamente al Clínico, aclarando que si elegía esta segunda modalidad, Muface sólo se haría
cargo de la factura, no de los «posibles recargos de apremio o demora»,
aunque tampoco especificaba quién habría de soportarlos. Mercedes eligió la
segunda opción, y el 4 de septiembre Muface pagó al Hospital Clínico. Pero sólo la factura. Así,
cuatro días después, la Consejería de Economía y Hacienda de la Comunidad de
Madrid envió a Mercedes una «providencia de apremio». «Objeto de la deuda:
Hospital Clínico San Carlos. Obligado al pago: Mercedes Recio Jiménez.
Importe principal en euros: 10.613. Recargo apremio: 530, 65. Total a
ingresar: 530,65».
«Cuando ya pensaba que había acabado todo,
apareció esto. La propia Administración había dicho que yo no tenía que pagar
la asistencia sanitaria y ahora la Administración me cobraba los intereses de
demora por no haber pagado. De locos».
El 23 de febrero de 2016, Mercedes elevó un
escrito a Muface reclamando una indemnización por el importe exacto del
apremio, 530,65 euros, por los «perjuicios y daños» que le ocasionó la
«irregular actuación de Muface, que ha derivado en un recargo de apremio por no
haberse abonado al Hospital Clínico, en periodo voluntario, los gastos
ocasionados por los servicios sanitarios prestados». La mujer sostenía que la
aceptación del pago para que Muface abonara directamente al hospital «no exime
a Muface del pago de los costes de los posibles recargos», ya que el retraso en
el pago es «únicamente imputable a la negativa del pago de Asisa y, en
segundo término, a la dilación en el tiempo de los sucesivos órganos decisorios
de Muface». Es decir, que los recargos eran achacables a
la tardanza de quienes tenían que haber pagado, y acabaron pagando, la factura
del hospital.
Pero Hacienda dijo «No». En una resolución
del 9 de mayo de 2016, el Ministerio de Cristóbal Montoro reconoció el
«daño» a Mercedes, pero lo calificó de «no antijurídico» y sentenció: «Es la
interesada quien tiene el deber jurídico de soportarlo».
Hacienda argumentó que el hospital presentó
a la mujer una factura, el 7 de enero de 2015, «y le facilitó un plazo para su ingreso voluntario, sin que la interesada procediera al mismo».
Y, a la vez, para Hacienda, Muface pasó a ser la responsable del caso a
partir del 17 de julio de 2015, cuando aceptó abonar la factura.
O sea, aunque quien
debió pagar la asistencia era Muface, la culpable del retraso era Mercedes.
Hacienda: «El abono del recargo del apremio, que inicialmente no tenía que
haber tenido el deber de soportar, se ha producido porque la mutualista, con
independencia de si tenía derecho o no al reintegro de gastos por Asisa o
Muface, no abonó al Hospital Clínico 10.613 euros, factura que obraba en su
poder antes de la finalización del plazo para su abono en periodo voluntario.
Si se produjo un recargo del apremio fue por el no abono por
parte de la mutualista de la factura».
Un mes después de esa carta, el 3 de junio
de 2016, Mercedes presentó un recurso de reposición en el que
demostraba que había entregado la factura a Muface el 12 de febrero de 2015,
con un periodo voluntario de pago «hasta el 20 de febrero de 2015»: «Muface
tuvo más de una semana para realizar el pago sin recargo alguno. El motivo
de no hacerlo no es la recurrente y quien tiene que justificarlo es la propia
entidad».
Y en eso, el 21 de julio, antes de que
Hacienda contestara, llegó el embargo. Importe retenido: 517,85 euros.
El último documento de esta historia es de
hace apenas un mes. El 16 de septiembre de 2016, la Secretaría
General Técnica de Hacienda contestó a Mercedes con los argumentos del 9 de mayo:
hasta que Muface aceptó pagar, la obligada a hacerlo era Mercedes, por eso es «irrelevante» que ella presentara la factura a Muface el 12 de febrero. «El supuesto
daño se ha producido porque la mutualista no procedió a abonar al hospital los
10.613 euros en el periodo de abono voluntario».
Y en eso, el 1 de septiembre, después de que
Hacienda contestara, se completó el embargo. Importe: 12,80 euros.
Total: 530, 65 euros. Los intereses de un
infarto.
COMENTARIO: Lo que ha ocurrido es muy sencillo. Esta
señora optó en su día en Muface por la sanidad privada. La ambulancia tenía que
haberla llevado a un hospital privado. El problema es que los hospitales
privados o no tienen servicio de Urgencias o si lo hay es con un médico y dos
enfermer@s. Para salvarla la vida había que llevarla a un hospital público, es
decir, a una sanidad para la que la salud no es un negocio. Su compañía Asisa
dijo, con toda la razón, que primero tenían que haberla llevado a uno de sus
hospitales y si veían que no podían tratarla por falta de medios o personal
emtonces la hubiesen derivado a un hospital público. ¿Y si por el camino
fallece? Dicho esto cuando uno elige un seguro
privado puede saltarse las listas de espera porque el seguro se lo permite,
pero igualmente el seguro no cubre los hospitales públicos. Hay que saber
que paquete uno escoge y ver lo que
entra lo bueno y lo malo. Yo no voy gratis al médico que elijo cuando me viene
bien. Pero sé que el stunt lo tengo pagado (que no es gratis) Eso es la
sanidad privada en España.LA RECORTA…
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