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lunes, 19 de septiembre de 2016
La desconocida realidad de la mutilación genital femenina en América Latina A pesar de los esfuerzos de la ONU por erradicarla, la ablación genital todavía se realiza a dos de cada cinco bebés emberás chamís, población indígena que vive en Colombia y en algunas zonas de Ecuador y Panamá.
ORSETTA BELLANI: “A mí me hicieron la curación, pero a mi hija
ya no”. Quien habla es una joven indígena emberá chamí que amamanta su bebé
sentada frente a una casa de madera. Curación es el término
con que las mujeres emberás, población que habita en Colombia y en algunas
zonas del este de Panamá y el noroeste de Ecuador, describen
la ablación, o mutilación genital.
Ahora hay cuatro parteras en Santa Rita, una pequeña población junto al
río Agüita, en Colombia. Desde allí, durante casi toda su vida, María Lina
ha recorrido las montañas de la tierra caliente risaraldense bajo el sol, o la
lluvia, o de noche para atender un total de 56 partos. Se desplazó hasta las
casas más aisladas, a veces tras caminar más de seis horas. Asegura que nunca practicó la curación a
ninguna niña, que eso sólo se hacía en tiempos de su abuela. En realidad, en las comunidades emberás chamís,
la mutilación genital se realiza en el momento del nacimiento de la
niña. Se considera necesaria para que las menores no se vuelvan
"sexualmente promiscuas". Se practica también porque se cree que si
no se corta, el clítoris podría crecer hasta alcanzar el tamaño de un pene,
provocando el deseo de acostarse con otras mujeres. Además, para los hombres
emberás chamís, una mujer tiene que haber sido ser curada para que sea considerada
deseable. “Eso ya ha cambiado”, asegura un grupo de pobladores emberás
del municipio de Pueblo Rico. Afirman que los hombres ya no tienen esta
creencia y que las comadronas tienen miedo a ser castigadas por practicar la
clitoridectomía. De hecho, en 2009, el Consejo Regional Indígena de Risaralda
(CRIR) emitió una resolución con la que se ordenaba la “suspensión de la práctica de la curación, para proteger la vida y la
salud de las niñas recién nacidas” y
se amenazaba con sanciones que van de los seis meses a tres años de trabajos
comunitarios.
En 2007, el Fondo de Población de las
Naciones Unidas (UNFPA), de acuerdo con el CRIR, el Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar (ICBF) y el Defensor del Pueblo, lanzó un proyecto con la
intención de eliminar la ablación genital en Colombia. “El proyecto Embera-Wera
llegó de manera directa a aproximadamente 5.000 personas y consiguió tener el
apoyo de las autoridades en el combate contra la mutilación genital femenina. Pero es importante tener en cuenta que la transformación de esta práctica
es un proceso de muchos años, de generaciones”, explica Dana Barón
Romero, consultora sobre Género, Derechos e Interculturalidad del UNFPA. “Según
un cálculo hecho por los mismos emberás, en sus comunidades aún se realiza la
mutilación genital a dos de cada cinco mujeres recién nacidas”.
COMENTARIO: “A nivel
político y ético hay que tratar el tema de la ablación con cuidado. Las
instituciones y las ONG la consideran una práctica aberrante. Es cierto, lo es,
pero esto no tiene que llevar a decir que las costumbres de los emberás son
salvajes y violentas, como hicieron muchos medios”. Si bien hay que decir que esto es una
práctica entre los pueblos indígenas, muchos de ellos "sin contacto"
hasta hace poco. Por lo tanto
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