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lunes, 19 de septiembre de 2016
Feijóo y Alonso huyen de los ministros en su campaña electoral para vender regeneración No quieren ministros en su campaña. Prefieren a la gente del 'nuevo PP'. Feijóo y Alonso han optado por una estrategia centrada en los asuntos de su comunidad. Madrid contamina, sin gobierno, atascados sin salida.
José A. Vara: Los equipos electorales de Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Alonso afrontan la semana decisiva de su campaña sin una
masiva movilización de miembros del Gobierno. Llegan con cuentagotas. Ambos
candidatos han protagonizado hasta ahora un rosario de comparecencias con el
respaldo de gente del partido, de lo que algunos llaman el ‘nuevo PP’. Pablo Casado, Cristina Cifuentes, Andrea Levy,
Javier Maroto.Y, por supuesto, Mariano Rajoy, que se está volcando principalmente en Galicia, donde necesita que su
candidato renueve la mayoría absoluta.
Algún ministro aterrizará esta semana por
las tierras gallegas y vascas. Apenas lo han hecho hasta ahora. Unos, por falta
de tiempo y otros, porque no se les ha reclamado. Tanto Feijóo como Alonso
suelen referirse en sus discursos a la necesidad de formar un gobierno estable
frente al colapso infausto de Madrid. Cargan, eso sí, las culpas del
espectáculo nacional, de las investiduras imposibles, del riesgo de nuevas
elecciones, sobre las espaldas de Pedro Sánchez. Pero prefieren desarrollar el argumento de que
Galicia y el País Vasco son otra cosa. En sus intervenciones, esgrimen otro
libreto, aunque en las ruedas de prensa resulte imposible evadirse de esas
cuestiones incómodas.
La corrupción, el navajeo institucional, el laberinto
sin salida son mensajes que producen en el electorado periférico una sensación
radical de rechazo. El “señor Sánchez” es el gran responsable, insisten los
candidatos populares una y otra vez, pero son conscientes de que el Gobierno
tampoco sale demasiado limpio de esa trifulca sin fin.
Una gestión
brillante
Feijóo exhibe con orgullo dos legislaturas
de gestión impecable. Recita cifras y números que superan siempre la media
nacional. Un rosario de aciertos, algunos errores y, sobre todo, unos rivales
no demasiado fuertes. Alonso pretende resucitar sus siglas en una comunidad
donde tiene muy pocas posibilidades de lograrlo. Su intervención en el debate
televisivo de la semana pasada resultó nefasta. Su silencio frente a la
pregunta de la hermana de Zabala, candidata de Podemos, sobre las víctimas, fue un
momento que querría borrar. Le faltaron los reflejos. Quedó petrificado.
Intentó enmendarlo al día siguiente, con un tuit.
La campaña gallega se desarrolla
prácticamente en clave regional. El aspirante del PSOE tuvo que sustituir al
candidato de Sánchez, de baja por corrupción. En mitad de la campaña, tanto
Feijóo como Leiceaga han tenido que lidiar con la lluvia infausta de los
casos Barberá y Griñán. Empate técnico. Sólo Podemos se aferra a la prédica
de la corrupción. Así las cosas, el presidente de la Xunta ha optado por
alejarse todo lo posible de los líos de Madrid, de los de su Gobierno y hasta
de los de su partido. Alonso disimula un poco más. Al cabo, estuvo en el
Ejecutivo nacional hasta hace unas semanas. Poner tierra de por medio. Hay que
hablar de Galicia y del País Vasco. De la estabilidad económica y de la unidad
nacional. Vender ilusión, un producto que, en los ambientes políticos de la
capital del Reino, escasea.
COMENTARIO: El señor Vara miente
como un bellaco, no tiene ni puta idea de la gestión de Feijoo en estos últimos
ocho años, que ha sido nefasta. Galicia está en la cola de todo y no levanta
cabeza. La deuda sube y los proveedores necesitan cuatro meses para cobrar. Pero
eso sí, la medida estrella de Feijoo será poner un taxi a todos los ancianos
que lo necesiten para ir a votar, así de bien le dan las encuestas.LA RECORTA…
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