En ocasiones, la ficción se ajusta a la realidad. Éste ha
sido el caso. Miguel de Cervantes, cuya estatua
hace guardia en la Plaza
de las Cortes, ha sido providencial para cerrar la legislatura con una
auténtica función en el mejor escenario posible. Nuestro escritor universal
-interpretado por el actor Manuel Tallafé- preside la sesión
plenaria, con José Mota, Marisa Paredes, José María Pou y José Luis Gómez como miembros de la Mesa de la Cámara. Una orquesta
en el lugar de los taquígrafos. Actores en los escaños. Albert Rivera y Pedro Sánchez sentados en el banco azul del
Gobierno. Un momento. Los sillones donde se sientan no son azules. Son rojos,
como los de cualquier diputado. Hasta en eso el espectáculo ha hecho honor a la
realidad política.
No hay Gobierno ni presidente. Sólo actores que interpretan
su papel. Nada más adecuado que una función de teatro para ilustrar una etapa
política en funciones. La sesión plenaria transcurre con la brillantez que
corresponde a los actores de la escena española. Los políticos actúan como
público donde normalmente son protagonistas. Las caras aparecen relajadas en
los escaños, el ánimo dispuesto a la diversión, aplaudiendo a los actores de Ron
La la y a Miguel
Poveda, cantando desde la tribuna de oradores. Imponente Poveda
con la sonoridad del hemiciclos. Imponentes Pou y Gómez leyendo pasajes de El
Quijote. La tensión dialéctica del hemiciclo sustituida por la
tensión dramática de los grandes actores. Sin murmullos. Todos atentos.
Para comprender cómo la ficción se puede parecer
increíblemente a la realidad,Mariano Rajoy no está al Congreso. El
presidente en funciones no gusta del teatro político. Ni el profesional ni el aficionado Pablo Iglesias,
cuya madera de líder actor está acreditada, prefirió interpretarse a sí mismo en la Universidad
Complutense.
Patxi López, única autoridad constitucional debidamente
legitimada, ha querido poner fin a su momento de presidente del Congreso con un
espectáculo brillante. Ha acertado de pleno. Ha otorgado grandeza institucional
al aniversario cervantino, permitiendo que los actores salieran por la puerta
solo destinada a los Reyes. Antes de levantar la sesión, Cervantes hace un
llamamiento desesperado para que se encuentre un Gobierno in extremis. Un guiño
desgastado para cerrar el guión de una obra breve sin conclusión. COMENTARIO: ¿¿ TEATRO de verdad? ¿O sea que lo anterior no era teatro? , ¿¿Todas
esas horas de peroratas, tonos falsos, personalismos no era comedia,
histrionismo puro??... PURA MASCARADA, quizá una mascarada. LA RECORTA …


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