El periódico Die Welt publicó el pasado domingo su historia; y al día siguiente,
después de dos meses de encierro, la cadena de televisión retiró la demanda penal, lo que
permitió su liberación. La deuda, sin embargo, sigue viva y creciendo. Pero la
insumisa catódica insiste: no pagará.
¿Cómo puede alguien acabar en prisión por una deuda de 191 euros?
Los intentos de embargarle el dinero fracasaron. Cuando el juez le enviaba
peticiones para conocer sus bienes, esta cuidadora infantil de 46 años se
negaba a firmarlos porque no quería legitimar un sistema que considera
inconstitucional. “Cuando leo que un minuto de una retransmisión de fútbol
cuesta 40.000 euros me pregunto por qué debo colaborar con un solo céntimo”,
aseguraba a Die Welt. En septiembre de
2015, un juzgado presentó una orden de arresto. Pretendía así presionarla para
que pagara. Ese es el momento en el que otros insumisos se suelen dar por
vencidos. Pero no fue así.
El caso de Baumert es extremo, pero refleja un
malestar extendido por los 17,5 euros mensuales que cada hogar alemán tiene que
abonar, independientemente de si la casa cuenta con aparatos de televisión o
radio o del número de personas que convivan. A principios de 2015, 4,5 millones
de hogares acumulaban retrasos u otros problemas en el pago. Nada más conocerse
la historia de la “Robin Hood de Chemnitz”, como la bautizó una página web
simpatizante con su causa, las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo.
El canon establecido en 2013 —antes se pagaba en
función del número de aparatos receptores que hubiera en cada casa— es un tema
caliente en Alemania. Sobre todo en círculos ultraconservadores, que lo usan
como ejemplo de la cada vez mayor lejanía entre los políticos y el pueblo. En
las manifestaciones del movimiento islamófobo de Pegida no faltan las críticas
a este sistema de financiación. Y el partido populista de derechas Alternativa
para Alemania (AfD) propone su desaparición. La eurodiputada y vicepresidenta
de AfD Beatrich von Storch se ha convertido en una de las líderes del
movimiento al anunciar en su cuenta de Facebook que ella tampoco paga, y que
las autoridades ya han iniciado el proceso para bloquearle las cuentas.
El canon televisivo es demonizado en estos ambientes porque reúne
dos de sus temas favoritos: por una parte, cimenta la idea de que las élites se
dedican a exprimir a los esforzados ciudadanos normales. Y por otra, escuece
especialmente que el dinero vaya a engordar los bolsillos de unos medios a los
que desprecian. No en vano conceptos como Lügenpresse (prensa mentirosa) o “prensa Pinocho” son habituales
en las concentraciones de Pegida o en el discurso de AfD. En estos sectores,
Baumert se ha convertido en una heroína que se ha atrevido a plantar cara al
Estado.
La persona que más lejos ha llevado su lucha
contra el canon podrá volver a casa, en la que, por supuesto, no hay ni rastro
de radios o televisiones. Prefiere informarse por Internet. “La liberación me
cogió totalmente por sorpresa. No contaba con ella”, aseguró Baumert esta
semana. Ella ya se había resignado a cumplir su condena de seis meses. COMENTARIO: Yo pensaba que en
Alemania estaban más avanzados y resulta que quizás no sea así y es que es para que luego digan. Dos meses en la cárcel le han
costado al Estado Alemán más de 191 €, cuando el Estado tiene mecanismos para
obtener ese dinero, incluso con intereses. Esa mujer tendrá que realizar la
declaración de la renta, o cobrará la nómina de una empresa que funcionando de
manera legal, le haga la retención de los 191€, como ocurre aquí en España.
Así pues creo que en Alemania quizás no tengan los mismos procedimientos que en
nuestro País y después nos quejamos de España. LA
RECORTA …


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