I. ZAMORA / MADRID
Día 07/03/2015: Aunque la crisis ha aumentado la
picaresca entre algunos agentes inmobiliarios, los expertos aseguran que lo
mejor es confiar en profesionales La «burbuja», ya se sabe, dejó tocado y
hundido al mercado inmobiliario en España. Las heridas de la crisis en el
sector de la construcción son profundas, de cicatrización lenta y difícil y sin
aparente recuperación. Parece que el sector, que ya comienza a levantar cabeza,
ha empezado a ver la luz al final del túnel y amaga con una leve —que jamás
completa— mejoría.
El pasado lunes, de hecho, la Asociación Profesional
de Expertos Inmobiliarios (Apei), celebró un encuentro en el que analizó la
situación actual de este enfermo crónico que es ya el mercado de la vivienda.
Un enfermo que según su presidente, Óscar Martínez, jamás volverá a ser el que
fue. «El mercado ha comenzado a moverse. Hemos tocado fondo y ahora hay que
recuperarse y mirar hacia delante, con ganas». Las consecuencias del «boom»
inmobiliario han sido, dice Martínez, «desastrosas» para el sector al que
representa. «Llevo 37 años en el negocio y esta no ha sido nuestra primera crisis,
pero sí la más fuerte. De hecho, el 70% de las inmobiliarias ha terminado
cerrando».
Los despidos y el parón del mercado no han sido las
únicas consecuencias para el sector de este frenazo del que habla Óscar
Martínez. La falta de negocio ha incrementado, sin duda, la picaresca dentro de
un sector en el que los menos profesionales han tirado del ingenio para
intentar vender casas al mejor postor. «Necesitamos una regulación para luchar
contra la picaresca en este mercado. Somos un sector que jugamos con dinero e
ilusiones, y una mala práctica no solo tiene consecuencias negativas para el
cliente afectado, sino también para nosotros». De hecho, ha sido esta picaresca
de la que habla Martínez la que ha alimentado la desconfianza en los agentes
inmobiliarios y en, para muchos, sus tácticas poco ortodoxas para conseguir una
buena venta. La compraventa entre particulares se perfila, para muchos, como la
mejor opción para lograr un mejor precio y evitar estafas, una decisión
totalmente errónea para el presidente de Apei, que alerta de sus principales
riesgos:
— Un particular no puede competir con los precios de
un banco o de una inmobiliaria. El banco, según el presidente de Apei, tiene
pisos más baratos y concede préstamos con mayor facilidad, algo que nunca podrá
ofrecer un propietario.
— El particular solo tiene una casa: Es uno de los
argumentos más fuertes de Óscar Martínez a la hora de defender la industria
inmobiliaria. «En una agencia siempre verás un muestrario de pisos. A nosotros
nos da igual el que te lleves y, si no te gusta uno, te enseñaremos otro que
encaje con tus necesidades. El particular, sin embargo, querrá venderte su casa
a toda costa».
— El particular no te dirá la verdad. A la
inmobiliaria, dice Martínez, poco le importa que un piso tenga cargas, pues
está en la obligación de informar al comprador en todo momento. Lo mismo
ocurrirá con defectos del inmueble o el mal estado de la vivienda.
— La inmobiliaria negocia mejor. Para el vendedor es
tan difícil bajar el precio de su vivienda que pocas veces conseguirás negociar
precios a la baja, apunta el presidente de Apei.
— La inmobiliaria negocia mejor. Para el vendedor es
tan difícil bajar el precio de su vivienda que pocas veces conseguirás negociar
precios a la baja, apunta el presidente de Apei.


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