CONSUELO FONT
10 MAR. 2018:
Hace unos
días, coincidiendo con la clausura de Arco, la pintora Mayte Spínola ofreció
una exclusiva fiesta en su residencia madrileña donde se dieron cita la
baronesa Thyssen, Ágatha Ruiz de la Prada, la duquesa de Calabria y Ana
Botella, además de la Infanta Elena, que acudió con su inseparable Rita Allende Salazar, condesa de
la Ventosa. Hija de José María Allende Salazar y Travesedo, marqués de Santa
Cristina y de Casariego, conde de Monte fuerte y de Al puente, este grande de España fue uno de los hombres de
confianza del Rey Juan Carlos durante la Transición, como
jefe de protocolo de la Casa Real. Tanto que puede considerarse su muerte en
1983 como un acto de servicio, pues estaba en Granada preparando un viaje del
Monarca, haciendo caso omiso del reposo que le habían prescrito los médicos
para su grave dolencia de corazón. Una lealtad a la Corona que
heredó su hija Rita, de 60 años, que es casi una hermana para la Infanta
Elena. Filóloga y enfermera salud de profesión, está
casada con el militar José María Álvarez de Toledo, conde de la Ventosa.
La íntima de la Infanta atraviesa actualmente graves
problemas personales ante la batalla por la herencia
que la enfrenta a sus hermanos, iniciada tras fallecer su madre, Isabel de
la Cierva Osorio de Moscoso, hija de los duques de Terranova, el 5 de enero de
2017.
Esta aristócrata se casó el 23 de junio de 1947 con el
diplomático y grande de España José María Allende Salazar, matrimonio del que nacieron seis hijos: Isabel,
soltera, que está a punto de cumplir 70 años; Manuel, de 66, actual marqués de
Santa Cristina con grandeza de España y de Casariego, que está casado con la
hija del conde de Abarca, Ana María de Mora Guash; María Asunción, de 64 años;
Rita, de 60; Almudena, de 58 y José María, de 56 años, actual conde de Monte
fuerte y de Al puente, casado con Macarena Travesedo.
La muerte de su marido en
1983 dejó a Isabel viuda con 56 años y sola en la educación de su numerosa
prole, bastante rebelde y difícil de manejar, según cuentan en su
entorno. Ella siempre sintió predilección por los dos
varones, Manuel y José María. "Como no eran buenos
estudiantes, su madre siempre decía que debían heredar ellos los títulos de su
padre para que se casaran bien", asegura una fuente de la familia. También
sentía debilidad por su primogénita, llamada como ella, Isabel, soltera y sin
hijos, que ha vivido siempre con su madre en el hogar familiar de la madrileña calle Ayala, en el
exclusivo barrio de Salamanca.
Los problemas no tardaron en surgir tras la muerte de
José María Allende Salazar, un hombre íntegro cuya voluntad fue que se repartieran
equitativamente sus bienes entre sus seis hijos. Entre los
cuales, además de numerosas propiedades inmobiliarias, había importantes obras de arte, como cuadros de
Lucas Jordán, Vicente López, Teniers, o de la escuela de los Madrazo. También
debían repartir valiosos muebles y enseres heredados de su antepasada, la reina
regente María Cristina, de la que era descendiente, además de joyas de familia, como un collar de esmeraldas adquirido por el Gobierno
español en 2010 que ha sido la manzana de la discordia familiar.
Una voluntad que parece que no siempre respetó su
viuda, Isabel, de fuerte carácter, quien en
el año 2000 decidió desheredar a la pequeña de sus hijas, Almudena,
por oponerse a la venta de un chalé en el exclusivo barrio de El Viso, en
Madrid, que dejó en herencia su padre. Por cierto, estaba ubicado junto al que
residía Isabel Sartorius, la que fue novia del Príncipe Felipe, también
propiedad de los Allende Salazar. Al irse el inquilino, la madre decidió
venderlo ante la oposición de Almudena, que consideraba más rentable el
suculento alquiler mensual que proporcionaba. Probablemente influyó bastante
que la compradora fuese María Riva, socia de la
Infanta Elena en la guardería Micos, mi primer cole.
"Rita, que entonces era uña y carne con su familia, insistió mucho para
que se llevara a cabo dicha venta", asegura la citada fuente. Al final, la
madre se salió con la suya y el chalé se vendió tras eliminar por vía judicial
a su hija pequeña del proindiviso familiar. No contenta con ello, en julio del
año 2000 acudió a un notario para desheredarla.
Seguramente Rita ignoraba que correría la misma
suerte, esta vez a causa de un título: la sucesión
del vizcondado de Arboleda, que solicitó en octubre de 2009 su
hermana mayor, Isabel, quien no había heredado ninguno de los cuatro títulos
paternos. Lo ostentaba Consolación Muñoz Santa marina, marquesa de San Agustín,
residente en Italia, quien decidió cedérselo a Isabel. Según la susodicha
fuente, "entre nobles a veces se cede un
título a quien no lo tiene, sobre todo tratándose de una
persona sin hijos, pues lo recupera la familia tras su muerte. Suele hacerse a
cambio de una contraprestación económica". Curiosamente, coincidiendo con
estas fechas, la viuda de Allende Salazar intentó subastar en la casa Sotheby's de
Londres un espectacular collarriviere compuesto
por 18 esmeraldas, diamantes y platino, que su difunto esposo heredó de su madre.
Pero el Gobierno español, al tratarse de una joya histórica isabelina, prohibió
su salida, y la acabó adquiriendo para el Museo de Artes Decorativas por su
precio de tasación, 36.655 euros, bastante menos de lo que hubiera cotizado en
subasta. ¿Era este collar la contraprestación por el título que quería obtener
Isabel?
Quien al final se quedó con las ganas de ser
vizcondesa, pues en el plazo de 30 días que da el ministerio de Justicia para
que se presenten otros "candidatos" compareció por sorpresa su cuñado, José María
Álvarez de Toledo, marido de Rita, que tenía mejor derecho, frustrando
sus sueños de ostentar un título. Algo que jamás perdonaron ni ella ni su
madre, que procedió a desheredar a su hija Rita,
como hizo antes con la pequeña.
Algo que ambas ignoraban hasta que
falleció Isabel de la Cierva el 5 de enero de 2017 con 90 años. La
Infanta Elena no se separó de su amiga en esos momentos. Acudió al tanatorio y
también al funeral, celebrado ese 10 de enero en la iglesia de los Carmelitas,
donde protagonizó una anécdota un tanto cómica, pues para esquivar a los
fotógrafos se escondió en la sacristía y no salió hasta comenzar la misa.
Cuando un mes después, en febrero, se abrió el
testamento, las dos hermanas comprobaron
con estupor que su madre les había dejado sólo la estricta legítima que
marca la ley, donando la mayor proporción de bienes, o sea tercio de mejora y
de libre disposición, a sus otros cuatro hijos. Además, añadió una clausula
leonina, como fue que Rita y Almudena percibieran
su herencia en dinero efectivo, valores, y fondos de inversión. Lo que suponía
privarlas del histórico patrimonio familiar, es decir, cuadros
de firma, muebles y enseres pertenecientes a la reina María Cristina, joyas de
familia y hasta las condecoraciones de su padre.
A finales de 2017, Rita fue consciente de que había
sido engañada cuando firmó en abril el cuaderno particional que contenía el
reparto de la herencia, por lo que puso el asunto en manos de abogados. A día
de hoy, la situación sigue muy enconada. Según la antes mencionada fuente
"a Almudena hacía años que su familia le había dado la espalda, por tanto,
no se sorprendió de lo ocurrido, pero para
Rita ha sido un trauma, porque se siente traicionada por los suyos".
COMENTARIO: Estas cuestiones no son exclusivas de determinadas
familias. Suceden en todas, aunque el patrimonio sea escaso. Conozco casos
donde los padres se empadronan en Autonomías, donde sus Leyes permiten no tener
que asignar la legítima, pudiendo desheredar a algún hijo, o dejarle el
usufructo de aquellos bienes que asignan en propiedad a otro/s. En muchos
casos es lo que merecen aquellos hijos/as cuyos comportamientos con sus padres
han sido indeseables.LA RECORTA…



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