1. Carles Puigdemont.Ex president. El rey. Cada
mañana tres coches abandonan la casa. Uno es blanco, más grande que los otros
dos (negros) y con los cristales tintados. En él viajaría Puigdemont.
2. Josep Maria Matamala. 'El pagador'. Empresario
y amigo
personal de Puigdemont. Hombre fuerte de CDC en Girona. Le acompaña
siempre y paga sus facturas.
3. Lluís Escola. Escolta. Mosso d Esquadra que
voluntariamente hace las
tareas de vigilancia de Puigdemont. Ahora cuenta con el apoyo en
seguridad de dos personas que, con la cara cubierta, impiden el acceso a la
parcela.
4. Toni Comín. Ex conseller. El único de los que
huyeron con él a Bruselas que no ha
renunciado al acta de diputado. Su móvil fue el grabado con los
mensajes derrotistas de Puigdemont y el "se acabó".
5. Ramón Tremosa. Eurodiputado.
Con él se suman a la causa sus compañeros Jordi Solé (6) y Josep M.
Terricabras (7).
8. Joan Maria Piqué. Periodista.Ex jefe de prensa
de Artur Mas y
ex director de la comunicación exterior del Govern. Ahora responsable de
campaña de Junts per Catalunya en Bruselas.
9. Aleix Sarri. Asesor. Hombre del eurodiputado
Ramón Tremosa en el Parlamento Europeo y puente entre
Puigdemont y medios belgas y cargos europeos. El ex 'president' le
prometió ser delegado de la Generalitat en Bruselas.
Raquel Correa. Periodista. Asistente del eurodiputado
Jordi Solé. Se encargó de parte de la logística de los actos y de la
comunicación durante las primeras semanas de la llegada de
Puigdemont y los ex 'consellers' a Bruselas.
Anna Grabalosa. Periodista. Ex jefa de comunicación de
la 'consellera' Borràs. Este lunes gestionó la relación con medios en Bruselas.
Elsa Artadi. Jefa de campaña JxCat. Mano derecha
de Puigdemont y posible futura presidenta. Cabeza de un grupo que
viaja a menudo a Bruselas. En él están: Eduard Pujol, Albert Batet, Damià
Calvet, Laura Borràs, Quim Torra, Jaume Clotet y Jordi Cabrafiga.
Adrià Alsina Leal. Periodista. Jefe de prensa de la
ANC. Tiene tanta influencia que muchos le dan rango de 'conseller'.
Anna Arqué Solsona. Activista. Coordina actos en la
Eurocámara y la estancia de catalanes en casas flamencas. Se lleva bien con el
ministro del Interior belga. También apoya a Puigdemont Bart De Weber, alcalde
de Amberes y presidente del N-VA, además del partido de extrema derecha Vlaams
Belang.
[Con información de Javier Negre]
Expresiones felices como «La Corte Republicana del Rey
Puigdemont», el rescate de moralejas de cuentos como El rey está desnudo y
hasta alusiones a la distorsión de la realidad que sufre un protagonista chusco
a la fuga que se cree Napoleón... El ex president de la Generalitat
se lo ha puesto fácil a los amantes de los chascarrillos y de los paralelismos
ingeniosos al elegir Waterloo como
sede de 4.400 euros al mes para instalar su Govern «simbólico».
Pero lo cierto es que Carles Puigdemont cuenta
con una infraestructura en Bélgica-«cuyo fin es entre otros ofrecer una imagen
triunfal de Cataluña»- en la que participan el mosso que escapó con
él, Lluis Escola, y Josep Maria Matamala, el empresario amigo del alma que paga
una parte de los gastos...
Y,
además, la primera fuerza política belga -el partido Alianza Neo-Flamenca
(N-VA)- que dirige tres de los 13 ministerios del país y una vicepresidencia;
europarlamentarios de ERC y el PDeCAT, algunos de ccuyos asesores y fondos han estado trabajando para la
causa aunque ahora hayan pasado a un segundo plano; la Asamblea Nacional
Catalana (ANC) y todo su merchandising, no siempre con las cuentas claras;
la embajada catalana en Bélgica, que no está cerrada a pesar del 155; los
empresarios que se trasladan hasta Bruselas para realizar su aportación; los
llamados Comités de Defensa de la República, dominados por la CUP y reforzados
por simpatizantes de ERC y PDeCAT, e incluso particulares que no tienen ningún
problema en facilitarle su nombre y su tarjeta de crédito para que escape de
todo tipo de control.
Elementos a los que hay que añadir los cuatro
ex consellers que siguen a su lado, Antoni Comín, Meritxell Serret,
Lluis Puig y Clara Ponsatí; y los dirigentes de JxCat, como Elsa Artadi, hoy
candidata a sustituirle al frente de la Generalitat pero considerada lo
suficientemente afín a él como para garantizar una gestión política compartida.
Es posible que Puigdemont, con su cabezonería de
supuesto president en el exilio, consuma a los independentistas en
más o menos disimuladas luchas intestinas. Es posible que no pueda evitar
quedarse en una mera astracanada si finalmente es ninguneado por los suyos
cuando les alcance la realidad. Pero por ahora tiene a su disposición
instrumentos para seguir siendo incómodo. Aunque en su partido se quejen de la
falta de una estructura capaz de mantener el ritmo de la tarea que se han
arrogado. Y sólo haga falta un momento de fragilidad para que se rompa la torre
de cristal.
Toda la ciudad, todo el país y toda Europa saben que
está ahí. Y sin embargo, todavía nadie ha visto a Carles Puigdemont en los
alrededores de su nueva
residencia en la Avenue de l'Avocat en Waterloo. El halo de misterio
que acompaña al ex president, y en el que tan cómodo se siente ya, ha
llegado a la localidad francófona para sorpresa y poca alegría de sus vecinos.
Varios de ellos confirman a Crónica el alquiler de la casa y la
presencia del ex president en el barrio, un área residencial alejada
del centro y sin apenas comercios.
La
vivienda que ocupa Puigdemont desde hace semanas se levanta imponente, algo más
grande que el resto y situada frente a una extensa pradera verde que lleva días
plagada de periodistas y curiosos a raya por la cadena que disuade a los
viandantes de acercarse. La única en el barrio. Aunque esto no es lo que la
hace especial. La gran diferencia es que no se trata ya de una vivienda, ni de
un escondite como antes, sino de un centro neurálgico para él y los suyos. Por
eso la seguridad no se limita ya exclusivamente a Lluis Escolá, el sargento de
las vacaciones infinitas. Varias personas más, y al menos dos de ellas con la
cara cubierta -el N-VA les ha proporcionado dos guardaespaldas- vigilanconstantemente.
El equipo que asesora y protege al líder del PDeCAT
está nervioso. Vigilan constantemente, realizan movimientos para detectar
posibles seguimientos asesorados por miembros del Cuerpo de Mossos d'Esquadra,
empiezan a pensar que todo el mundo puede ser un agente del CNI, y actúan en consecuencia
con severidad. Lo denunciaron en las redes sociales varios diputados y miembros
del partido el lunes pasado, asegurando que «dos personas en una furgoneta
hacían fotos a todos los que entraban» al hotel Husa President y apuntando
directamente a la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría, responsable de los
servicios secretos. Y en la residencia hacen lo mismo.
La relajación
de las primeras jornadas también ha desaparecido en Waterloo. Cuando
las cámaras se alejan, todo son amenazas. A primera hora del viernes no hay
luces encendidas en la casa, las cortinas permanecen cerradas, no sale humo de
la chimenea y sin embargo, a través de una de las ventanas abiertas, se
vislumbra cierto trasiego. Ninguna cara conocida.
Sus guardaespaldas
Uno de
los guardaespaldas se acerca a preguntar en inglés y con insistencia a los
transeúntes frente a la casa si son vecinos, qué hacen allí, qué quieren. No
suelta la presa fácilmente, a pespesar de que sabe que no hay nada irregular ni tiene
derecho a hacerlo.
Vittorio, que vive puerta con puerta con Puigdemont,
nos recibe en su casa mientras ojea el periódico. Explica cómo cada día, bien
temprano, tres coches abandonan la vivienda: dos negros y uno blanco, mucho más
grande y con los cristales tintados. El vecino de Waterloo aventura
que en él viaja el ex president y dice que la misma escena se repite,
de vuelta a las cocheras, bien entrada la noche.
Más tarde, un coche policial de incógnito aparcará
frente a la residencia del ex president. Un agente desciende del
coche, placa en mano, y explica que están llevando a cabo una investigación en
el barrio. El policía pregunta a la esposa de Vittorio si ha visto frente a la
casa precisamente un «coche grande, blanco, con matrícula de Alemania, y
también uno negro». Ambos coinciden con la descripción de la flota del equipo
de Puigdemont.
En su nueva ubicación algo ha cambiado. Ya no son
habitaciones de hotel, escapadas de fin de semana y sobre todo discreción. Ahora
el líder tiene séquito, equipo. Una corte alrededor para todas las
tareas. En su exilio
Puigdemont ha estado perpetuamente acompañado pero al mismo
tiempo, y no sólo en sus caminatas silenciosas por el bosque, bastante solo.
Josep Maria Matamala, el empresario millonario al que atribuyen el pago de
todos sus gastos, no se despega de él jamás.
Conoció a Puigdemont cuando éste ejercía de periodista
y él era concejal de Girona. Puigdemont fue consejero delegado de Incatis, una
de sus empresas, antes de entrar en política y Matamala organizaba tres ferias
para el Ayuntamiento de Girona -recibía subvenciones para hacerlo- también
cuando Puigdemont era alcalde. Fue uno de los primeros en saber que su
amigo iba a ser president cuando Mas dio uno de sus «pasos al lado».
Vittorio confirma que ha sido Matamala quien ha
firmado el contrato para evitar que Puigdemont deba inscribirse como residente
en Waterloo.
Fue quien pagó sus primeras noches en el Hotel Chambord de Bruselas y quien
llamó airado a la inmobiliaria en cuanto se filtró la dirección de la nueva
casa, exigiendo explicaciones. A pesar de que su respaldo económico es real,
desde luego no es el único en aportar fondos a la causa y hace más cosas; y
también tiene una función política en este entramado.
En enero el president Puigdemont viajó a
Copenhague para asistir a un acto que iba a ser de propaganda
pero que pasó a ser viral por el rapapolvo que le propinó la catedrática
Marlene Wind. En la reserva del billete de Ryanair aparece sólo el nombre del
ex president. El correo electrónico y el teléfono que constan entre los
datos de la compañía son de Matamala, los mismos que aparecerán en otras cinco
ocasiones con destino a Barcelona, a veces a través de Perpiñán.
Sin embargo, curiosamente, quien adquirió el vuelo fue
un tal Ramón Oviedo Bussells, un funcionario jubilado del Comisión Europea que
suele pasar algunos meses en Bruselas para visitar a su hija y que el resto del
año reside en Girona. Ramón Oviedo negó a éste periódico inicialmente que
conociese a Matamala o a Puigdemont de forma directa pero finalmente admitió
que, «por hacerle un favor a una conocida, una vecina que sí conocía a
Matamala», dejó al empresario una tarjeta suya a débito, «no para que comprasen
billetes de avión -precisa- sino para que pudieran usarla para ir al
supermercado». Había al menos 500 euros de fondo que este jubilado niega haber
puesto.
Así, toda contribución a la causa es buena y toda
función que realice el empresario, también. Algunas fuentes sostienen que uno
de sus objetivos en Bélgica es «difundir la propaganda independentista a través
del servicio de comunicación de la llamada Oficina del Gobierno legítimo de
Cataluña».
Aparte de Escolá y Matamala, la
corte de Puigdemont ha sido errante. Con su familia lejos al menos
hasta el verano y amigos que vienen y van continuamente (desde la periodista
Pilar Rahola al alcalde de Valls, Albert Batet), con muchos compromisos
sociales, cenas y comidas fuera, actos políticos o fracasos sonados como la
conmemoración de los 100 días en el exilio, a la que apenas acudieron dos
docenas de personas en Lovaina.
En los primeros momentos destacaron en esta estructura
de apoyos los eurodiputados Ramon Tremosa (PDeCAT), Jordi Solé y Josep Maria
Terricabras (ERC). Fueron bautizados ellos y «los catalanes en el exterior»
como «los hombres del presidente Carles Puigdemont en Bélgica». «El dinero que
reciben del Parlamento europeo va destinado al independentismo catalán»,
asegura una fuente consultada que destaca además el peso que algunos de los
asistentes principales de los eurodiputados tienen en las tareas organizativas
del ex president en Bruselas.
Aleix Sarri y Raquel Correa estuvieron llevando la
agenda de Puigdemont, asesorándole, organizando actos y varios
viajes con la supervisión de sus jefes. Una tarea que el primero asumió
con placer y la segunda con más resignación.
Al filo de la ley
El eurodiputado Tremosa sostenía, en conversación
con Crónica, que esa relevancia que se les ha dado a todos ellos es
infundada. Que «puede comprobarse por las geolocalizaciones de mi WhatsApp que estoy
en mi trabajo durante todo el tiempo» y que «los fines de semana me desplazo a
Cataluña para ver a mi familia». Admite que «puntualmente», sus asistentes
pueden haber ayudado a Puigdemont a organizar algunos actos pero que ellos
pueden hacer lo que consideren conveniente durante el fin de semana y que, de
cualquier modo, el ex president contaba desde noviembre con todo un equipo del
que Joan Maria Piqué sería el responsable.
Tremosa es consciente de que su actitud pudo
generarles serios problemas con la Eurocámara. La líder del Frente Nacional,
Marine Le Pen, fue sancionada por usar los recursos y fondos del Parlamento
para pagar las nóminas de asistentes que se dedicaban a otras cosas. Y varios
grupos españoles pidieron al presidente Antonio Tajani una investigación para
ver si los independentistas hacían lo mismo. Así, Piqué y Anna Grabalosa (ex
responsable de comunicación de Meritxell Borràs) fueron asumiendo más tareas.
Piqué como poli malo, ignorando a los periodistas de medios en español y avisándoles
de que su presencia no es bienvenida en según qué encuentros. Y la segunda, de
forma más cordial pero igualmente poco resolutiva respecto a los no afines.
En la órbita de la corte bruselense también destaca el
nombre de Anna Arque, portavoz de la International Commission of European
Citizens, quien se mueve con total libertad dentro del Parlamento europeo y
coordina la agenda de actos en colaboración con los eurodiputados simpatizantes
con el independentismo. Tuvo un papel muy activo cuando se celebró en diciembre
la movilización por la secesión catalana. Puso en contacto a la ANC con
organizaciones belgas y facilitó el alojamiento de manifestantes catalanes en
familias flamencas. Su buena relación con miembros del Gobierno belga, como el
ministro del Interior, facilita las cosas.
La ANC no tiene sede propia en Bruselas, pero no
le hace falta porque utiliza la Delegación Exterior de la Generalitat en
la Rue de la Loi 227, que, pese al 155, sigue manteniendo el local y los
funcionarios. De su jefe de prensa, Adrià Alsina, se dice que «está considerado
como un conseller más» con influencia en Cataluña y el extranjero. Es socio
fundador de la primera cooperativa independentista catalana con una relación
muy directa con la Caixa d'Enginyers a través de la cual se pagó
la fianza de Carme Forcadell.
Algunos voluntarios del N-VA colaboran con la ANC, que
suele usar su sede. Fuentes a las que ha tenido acceso este suplemento aseguran
que la Asamblea se nutre de cuestaciones y del merchandaising que
recauda en metálico y que «blanquea dinero entregando pequeñas cantidades
a miembros o afiliados».
El dinero, en cualquier caso, llega a la causa por las
vías más imaginativas. Un grupo de catalanes se llevó una sorpresa cuando quiso
asistir a la convocatoria de Puigdemont en una hamburguesería para ver el
Girona-Real Madrid. Ese día el local hacía pagar entrada para estar con
Puigdemont y animaba a la compra de una camiseta por la secesión.
Anécdotas al margen, puede que lo más delicado de esta
red de respaldos sea la excelente relación, cultivada por el Govern desde
hace
años, con el N-VA, que garantiza que algunos de sus miembros más destacados se
estén implicando a favor del independentismo catalán.
Es el caso del ministro del Interior, Jean Jambon;
Theo Francken, secretario de Estado para la inmigración y Bart de Weber,
alcalde de Amberes y presidente del partido. Mark Demesmaeker, eurodiputado,
que ha reconocido que su partido ofrece a Puigdemont todo el apoyo logístico
cuando lo reclama; el senador Pol Van der Driessche, que organizó el reportaje
fotográfico del ex president en Brujas y la conferencia Can
Catalonia save Europe?; o Loryn Paris, parlamentario flamenco, amigo de Comin,
que ha proporcionado a los ex consellers alojamiento cerca de
Bruselas y el acceso permanente al Faculty Club para todo tipo de
convocatorias.
El PDeCAT ha convertido el hotel President Husa en su
cuartel general, muy cerca de la Gare du Nord, en una zona mitad oficinas y
mitad barrio degradado. En el hotel español, de la familia Gaspart, ex president del
FC Barcelona, tienen las reuniones del comité, allí se hacen buena parte de las
negociaciones con ERC o la CUP. Y allí se quedan buena parte de las autoridades
que peregrinan a Bruselas. Puigdemont pasa mucho tiempo allí y se ha alojado de
manera ocasional y gratis en la suite presidencial.
Antes de
mudarse a Waterloo, el ex president se refugiaba los fines
de semana en una espléndida mansión en Sint-Pauwels, una localidad flamenca
entre Gante y Amberes, gracias a la generosidad de un empresario local, Walter
Verbraeken, simpatizante del independentismo.
Allí, a diferencia de las demás ubicaciones, sí fue
visto junto a su familia en diciembre.
COMENTARIO: Solo falta saber una cosa. En esa dorada Santa Helena,
¿quién envenenará a Puigdemont? Eso se viene diciendo que le ocurrió a Napoleón
en otro lugar de "residencia", con una pequeña corte. Y ya sabemos
que hay gente que se cree Napoleón. Puigdemont es el primero que se ha creído
que Puigdemont es algo y no pura estulticia.LA RECORTA…


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