LAURA GARÓFANO. 18 OCT. 2017: Antonio Venegas Caro toma la tiza y escribe en la pizarra, en silencio y con convicción. Coge la tiza, pero no es profesor: es el alcalde, socialista, de Benaocaz, un pueblo de la Sierra de Cádiz. «Menos división, más Constitución», escribe antes de posar para la foto. Luego se dirige hacia los establos. Es el mensaje que quiere que llegue a la otra punta de España. El día transcurre perezoso y el sol cae a plomo sobre la explanada de la Feria de Ganado. La gente se refugia a la sombra de la caseta y el tema de conversación es único: el abuelo y el tío abuelo de Carles Puigdemont, «que además fue cura», estuvieron acogidos y mantenidos por Benaocaz cuando más lo necesitaron, huyendo del bando republicano en la Guerra Civil.
A la luz de nuevos documentos históricos aparecidos
ahora, viajamos a Benaocaz en busca de la historia menos conocida de los Puigdemont.
Y descubrimos la tendencia escapista de
los antecesores del actual presidente independentista de la Generalitat.
El abuelo pastelero y un tío abuelo con hábito huyeron de Cataluña en la contienda fratricida y
terminaron habitando la Casa del Cura de un pueblo andaluz que les dio cobijo y
los mantuvo económicamente, hasta que quisieron irse. Vivieron rodeados de campos, sonidos de
chicharras y cabras payoyas.
La presencia de la familia de Carles
Puigdemont en Benaocaz fue descubierta por Santiago Saborido,
del Archivo Histórico Provincial. «Lo primero que hicimos, al ver el apellido,
fue corroborar el lugar de procedencia, que también venía en el documento»,
sostiene. Amer, en Gerona, reza el manuscrito, acompañado por una carta
mecanografiada. El documento, fechado el 14
de noviembre de 1938, corresponde
a una misiva del entonces alcalde de Benaocaz en respuesta a un requerimiento
del gobernador civil, para aportarlo al Fondo de Auxilio Social, que solicitaba
el número de refugiados y acogidos en el pueblo. Tan sólo eran dos: Juan
Oliveras Galcerán (tío abuelo del president) y Francisco Puigdemont (abuelo
paterno). El primero, sacerdote y hermano de la mujer de Francisco, María.
Según el documento, el ayuntamiento ya no se hacía cargo de la manutención de
Francisco: su cuñado, Juan Oliveras, se ocupaba ya de sus gastos, lo cual
indica que este pueblo gaditano sostuvo
al abuelo de Puigdemont durante un periodo de tiempo.
Dos años antes de la llegada de ambos y un mes antes
del estallido de la Guerra Civil, el primer teniente alcalde de Benaocaz propuso
incautarse de la Casa del Cura, cerrada por la falta de sacerdotes. El alcalde
republicano, José Pérez del Puerto, que ya había elevado una queja al
gobernador civil por los saqueos a iglesias, frenó la expropiación «hasta que
no se aclarara su propietario legítimo». El siguiente sacerdote en ocuparla, ya con
nuevo alcalde franquista, sería el tío abuelo de Carles Puigdemont, Juan
Oliveras Galcerán, que meses antes también había estado refugiado en la casa de
Amer de su cuñado, Francisco Puigdemont, escondiéndose de la violencia anticlerical de
los republicanos en Cataluña. En su huida, Juan recaló en
Ubrique, y luego se fue a Benaocaz, donde consiguió casa y convertirse en el
párroco de la iglesia de San Pedro.
Y un tiempo más tarde, allí acogió a Francisco
Puigdemont Padrosa, su cuñado y el abuelo del president. Francisco entró en la
Casa del Cura en 1938. Entonces la calle se llamaba Sagasta: seguramente entró
en ella pensando en la casualidad de que tuviera el mismo número, el 6, que la
de la casa-pastelería de la que había huido meses antes, en la calle Sant
Miquel de Amer, dejando a su esposa sola y con tres hijos, al frente del
negocio.
Y ahora, ¿qué le dice la generosa Benaocaz a Carles
Puigdemont? En la barra del bar que hay frente al ayuntamiento, un
vecino se acoda frente a su café y musita: «Yo le diría que está demostrando ser más de pueblo que nosotros.
Nosotros acogimos a su familia». «Y sobre todo, porque lo del nacionalismo, a
estas alturas, es de catetos», apostilla.
Benaocaz ya ha olvidado la guerra que no olvida el
separatismo catalán. El pueblo fue republicano unas horas, un poco más de los
escasos segundos que lo fue Cataluña tras la proclamación de independencia
de Carles
Puigdemont este martes. El pueblo gaditano cayó en manos
del ejército rojo tan solo un día: el 31 de julio de 1936. Al día siguiente,
la Columna de López, comandada por el alcalde republicano de
Montejaque, fue vencida en Benaocaz por las tropas nacionales de Queipo de
Llano, que contaba entre sus filas con soldados provenientes de Larache, en el
Protectorado.
Blas Piñero pela tres tomates, cultivados en el pueblo
vecino de Tavizna, en la puerta de su fábrica de embutidos, mientras recuerda
en voz alta que ese día tenía ocho años y vio a su primer muerto. «Mataron de
un culatazo a un vecino, Blas Salas, que gritó: "¡Arriba con los
faroles!". Debieron de entenderlo como un improperio, cuando era una frase
de ánimo». Él nació en 1928, y también se acuerda del tío abuelo de Puigdemont,
el cura. «Del abuelo no, ha pasado mucho tiempo y no creo que estuviera mucho
porque le recordaría. Pero aquí hubo muchos catalanes: había dos fábricas
de embutidos, de los Hermanos Bohórquez, que eran de Ubrique, y tanto los
directores como los trabajadores eran de allí. Hacían los embutidos a la manera
catalana, tipo fuet. Yo trabajaba allí de chiquillo, llevando y trayendo
cosas».
A Benaocaz, que a principios de 1936 tenía 1.135
habitantes, llegó primero Juan Oliveras, tras pasar por Ubrique. La
documentación del Archivo Provincial indica que el sacerdote era
igualmente considerado como refugiado. Su cuñado Francisco tenía entonces 36
años. Profundamente católico, huyó también de Amer meses después, tan pronto
tuvo noticia de que iban a llamarle a combatir con el bando republicano en la
Batalla del Ebro, iniciada en julio de 1938. Francisco no lo dudó: huyó.
Primero pasó a Francia: allí, detenido, se le dio a elegir entre regresar a
Gerona o entrar en zona nacional por Irún. Eligió Irún. De allí fue a Pamplona,
donde contactó con su cuñado, el cura, y continuó hasta el sur. Recaló en Benaocaz,
donde Juan le esperaba. Los dos vivieron juntos a escasos metros de la
parroquia.
Dada su profesión, la de pastelero, el abuelo
Francisco podría haber trabajado en esas fábricas cárnicas de los Hermanos
Bohórquez, indica Domingo Becerra, el que más sabe de la historia del pueblo.
De 1938, Blas Piñero recuerda la anécdota de que en esa fábrica le dieron
chicharrones (trozos de papada de cerdo con especias, fritos en manteca) recién
hechos a un hombre famélico. «Después de comerlos bebió mucha agua, y se ve que
su cuerpo, que no estaba acostumbrado a la comida, no lo pudo soportar y
se murió allí mismo». En el pueblo no se habló de otra cosa durante días.
Además de asumir durante un tiempo la manutención de
Francisco, el Ayuntamiento de Benaocaz asumió otros gastos a la familia: las
actas capitulares del 17 de julio de 1938 también recogen que el
consistorio abonó 50 pesetas al cura por oficiar la misa «el día 1 de
julio del mes actual en conmemoración al segundo aniversario de la liberación
de este pueblo por el glorioso y heroico Ejército Nacional». Un mes más tarde,
el 15 de agosto, también sufragó con cinco pesetas su traslado a Villaluenga
del Rosario, a seis kilómetros, al haber fallecido un guardia civil de manera
repentina.
Se fue sin pagar
En la sierra gaditana Francisco Puigdemont pasó pocos
meses. Su llegada se estima entre verano, en aquella Batalla del Ebro en la que
no quiso participar, y noviembre de 1938, fecha en la que se da cuenta de que
es el cura el que sufraga ya los gastos de su cuñado. Para finales de
1938, el tío abuelo y el abuelo de Carles
Puigdemont ya habían abandonado el pueblo. Las actas
capitulares del Archivo Municipal informan de que el pueblo cargó con los
costes de parte de su huida. El historiador Fernando Sígler indica que el 29 de
diciembre de 1938 el sacerdote ya no estaba en el pueblo. En diciembre de 1938
se marchó sin pagar de su bolsillo el coche de alquiler que lo llevó a Ronda,
al frente de Málaga, para luchar en el bando nacional. El Ayuntamiento afrontó
el pago de siete pesetas y media a la empresa de coche de Castillo «por el
importe de un asiento desde esta villa a Ronda para el señor cura párroco, que
marchó a Málaga para ser movilizado».
El final de la guerra tuvo lugar en abril de 1939
y Francisco Puigdemont también había abandonado Benaocaz: estaba
suministrando comida a los republicanos presos en el penal de Burgos, un puesto
que logró en Ubrique gracias a un antiguo compañero de la mili en Gerona, según
contó su hijo Josep para un reportaje de Crónica. unirse con él, pero su
mujer se negó a abandonar la pastelería. Durante la contienda, les había ido
bien. Francisco no regresó a AmerYa en Burgos, el abuelo del president invitó a
su mujer y tres hijos a re hasta 1940, llevando para sus dos hijos, Josep y
Xavier (padre de Carles Puigdemont) dos uniformes negros de la Falange.
Un documento acredita que el pastelero fue mantenido
por el consistorio y luego por el cura "en concepto de préstamo"
¿Y qué fue del tío abuelo, del cura? Juan Oliveras
nació en Amer en 1906 y se ordenó sacerdote en 1931. Tenía 30 años al estallar
la guerra y 32 cuando vivió en Benaocaz. Su pista se pierde durante años tras
ese viaje desde Benaocaz a Ronda para incorporarse al frente de Málaga. Pero
allí ya no había ningún frente: en diciembre de 1938, tan sólo parte de
Córdoba, Jaén, Granada y Almería eran republicanas.
Juan Oliveras Galcerán estaba vivo al finalizar la
contienda y regresó a Cataluña.
Su nombre vuelve a aparecer en el estudio L'escoltisme catòlic vist des
del frente de juventudes franquista, de Josep Clará, del Departamento de
Historia de la Universidad de Girona, que analiza la aparición del catalanismo
y el separatismo en la Organización Juvenil Española (OJE), heredera del Frente
de Juventudes de Falange. El estudio advierte que en los años 60, el
movimiento scout en la provincia de Gerona «ha sido adaptado a los
fines de un peligroso regionalismo por los Grupos Diocesanos de scoutismo.
(...) Todos sus dirigentes, tanto sacerdotes como seglares, (...) son personas
de acentuada inclinación separatista, y su declarado antifalangismo es
mucho más serio de lo que generalmente se cree».
Surgían incidentes entre los jóvenes «por los
sentimientos extremistas de tales individuos, que no se esconden para atacar
abierta y públicamente al Movimiento y Régimen español». Para entonces, Juan
ya había catalanizado su nombre por Joan y era el párroco del municipio de
Besalú, a 31 km de Gerona. En los años 60 gestionaba el movimiento scout del
pueblo y aparece señalado como contrario a la OJE. «Su intento ha sido
frustrado por la negativa de los mismos afiliados. Mantiene relaciones tirantes
con nuestro delegado local pese al ofrecimiento sincero de éste para que dentro
de la OJE ejerciese su magisterio, en calidad de director espiritual». El
estudio recoge la frase textual de que «su obsesión son los boy scouts».
Falleció en Girona en 1989.
Al Ayuntamiento de Benaocaz ya han llegado sugerencias
de que se haga con la Casa del Cura, hoy en venta, para explotarla
turísticamente. Sus dueños desconocían que en su propiedad, recientemente
adquirida, hubieran residido el abuelo y el tío abuelo del presidente catalán,
y manifiestan que todavía no tiene un precio de venta en mente.
¿Y qué más le dice Benaocaz a Puigdemont? Domingo
Becerra, además de invitarle a aprender historia, concluye: «Le diría que al
final es como todos los españoles: con media familia republicana y la otra
media, franquista. Pero escríbalo mejor, porque eso no cabe en la pizarra».
COMENTARIO: A mí no me gustan los cotilleos ni
hurgar en la vida de los demás. Pero en este caso está muy justificado porque
los golpistas están continuamente atacando a España y falseando la realidad.
Alguien debe de hacer lo mismo con ellos. No está de más saber que el abuelo y
el tío abuelo de Puigdemont al del Pelucón estuvieron en el bando de Franco.LA RECORTA…



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