Giménez explica que se levanta cada día a las seis y
conecta la televisión pública catalana, TV3. Y dice: "Me inquieta que
acabe mal".
Dalí bautizó la estación de tren de Perpiñán como el
centro del mundo, pero estos días el centro del mundo —del mundo perpiñanés,
sin duda— parece situarse 200 kilómetros al sur, en Barcelona. La tensión por
el proceso
independentista catalán es motivo de discusión en el Consejo
Municipal, hay concentraciones en la calle y aparece casi a diario en la
portada de L’Indépendant, el gran diario de
Perpiñán.
Para muchos París, a 850 kilómetros, queda mentalmente
más cerca que Barcelona, pero estos días Barcelona y Cataluña se han instalado
en el debate local.
Perpiñán es oficialmente la capital del departamento
francés de los Pirineos Orientales. También es la capital oficiosa de la
llamada Cataluña norte, o Cataluña francesa, o Rosellón, la parte de habla
catalana que pasó al Estado francés en 1659. Cuando desde el catalanismo se
habla de Països Catalans o Países Catalanes, su área más septentrional es el
actual departamento francés de los Pirineos Orientales.
Miércoles, 20 de septiembre. Almuerzo con periodistas
y un político en un restaurante céntrico. Llegan las noticias de las
detenciones de altos cargos de la Generalitat. No se habla de otra
cosa.
"Esto de hoy es catastrófico. Puede
degenerar", dice en francés Olivier Amiel, un político conservador,
miembro del partido Los Republicanos y adjunto al alcalde de Perpiñán.
Amiel se declara soberanista. Soberanista francés, se
sobreentiende: partidario de una Francia fuerte y unida. Es catalán, sí, aunque
no habla la lengua, pero ante todo es francés. Explica que algunos le llaman
jacobino. Es decir, centralista.
"Incluso a mí, que soy soberanista, me
molesta", dice en alusión a las detenciones.
El editorial de L’Indépendant,
al día siguiente, refleja el mismo estado de ánimo. "Ayer, el poder
español franqueó una línea roja. La imagen es desastrosa. Indigna. Hasta el
punto de convertirse en el mejor agente de la propaganda de la república
catalana…", concluye el editorialista, Thierry Bouldoire.
L’Indépendant no
tiene nada de independentista: es un clásico diario regional francés, próximo
al territorio y a los lectores, un diario de consensos, el más antiguo de
Francia, fundado en 1846. Ni Perpiñán ni la Cataluña norte tampoco tienen nada
de independentistas. Los partidarios de la secesión catalana son muy
minoritarios, y en todo caso reclaman la independencia de la Cataluña sur. La eventual
reunificación de una Cataluña independiente con los territorios del norte no
figura en ninguna agenda.
"Estoy por la independencia de la Cataluña sur,
pero no es mi lucha para la Cataluña norte", dice en catalán Brice
Lafontaine, miembro del consejo municipal de Perpiñán por el partido
catalanista Unitat Catalana, y responsable local de En marche!, el partido del
presidente Emmanuel Macron. Antes de pensar en la reunificación, argumenta
Lafontaine, habría que reconstruir el sentimiento nacional catalán en el norte.
"De momento, el proyecto político de la Cataluña norte es lo que ustedes
llaman las autonomías, un autogobierno como el de Córcega, previsto por la
Constitución francesa".
El catalanismo mayoritario, en Perpiñán, es más
cultural que político, más folclórico que reivindicativo. Albert Bausil, poeta
rosellonés de principios de siglo y maestro de cantante Charles Trenet,
escribió en 1920: "Somos catalanistas de espíritu, de sentimiento, de
lengua, de tradiciones… Pero ante todo somos franceses".
De los elementos del catalanismo que Bausil
identificaba hace un siglo, la lengua se ha diluido, y la catalanidad puede
consistir hoy puramente en llevar una bandera catalana en los partidos de rugby
o participar en una fiesta tradicional.
"La única condición para ser catalán, aquí, es
decir: 'Je suis catalan'. En francés", dice el escritor perpiñanés en
lengua catalana Joan-Lluís Lluís. "No tienes que demostrar nada más, ni
que lo hablas, ni que conoces la historia de Cataluña. Ha llegado a un nivel de
identidad palpable muy bajo. Es resultado de 300 años de afrancesamiento".
A la vez, precisa Lluís, esta identidad aflora
esporádicamente en protestas puntuales, por ejemplo cuando la región de
Languedoc-Roussillon se fusionó con Midi-Pyrénées y se rebautizó como
Occitania.
La diferencia entre la Cataluña francesa y la española
es que en el norte hubo un proceso histórico de afrancesamiento que en el sur
no ocurrió, o fracasó. "El Estado francés nunca dejó la posibilidad de
elegir. El catalán fue prohibido en la escuela con castigos físicos para los
chavales. La escuela francesa democrática fue de una gran crueldad",
recuerda Lluís. "Y tuvo éxito. Porque además del palo había una
zanahoria". La zanahoria era el ascensor social que entre finales del XIX
y la primera mitad del siglo XX proporcionó la República. Quien hablaba francés
era un ciudadano. España solo ha ofrecido el palo, concluye Lluís, que se
declara "francés administrativo, como hay tantos catalanes que son
españoles administrativos". "Si un día hay la nacionalidad catalana,
la pediré".
Laurent Gauze, un empresario de Perpiñán, es uno de
estos catalanes del norte que se declara "catalán y francés".
"No necesito fronteras para ser lo que soy, para tener una cultura, una
raíces y una ambición", dice en francés. "No me apetece volver 300
años atrás, al tiempo anterior al Tratado de los Pirineos". Gauze, muy
crítico con el independentismo, ve "desde un punto de vista egoísta"
un posible beneficio económico para Perpiñán y su región en caso de
independencia de Cataluña. Cree que la inestabilidad del vecino del sur puede
llevar a empresas y turistas de España a desplazarse a la Cataluña norte.
Perpiñán es catalana por su historia y por los
catalanes de la retirada, los que
cruzaron la frontera al final de la Guerra Civil. Pero también es francesa:
lugar de residencia de jubilados del norte del país y de otros inmigrantes
interiores. Y es gitana y norteafricana: por los inmigrantes magrebíes y
los pieds-noirs, los europeos que
tuvieron que abandonar Argelia tras la descolonización. Hoy muchos votan al
Frente Nacional (FN), el viejo partido de la extrema derecha francesa, que
tiene en los Pirineos-Orientales, como en toda la costa mediterránea de
Francia, uno de sus viveros de votos más fieles.
Louis Aliot, hijo de una pied-noir de origen
valenciano, es diputado por los Pirineos Orientales en la Asamblea Nacional.
También es uno de las figuras más destacadas del FN, y pareja de su líder,
Marine Le Pen. Crítico con la "posición rígida" de los
independentistas y con el referéndum unilateral, también lo es con el
presidente español, Mariano Rajoy y con el PP: "Si hubiesen negociado hace
veinte años, no estaríamos aquí". Diputado en un partido nacionalista
francés que en las últimas elecciones presidenciales proponía sacar a Francia de
euro, dice que observaría "con atención" cómo gestionaría Cataluña
una posible salida de la moneda común.
Aliot conoce al detalle la situación al sur de la
frontera. Visita con frecuencia en el pueblo valenciano de su familia. Y conoce
Cataluña. En verano, él y Le Pen visitan con su fuera borda de siete metros
pueblos catalanes como Port de la Selva o Cadaqués.
"España es un país amigo, y nosotros ya tenemos
suficientes problemas aquí. Así que no vamos a preocuparnos de los de los
demás. En Perpiñán, lo que no quiero es que la agitación catalana, española, se
propague en territorio francés", dice Aliot. "Hay que vigilar".
COMENTARIO: Francia es un estado absolutamente centralista, como
dice el artículo no hubo opción. Por mucho que digan los independentistas, las
regiones españolas, especialmente El País Vasco y Cataluña, han mantenido en gran
porcentaje su personalidad. Joan-Lluís Lluís dice que en Cataluña solo hubo
palo y no zanahoria, lamentablemente en el XIX y gran parte del XX, en toda
España solo palo para todo el país. En Francia el XIX fue el del impulso, en
España con pensar en qué comer había suficiente. En cualquier caso, Cataluña
siempre ha tenido unas condiciones de vida muy superiores a la media del resto
del País. Impuestos que favorecían el monopolio de su industria textil, polos
industriales y el puerto franco, etc., que contradicen el maltrato económico.LA RECORTA…


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