La masa de atrezo
En todos los golpes de Estado hay una parte
populachera; esa en la que el grupo golpista saca a su gente a las calles, ya
sea con una manifestación, una huelga o la toma de edificios. Es la masa
necesaria, de atrezo, construida con propaganda y recompensas. Es esa tropa que
sirve de carne de cañón político, tan necesaria desde un punto de vista
práctico, para el desorden, la violencia y la intimidación, como simbólico, en
una supuesta representación del “pueblo oprimido”. Así ha ocurrido en la
historia del siglo XX cuando una oligarquía ha querido sustituir a otra
saltándose la ley, y está ocurriendo en el XXI.
¿A quiénes sacarán? En la teoría de movilización de
recursos, los golpistas callejeros sacarán a esos dos sectores que controlan, y
cuya capacidad de movilización es mayor. Me refiero, primero, a las supuestas
asociaciones de ámbito vecinal o local, bien dominadas por los cargos
políticos, sus asesores o sus financiados, y, segundo, a los estudiantes, que
están en manos de los independentistas desde los niveles educativos más
tiernos.
Esta es la razón de que puedan formar “Comités de
Defensa del Referéndum” para fiscalizar a los que no voten o estén contra la
consulta ilegal
Esta es la razón de que puedan formar “Comités de
Defensa del Referéndum” para fiscalizar a los que no voten o estén contra la
consulta ilegal, o que los niños hagan el trabajo sucio de los independentistas
colocando banderas o coreando consignas que aprenden en clase.
La batalla de la imagen
Los nuevos movimientos sociales –ya no tan “nuevos”-
se fundan en la idea de que el sujeto del cambio político no es ahora la “clase
obrera”, sino “la gente”. No se busca, por tanto, la foto de la bandera roja
sostenida por un hombre con mono azul y casco de minero, sino la de una persona
corriente, enfurecida por la injusticia, y maltratada por el sistema.
La movilización de vecinos amañados y estudiantes
abducidos permitirá crear una imagen populachera y juvenil, perfecta para el
corte televisivo o la portada periodística. Esta será la tropa que tome los
lugares estratégicos: los “colegios electorales”, edificios emblemáticos y
plazas públicas significativas. Las cámaras estarán esperando ahí el momento
del conflicto, tan buscado por los activistas, para visualizar el antagonismo,
la desobediencia de la gente común contra una ley que tildan de “fascista”
porque no la han impuesto ellos.
El activista, ese revolucionario profesional
En los menguados currículums de los izquierdistas y
populistas a menudo solo hay una referencia profesional previa: activista. Es
más; alguno de ellos pasó del activismo a la asesoría de un cargo público, y de
ahí a otro de representación.
Lenin, contradiciendo a Marx, sentó las bases del
revolucionario profesional: un burgués con ínfulas intelectuales que dedica su
vida a levantar a las masas para alcanzar el poder. El activismo es el nuevo
nombre de esta “profesión”, pero el mecanismo es el mismo. Lo cuenta Slavoj
Žižek, un filósofo marxista de moda: es la puesta en práctica de un compromiso
político y social con la causa de la transformación global.
Para el activista no hay conflicto particular o
aislado, sino muestras del conflicto general, el del capitalismo contra el
pueblo
Para el activista no hay conflicto particular o
aislado, sino muestras del conflicto general, el del capitalismo contra el
pueblo. Esto explica que los izquierdistas de Podemos,
confluencias o la CUP tomen una parte tan activa en una
cuestión en apariencia burguesa: la construcción de un Estado nacional y
capitalista de manos del PDeCAT y ERC. En su manual está escrito que no pueden
quedarse al margen, sino que tienen que tomar partido, visualizar el conflicto
y canalizarlo hacia su objetivo final: la destrucción del sistema. Si
Lenin levantara la cabeza estaría muy satisfecho.
La violencia del activista
La CUP pertenece a la izquierda nacionalista nutrida
de las experiencias de la New Left de los movimientos sociales de las
décadas de 1960 y 1970. Su modelo es Herri Batasuna (“Unidad
Popular”, nombre que los catalanes han adoptado para sus candidaturas). La
presencia de Arnaldo Otegi
y de miembros de EH-Bildu en Barcelona, y la marcha de
autobuses “batasunos” a Cataluña, se debe a algo más que a mera empatía o
coincidencia de objetivos: es la visita del maestro al alumno.
Estos izquierdistas, incluido Podemos y sus
confluencias, consideran que hay una violencia constante y estructural contra
los de abajo
Estos izquierdistas, incluido Podemos y sus
confluencias, consideran que hay una violencia constante y estructural contra
los de abajo. El acto violento se produce por el funcionamiento de las normas
del capitalismo global y de sus Estados. Esa violencia genera una “ justa y
legítima reacción”, ya sea en forma de terrorismo –aquí cabe el
yihadista, pero también el etarra-, o de algarada callejera –por ejemplo, rodear
el Congreso o el Parlamento de Cataluña-.
Esa “violencia legítima” puede tomar la forma de
desobediencia de la “ley capitalista” –el caso de los desahucios, que encumbró a
Colau, es un buen ejemplo-, tanto como las performances en
lugares públicos, los escraches, o la invasión de las redes sociales. Frente a
un sistema violento, dicen, solo cabe la violencia del oprimido. La
legitimidad, por tanto, reside en que se trata de una “reacción popular”, pero
también en el fin perseguido: la utopía, ya sea nacionalista, socialista,
o las dos cosas .
¿Qué hacer, entonces?
Si es seguro que esta violencia, en alguna de sus
manifestaciones, va a hacer aparición en torno al día y a la cuestión del
referéndum ilegal, ¿qué se puede hacer? Dado que el golpe de Estado tiene
dos frentes –el institucional y el callejero-, son dos las tareas: aplicar
sobre los políticos golpistas la contundencia de la ley, incluido el artículo
155 de la Constitución para suspender competencias y convocar
elecciones, y, por otro lado, coordinar las fuerzas del orden para controlar a
los activistas y sus masas de atrezo. Ambas cosas son verdaderamente legales y
legítimas.
Ahora bien: tendrá que haber preparado un plan
político convincente para el día después, porque si no todo habrá sido en vano.
COMENTARIO: Yo le preguntaría al Puigdemont y al
Junqueras si en esta nueva república tan guay que nos quieren montar, si
seguiremos disfrutando del derecho a decidir incumplir las leyes, derecho en el
que se basan ahora para montar este cirio.
También les preguntaría si en esta nueva república tan guay se van publicar o no las balanzas fiscales entre Barcelona y el resto de Catalunya. Más que nada para poder denunciar que Catalunya nos roba a los barceloneses, y que esto no puede ser de ninguna manera.LA RECORTA…
También les preguntaría si en esta nueva república tan guay se van publicar o no las balanzas fiscales entre Barcelona y el resto de Catalunya. Más que nada para poder denunciar que Catalunya nos roba a los barceloneses, y que esto no puede ser de ninguna manera.LA RECORTA…


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