En un pequeño apartamento en Castillejos, en el barrio
de Condesa, uno de estos chicos, menor de edad, tiene una especie de
laboratorio casero donde fabrica el karkubi. Su receta es una bomba: diazepam
comprado en farmacias españolas, harina, hachís espolvoreado y colorante rojo
en gotas. "Esos ejemplos violentos no son los más comunes. La mayoría de
personas que consumen es para ir de fiesta; a otros les relaja. Depende de la
dosis", explica señalando una bolsa llena de fármacos. "Cada día
cruzan la frontera de Ceuta coches cargados con pastillas escondidas en el
aire acondicionado. Me dejan siempre unos pocos comprimidos que uso como base
para hacer el karkubi. El resto los envían a las ciudades de la costa, que es
donde más se consumen". Con una probeta toma las medidas exactas con las
que hace la masa con los ingredientes. De la mezcla saca varias pastillas
diminutas que luego vende en la calle por 20 dirham (2 euros) cada una. Un
viaje cósmico y muy barato. Más aún cuando llega a la capital económica Casablanca,
donde esta droga lleva tiempo causando alarma entre los jóvenes con ganas de
fiesta y entre los niños de la calle. Allí la pastilla roja se encuentra
fácilmente por 10 dirham (1 euro).
Es un fenómeno de tráfico de drogas a la inversa.
Estamos acostumbrados a escuchar las historias del hachís que viene de
Marruecos. En este caso es al revés. El principio activo -el fármaco- con el
que se hace esta sustancia llega al reino alauita desde la Península.
La ruta del Bakalao
"Es como en los años 90 en Valencia con la ruta
del bakalao. La gente antes de ir a las discotecas se compraba su pastilla
por 500 pesetas. Ahora, en Marruecos, sucede lo mismo pero con el karkubi. Es
barato y te coloca en un estado de euforia constante acompañado de
alucinaciones", explica Javier
Molinera, inspector jefe de la Sección de Medio Ambiente, Consumo y
Dopaje de la Policía Nacional. Su equipo, junto con la Guardia Civil, ha
desmantelado este mes una red que falsificaba recetas y compraba
benzodiacepinas en farmacias de toda España que luego llevaban a
Marruecos.
Las cifras que maneja esta banda criminal, integrada
por españoles, marroquíes y sudamericanos, son millonarias: en dos años
falsificaron 50.000 recetas. Con cada una compraban una caja de 60 comprimidos
por cuatro euros. Una vez los pasaban a Marruecos,
vendían cada comprimido por tres euros, sacando nueve millones de
beneficio. En ciudades del norte como Castillejos, la pastilla de
benzodiacepina, sobre todo el clonazepam, un potente ansiolítico con efecto
sedante, la mezclaban con el hachís, obteniendo tres o cuatro karkubis.
"Las benzodiacepinas actúan inhibiendo un sistema
de neurotransmisión cerebral. La rápida suspensión del fármaco produciría un
efecto rebote, provocando una hiperactividad de todos los sistemas que habían
sido atenuados por la presencia de las benzodiacepinas y que ahora ya no
encuentran resistencia", cuenta el doctor navarro Raúl Usechi. "Casi
todos los mecanismos excitativos del sistema nervioso central empiezan a
funcionar en sobremarcha y el cerebro permanece en un estado de
hiperexcitabilidad. Esto genera un efecto paradójico, que mezclado con
otras sustancias como el hachís, puede causar ansiedad, alucinaciones,
irritabilidad, o comportamientos agresivos".
La Policía detuvo a finales de marzo a 18 integrantes
de la banda, a los que se les imputa un delito contra la salud pública, pertenencia
a organización criminal y falsedad documental. Pero desde que se iniciaron las
investigaciones en abril de 2015, 110 personas de la red criminal han sido
detenidas en 40 provincias españolas. "Estaban muy bien organizados. Los
cabecillas se dedicaban desde Cádiz a copiar sellos y recetas de médicos.
Otros, los llamados pasadores, iban por las farmacias de pequeñas localidades,
donde es más fácil colar este tipo de recetas", cuenta el inspector
Molinera.
Robos a los médicos
Tres españoles y dos marroquíes, con antecedentes por
robo y delitos contra la salud pública, encabezaban la banda, que
organizaba todo el entramado desde Cádiz. En sus domicilios tenían la
maquinaria necesaria para la falsificación de recetas privadas. Algunas las
descargaban de la deep web (internet profunda) y otras las robaban
directamente en centros de salud y escaneaban centenares de copias. Después se
las entregaban a sus pasadores, el escalón inferior de la banda, en su mayoría
ciudadanos de Latinoamérica repartidos por toda la Península. Para que no les
pillaran usaban un DNI falso con los datos del paciente que figuraba
en el documento prescrito. Sobre todo compraban cajas de Rivotril (clonazepam).
Y los pasadores cobraban el doble del valor del psicofármaco.
Cuando tenían una gran cantidad de cajas de
medicamentos, los jefes de la banda sacaban las pastillas, las envolvían en
pequeñas bolsas de plástico y las escondían en el interior de vehículos que
cruzaban El Estrecho hasta Ceuta y Melilla. Un paquete de un kilo de estas
pastillas ocupa lo mismo que una bolsa de lentejas, con lo que pasaban la
frontera a Marruecos sin ningún problema.
Aquilino
Alonso, consejero de Salud de la Junta de Andalucía, señala que la
investigación se inició a raíz de una inspección rutinaria en una farmacia
donde detectaron recetas médicas privadas (no de la Seguridad Social) falsificadas,
con las que pretendían comprar clonazepam. También siguieron la pista a la
denuncia de un psiquiatra de Cádiz que alegaba que estaban comprando
medicamentos con recetas a su nombre y número de colegiado.
"El delito más complejo, el tráfico de drogas, se
produce en Marruecos. Aquí la banda lo que hace es comprar un producto
legal utilizando una receta falsificada. Es difícil que pisen la cárcel",
explica la Policía. "Nos consta que llevan tres años sacando el
Rivotril de España. Por eso creemos que el incremento de la venta de
benzodiacepinas en los últimos años (según la Agencia Española de Medicamentos,
ha aumentado un 57% desde principios de siglo hasta 2014) no sólo se debe a que
los españoles estemos más enganchados a los tranquilizantes".
En Marruecos, la alarma por el aumento del consumo de
lo que también llaman "las tabletas alucinógenas" y la "ampolla
roja", no deja de crecer. En Casablanca, por ejemplo, los datos oficiales
hablan de que el 20% de los varones y el 15% de las mujeres jóvenes
consumen este tipo de sustancias. El karkubi triunfa en los barrios más desfavorecidos
y el éxtasis procedente de Argelia, entre los ricos.
Una lacra que arrastra a muchos y que las autoridades
quieren sacar de las calles. Una bomba roja de hachís hecha con fármacos
españoles.
COMENTARIO: Que vergüenza de sistema, de justicia y que falta de
mano dura...Ninguno va a pisar la cárcel, ninguno va a ser deportado, las
fronteras siguen siendo permeables.se deben descojonar de nosotros a cada
minuto…LA RECORTA…


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