Todo comenzó el pasado 1 de noviembre. Amelia se
desempeñaba como policía en la localidad misionera de San Pedro. Estaba
embarazada de seis meses y ese día tuvo un presentimiento. "No viajemos,
si subimos a ese auto será solo para volcar", le dijo a una compañera
horas antes de regresar desde su comisaría hasta Posadas. Sus colegas la
convencieron para que viajara con ellos, pero a medio camino recibieron un
golpe por detrás, el conductor perdió el control y se estrellaron. Bannan
sufrió una grave lesión cerebral y quedó inconsciente, pero el bebé que
esperaba sobrevivió en su vientre y los otros cuatro ocupantes del vehículo
salieron ilesos. Desde ese día, el feto se desarrolló con normalidad mientras
su madre permanecía inconsciente, postrada en la cama de un hospital.
A finales de diciembre, Amelia abrió los ojos, movió
las manos y aunque no era capaz de comunicarse, comenzó a tener contracciones.
Como no dilataba, el 24 de diciembre le realizaron una cesárea de urgencia.
"Nació en Nochebuena, fue un milagro", asegura César. Santino pesó
1,890 kilos y permaneció un mes en la unidad de cuidados neonatales.
"Nació y crece bien, no tiene una complicación de nada. Es un guerrero
total", afirma con orgullo de tío. Pero en esos primeros días, las débiles
señales vitales de Amelia volvieron a apagarse y recayó en el coma. "Era
desesperante. Todos los días era hablarle de cosas nuevas, acercarle al bebé,
pero no había respuesta", detalla, aliviado por "el segundo
milagro" de haber visto a su hermana volver a la vida.
Una evolución rápida
La paciente mejora ahora con rapidez, según el
fisioterapeuta que supervisa su rehabilitación, Roberto Gisin. "Primero
decía sí y no, ahora está logrando contestar preguntas y responder
consignas", explica. Amelia ya puede darse la vuelta sola, mueve las cuatro
extremidades y si no hay contratiempos, Gisin cree que volverá a andar en unos
meses. Aún así, aclara que es aún "una paciente de riesgo" y es
necesario avanzar con prudencia para evitar retrocesos, por ejemplo a la hora
de recuperar la ingesta oral de alimentos, que durante cinco meses fue
sustituida por una sonda.
Su familia es consciente del largo trabajo de
recuperación que Amelia tiene por delante, pero celebran cada pequeño gesto.
"Le dimos un chupetín (chupa chups) y lo lamió", confiesa César. Su
pareja, también policía, pasa todo el tiempo que puede con ella, pero su mayor
estímulo es el bebé, al que besa y acaricia cuando puede tenerlo sobre el
pecho, dos veces al día. En un primer momento no lo reconoció y creyó que era
su sobrino. "Recuerda cada vez más cosas de su infancia, pero no el
embarazo", dice su hermano.
Aún es pronto para saber si el accidente le dejará
secuelas, dicen los médicos, pero en su círculo íntimo rezan para que no sea
así. César agradece las muestras de cariño recibidas y cree que la historia de
su hermana puede ser inspiradora: "Tenemos esperanza y queremos
transmitirla a los que atraviesan una situación similar. Ya vimos que los
milagros son posibles, nunca hay que bajar los brazos".
COMENTARIO: Realmente
más que de Película. No quiero ni pensar que hubiera pasado si hubiera estado
en un PAIS de Primer Mundo en hospitales de vanguardia "modernos" a
lo mejor ninguno de los dos hubiese vivido por la falta de paciencia y fe en
milagros (los hubieran desconectado o abortado).La paciencia siempre da sus réditos…LA RECORTA…


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