18/03/2017: Los flashes suenan en el Despacho Oval.
Ante la insistencia de los fotógrafos, una sonriente Ángela Merkel le dice a
Trump en un inglés perfectamente comprensible: "¿Quieres que nos demos la
mano?". El presidente hace un gesto difícilmente interpretable.
No escucha o no quiere escuchar. Se queda quieto. A pesar del ruido, es imposible
no apreciar un silencio incómodo. Merkel hace otro gesto difícilmente
interpretable.
¿Ha sido a propósito? Quién sabe. Con él, quién sabe
nada. Desde luego la imagen no ayuda a reparar una relación que, aunque Trump
solo lleve dos meses en la Casa Blanca, tiene ya mucho pasado. Cuando era
candidato, le encantaba amenizar sus mítines con esos cuentos de ciudades
europeas tomadas por el islamismo radical en las que ningún blanco está seguro.
Alemania era un objetivo perfecto y su canciller, también. "Solía pensar
que era una gran líder pero lo que ha hecho es una desgracia, ¿en qué demonios
estaba pensando?".
"Lo que ha hecho", por supuesto, es acoger
refugiados. Un pecado capital en el mundo de Trump, claro. Y por supuesto no
podía dejar de ir un poco más allá. "La gente en Alemania se va a levantar. Van a derribar su
gobierno". Música para los oídos de los xenófobos de
Alternative für Deutschland (AfD), con unas elecciones que llegan en unos
meses. Todo eso flotaba el viernes en el ambiente mientras no se daban la
mano.
La "paz americana" que salió de la Segunda
Guerra Mundial se desmorona. A Trump no le importa destruir las alianzas del
pasado o tal vez piensa en alianzas nuevas. Alemania era la gran base
estadounidense para mantener a raya a Rusia durante la Guerra Fría. Todavía
aloja a miles de soldados estadounidense pero, ¿no parece que Trump está más
interesado en mantener a raya a Berlín que a Moscú? Quién sabe.
También el Reino Unido
¿Quién sabe qué es lo que de verdad pretende Trump?
Sabemos que Alemania es la tierra de sus antepasados pero que, como cualquier
estadounidense, se siente mucho más cercano a los británicos. Apoyó, pronosticó
y celebró el Brexit como una "liberación" que presagiaba su propio
triunfo en EEUU. Acertó. Si embargo, no le ha importado insultar también al
Reino Unido en las últimas 24 horas.
Cualquiera que conozca medianamente a Trump sabe que
nunca da marcha atrás. Inventará, porfiará, negará sus propias palabras y sus
propios actos, pero nunca repetirá la fórmula juancarlista de "lo siento
mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir". Trump rara vez rectifica y
rara vez consiente que los suyos lo hagan. Y es ahí donde empieza nuestra otra
crisis diplomática del día.
Hace unos días, en un momento tuitero de
calentón, Trump acusó a Obama de haberle espiado durante la campaña.
Los siguientes días han sido un ejemplo perfecto de su alergia a la
rectificación: el FBI, el espionaje, su propio partido... todo el mundo le ha
dicho que no hay pruebas, que no pasó. Pero él no quiere retractarse ni mucho
menos pedir perdón. En una ridícula defensa de lo indefendible, ha obligado a
los suyos a justificarle con argumentos absurdos hasta que su portavoz leyó en voz alta en la sala de
prensa de la Casa Blanca la teoría de un tertuliano de FOX
News. En ella acusaba a la inteligencia británica de haber espiado a Trump a
petición de Obama para "no dejar huellas americanas".
En Downing Street ya habían tenido que tragarse un par
de sapos de Trump pero esto era demasiado. La agencia acusada, el normalmente
silencioso Government Communications Headquarters (GCHQ) –similar a la NSA
norteamericana– publicaba una
nota para calificar las acusaciones: "Un sinsentido.
Totalmente ridículas y deberían ser ignoradas". ¿Les parece ya una seria
crisis diplomática? Pues esto acaba de empezar.
A las pocas horas se filtra que el portavoz de la Casa
Blanca Sean Spicer y el consejero de Seguridad Nacional de Trump, el
general McMaster, han hablado con el embajador británico y con Londres para
pedir disculpas. "Las ridículas afirmaciones no se repetirán más",
recoge la prensa británica.
Pero dar marcha atrás es un crimen en el universo de
Trump. A las pocas horas la Casa Blanca rectifica la rectificación: en ningún
caso se ha pedido disculpas, sólo se ha tomado nota de las quejas y se ha
reiterado la versión inicial. ¿Qué versión, la del tertuliano de FOX News? Eso
ya da igual.
Así acaba otro día más en la diplomacia estadounidense
de esta nueva era. Una en la que se prefiere ofender a los dos principales
aliados en Europa que dar marcha atrás en una menudencia que se dijo para no
dar marcha atrás en otra menudencia.
Defender la integridad de un tuit presidencial es más
importante que la relación con el Reino Unido. Lo fundamental es no
aparentar debilidad, aunque así se debilite uno más. La era de Trump: quién
sabe.
COMENTARIO: Señores votantes de uno de los 3 países
que constituyen la denominada América del Norte, no se aceptan reclamos o
devoluciones por el mal estado, mental, en que se encuentra la mercancía que Uds.
Mismos seleccionaron. La fábrica ya les había avisado que no se hacía
responsable por la calidad del muñeco rubio.LA RECORTA…


No hay comentarios:
Publicar un comentario