A su vez, el FBI tiene almacenada la mitad de las
caras de la población de EEUU en sus bases de datos, si bien aseguran que sólo
un 20% de dichas fotografías se corresponden con criminales. El
resto, pertenece a carnets de conducir y pasaportes, cuyas fotos se incluyen
automáticamente en la base de datos.
"La tecnología de reconocimiento facial es una
poderosa herramienta para la aplicación de la ley que se puede usar para
proteger a personas, su propiedad, nuestras fronteras o nuestra nación",
asegura Jason Chaffetz, presidente del Comité.
Sin embargo, también apunta que "puede usarse por
malos actores para molestar y espiar a individuos. Se puede
usar de tal modo que perjudique a las libertades de expresión y de asociación
al centrarse en las personas que atienden a determinados eventos políticos,
protestas, iglesias u otros espacios públicos".
El FBI lleva desde el año 2010 recopilando información
biométrica (datos que se corresponden con los atributos físicos de cada
persona), pero no ha informado durante los últimos cinco años de los avances
que han llevado a cabo, algo a lo que cualquier agencia gubernamental está
obligada por ley.
Según parece, el FBI no informa de
cuándo registra información de la población para su base de datos, del mismo modo
que tampoco hay otros organismos que limiten o vigilen cómo actúa en este
ámbito.
Lo más grave, sin embargo, es que el propio FBI no
confía plenamente en sus herramientas y reconocen que no
saben "la frecuencia con la que el sistema identifica incorrectamente al
sujeto equivocado", como expone Diana Maurer, de la
Oficina de Contabilidad del Gobierno.
Según el análisis de la herramienta, tiene un índice
de falibilidad del 15%. Maurer también apunta que "personas inocentes
pueden ser falsamente acusadas, hasta el punto de que investigadores federales
pueden aparecer en sus casas o en sus negocios".
Otro fallo muy importante es que, "si eres negro, es
más probable que estés sometido a esta tecnología, y por tanto,
que falle más a menudo", como aseguraba el congresista Elijah Cummings,
que llegó a apuntar el racismo de la herramienta. "El FBI decide ignorar
que cada vez hay más pruebas de que su tecnología tiene un impacto
desproporcionado en los afroamericanos".
La labor de las agencias gubernamentales de EEUU en lo
que a la privacidad de la población y el tratamiento de sus datos está siendo
puesta en duda cada vez más, y como demuestran informes como el filtrado por Wikileaks, parece haber razones
de sobra para estar preocupados. Organizaciones como esta o personalidades como
Edward Snowden llevan años denunciando la falta de transparencia del gobierno
de EEUU en lo referente a la privacidad de los ciudadanos y a la cantidad de
datos que almacenan sobre ellos, con o sin su permiso.
COMENTARIO: ¿Un programa racista? ¿Ya han inventado
la inteligencia artificial? Un programa no es racista, ni lo contrario, se
comporta tal y como lo gestiona el usuario, en función de los patrones que el
usuario utiliza para hacer la comparación. Solo hay que añadir patrones nuevos
y el programa se comportará de forma distinta.LA
RECORTA…


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