SONIA VIZOSO. Santiago de
Compostela 13 FEB 2017: Las mujeres
de la provincia de Ourense encabezan una triste y misteriosa estadística: son
las españolas más golpeadas por el cáncer de pulmón. “Eso no puede ser por el
tabaco, la culpa es del radón”, afirma, rotundo, desde su despacho de la
Facultad de Medicina de Santiago el investigador Alberto Ruano, que lleva
tiempo siguiéndole la pista a este gas radiactivo, imperceptible, que emana del
subsuelo de buena parte
de la Península y que
se concentra en viviendas y lugares de trabajo, sobre todo en sótanos y plantas
bajas. La Unión Europea reconoce que esa exposición constante al radón supone
un importante riesgo para la salud y, tras 30 años de alertas científicas,
obligará a partir del año que viene al Gobierno español a tomar medidas.
Es en los subsuelos graníticos donde más radón se
genera porque sus rocas son ricas en uranio, el elemento origen de este gas.
Las zonas de
mayor riesgo en España son
Galicia –con las provincias de Ourense y Pontevedra a la cabeza-, un área
importante de Castilla y León, Extremadura, Comunidad de Madrid y ciertas zonas
de Castilla La-Mancha, según el Consejo de Seguridad Nuclear. Lo que hace este
elemento es emitir partículas alfa, muy energéticas, que impactan de forma
continua contra el epitelio pulmonar y multiplican el riesgo de sufrir cáncer,
incluso en mayor medida que el humo ambiental del tabaco, incide Ruano.
Este profesor de Medicina Preventiva dirige junto a
Xoán Miguel Barros el Laboratorio de Radón de Galicia,
que acaba de publicar el mapa más preciso hasta el momento de los puntos
críticos del territorio gallego, basado en 3.000 mediciones. “La práctica
totalidad de Galicia es una zona de riesgo y hay áreas en las que casi todos
los lugares de trabajo tienen esta consideración”, advierte Ruano.
La Unión Europea aprobó en 2013 una directiva
(2013/59/Euratom) que entrará en vigor el año que viene y que por primera vez
obliga a los gobiernos a realizar mediciones en lugares de trabajo ubicados en
áreas de riesgo y mitigar la concentración de radón en los que se registre un
mínimo de 300 becquerelios por metro cúbico, la unidad de medida utilizada con
este gas y que equivale a la desintegración atómica que se produce en un
segundo. Los países miembros deberán además introducir requisitos específicos
en los códigos de edificación que eviten la entrada de este gas en los
inmuebles de nueva construcción y “fomentarán” su reducción en las casas ya
existentes.
Los expertos del Laboratorio de Radón de Galicia se
felicitan de que por fin se exija a la Administración que proteja a los
ciudadanos de este agente cancerígeno pero consideran “insuficiente” el “nivel
de acción” marcado por la UE (300 becquerelios por metro cúbico), teniendo en
cuenta que en Estados Unidos es de 148 becquerelios y que la Organización
Mundial de la Salud fija en 100 la frontera del peligro. En este centro
universitario de investigación recuerdan mediciones en viviendas gallegas en
las que se detectaron hasta 3.000 y 4.000 becquerelios.
El Ministerio de Sanidad ha creado un grupo de trabajo
para redactar un plan estatal de actuación contra el radón “en viviendas,
edificios públicos y lugares de trabajo”. El Ministerio de Fomento tramitará a
lo largo de 2017 un decreto para introducir en el Código Técnico para la
Edificación “exigencias reglamentarias relativas a la protección frente al gas
radón en edificios residenciales”. Los cambios, sostienen fuentes oficiales de
este departamento, incluirán requisitos para las obras que haya que realizar en
inmuebles construidos donde se supere el nivel de referencia que el Gobierno
español determine, que no podrá ser mayor que los 300 becquerelios fijados por
la directiva europea.
Borja Frutos, arquitecto del Instituto de Ciencias de
la Construcción Eduardo Torroja, cree que la nueva normativa contra el radón,
un contaminante “olvidado”, ayudará “a mejorar notablemente la calidad del
aire” de los espacios cerrados sin ser “traumática”, añade, porque el sector de
la construcción “está bien preparado”. “El radón es un desconocido incluso para
muchos médicos en España”, lamenta Ruano. “Y las autoridades españolas hasta ahora
han mirado para otro lado”.
La peligrosidad de este agresor invisible se descubrió
en 1985, cuando Stanley Watras, empleado de una central nuclear de
Pennsylvania, hizo saltar las alarmas del complejo con una insólita radiación
en el cuerpo que no había adquirido en su puesto de trabajo sino en su hogar.
En EEUU se tomaron medidas contra el radón solo tres años después de aquel
incidente y en Reino Unido los niveles de este gas influyen hasta en el precio
de una casa. El modelo a seguir, indican los expertos, es Irlanda, donde se
realizaron entre 2000 y 2005 decenas de miles de mediciones para conocer al
detalle su incidencia en todo el país. Tres empresarios irlandeses fueron
condenados en 2010 a penas de cárcel, señalan desde el Laboratorio de Radón de
Galicia, por no controlar el radón en sus centros de trabajo.
COMENTARIO: Claro que hay que preocuparse, pero con conocimiento.
Hay unos niveles de radioactividad natural y un límite considerado como
peligroso, que está bastante por encima (si no recuerdo mal, cientos de veces).
No es serio decir "esto es radioactivo" y salir corriendo. TODO es
radioactivo: el K40 de las frutas, el C14 de las plantas y animales... Hay
radioactividad desde las épocas de los dinosaurios y aun así, los primates se
convirtieron en humanos. ¿Lo que hay que hacer es preguntarse cuánto? de lo
contrario vendrán vendiendo sus



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