LUCAS DE LA CAL. Madrid
08/01/2017: El vídeo dura menos de cuatro minutos. Hay
cinco chicos de 16 años sentados con las piernas estiradas y los
calzoncillos bajados en el suelo del pequeño salón. Las sillas están
apartadas en un lado junto a la mesa de madera negra. Encima hay un cenicero
con cigarrillos apagados, dos botellas de ron barato, Fanta de limón y vasos
de mini medio llenos.
Tres chicas, también menores, apuran los últimos tragos
antes de empezar y una de ellas pone el cronómetro en el reloj. La que lo graba
todo no para de reírse y de animar soltando un « ¡Vamos, que se les va a
bajar!». De fondo suena Ricky Martin. Empieza el juego.
Las chicas se desnudan de cintura para abajo y se
sientan encima de tres de los chicos forzando la penetración sin
preservativo. A los 30 segundos cambian de pareja. Y así dos veces más. El
vídeo termina. El juego no. Lo hace minutos después cuando uno de los
chicos eyacula. Ha perdido.
La escena transcurrió hace unos meses en un piso de
Fuenlabrada. Lo llaman el «juego del muelle». También la «ruleta sexual». No
debe causar alarma, no es la nueva moda sexual entre los adolescentes
madrileños. No ha llegado a ese nivel. Y seguramente nunca lo haga. Pero esta
práctica no es un bulo. Existe y se hace con más frecuencia de lo debido. El
rumor de que este juego ha llegado desde Medellín (Colombia) se extiende por
las comisarías de la capital. En los hospitales los médicos hablan
de cuatro menores embarazadas en 2016 por esta práctica.
«Es algo relativo, imposible de comprobar, pues ellas
no nos lo cuentan», dicen los médicos. Lo que sí se han encontrado son más
casos de adolescentes con enfermedades de transmisión sexual. «Eso lo
hemos constatado y es alarmante en la unidad de adolescentes. Hemos pasado de
atender dos o tres casos al año a tener 10 menores en un trimestre. Una
barbaridad», explica Pilar Lafuente, ginecóloga del Hospital La Paz, quien
asegura que los menores quieren ser adultos demasiado pronto, sin saber lo que
implica una relación sexual y sin un control paternal.
La historia de G. no es un rumor. Tiene 17 años y hace
unos meses abortó. Ella asegura que se quedó embarazada un fin de semana en la
casa que los padres de un amigo tienen en la Sierra de Madrid. Eran dos chicas
y cuatro chicos. Se emborracharon y jugaron al muelle.
«No era consciente de que podía pasar, pero... al no
usar condón, hicimos varias rondas hasta que solo quedara uno... Fue una
tontería. Ya habíamos jugado más veces y nunca había sucedido nada», relata la
joven. Uno de sus amigos eyaculó dentro de ella. «A mis padres les dije
que había sido un accidente con mi novio. Menos mal que ya ha pasado. Vaya
susto. No lo hemos vuelto a hacer», explica.
El caso de esta menor no es el único. «El
problema es que se unen inconsciencia e inmadurez. Con una buena educación
sexual de base esto no sucede», asegura Ana Lombardía, psicóloga y sexóloga,
que reconoce haber escuchado hablar mucho en los últimos meses del juego del
muelle y de sus consecuencias.
«Los adolescentes están empezando a normalizar este
tipo de prácticas y crean una relación de desigualdad entre los niños y las
niñas. Son ellas las que se suben encima, van girando. Ellos controlan la
eyaculación, en ningún momento se piensa en el placer. Se lo toman como algo
divertido, otro juego más, una práctica de poder. Las chicas se prestan a ello
porque quieren demostrar estar más liberadas sexualmente. Y los chicos
compiten entre ellos para ver quién es el más macho, el que más aguanta»,
explica Ana.
Desgarros y heridas
«Hacen un mal aprendizaje de la sexualidad», añade la
sexóloga. «Los chicos luego pueden tener problemas de erección, de control de
la eyaculación. Pero la peor parte es para ellas. El dolor que les está
suponiendo ser penetradas sin estar excitadas les produce vaginismo; la vagina
está contraída y así se producen desgarros y heridas».
No solo eso. María Luz García es jefa del servicio de
Pediatría del Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés. «El juego del
muelle es muy peligroso, sobre todo para las chicas, que están totalmente
indefensas. Aunque el chico se ponga preservativo, ellas son las que van
rotando y entran en contacto con las secreciones de las demás. Y, claro, luego
aparecen el VIH, la Hepatitis C, sífilis, gonorreas, el Virus del Papiloma
Humano (VPH)... Los adolescentes son cada más precoces y acceden antes al
consumo del alcohol, las drogas y al sexo. Se aburren rápido y buscan otras
formas alternativas de divertirse sexualmente», afirma la doctora.
Hablamos con uno de los chicos que jugaba
al muelle en el vídeo de Fuenlabrada. R. dice que han practicado el
sexo de esta forma varias veces, desde que el pasado verano se empezó a
difundir por WhatsApp un mensaje que explica cómo se juega. «De nuestro grupo
normalmente lo hacemos más chicos que chicas porque a muchas de ellas no les
apetece. Lo pasamos bien y no usamos protección porque no se disfruta
igual», añade.
COMENTARIO: Ser menor de
edad por tener 17 años no implica ser inmaduro o inconsciente. Vivimos en un
infantilismo generalizado a consecuencia de la carencia de unos valores,
mientras en los países nórdicos, EEUU o Rusia la gente se independiza a los 20
en España alargamos la infancia hasta los 40. Así nos va.LA RECORTA…


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