MARÍA MARTÍN Río de Janeiro.
31 DIC 2016: La supuesta desaparición y muerte del embajador griego en Brasil, Kyriakos
Amiridis, mientras pasaba sus vacaciones en Río de Janeiro, ha acabado por
parecerse a una telenovela macabra con capítulos de maltrato, desesperación,
infidelidades y dinero de por medio.
La Policía Civil de Rio, que resuelve apenas 16% de
los homicidios que caen en sus manos, ha conseguido en este caso recrear en
tiempo récord lo que ocurrió de la noche del lunes que, supuestamente, Amiridis
desapareció, hasta la tarde del jueves, cuando un coche apareció carbonizado
con un cadáver dentro. El vehículo, con la misma matrícula que el alquilado por
el diplomático, estaba bajo un puente en Nova Iguaçu, el municipio de la región
metropolitana de Río en la Baixada Fluminense donde la familia Amiridis pasaba
sus vacaciones de Navidad, a 48 km de la playa de Ipanema.
La trama cuenta con tres protagonistas, todos
detenidos temporalmente por asesinato: la viuda del embajador, Françoise
Amiridis, de 40 años; su amante de hace seis meses, el policía militar Sérgio
Gomes Moreira, de 29 años; y el sobrino y cómplice de éste, Eduardo Moreira, de
24 años. La policía, que aún no puede afirmar cuál es la motivación del
asesinato, está convencida de que el trío tramó la muerte de Amiridis un día
antes de ocurrir. Así lo confesó el sobrino, que fue generoso en sus
declaraciones al verse traicionado por su tío cuando la policía tocó a su
puerta. El joven declaró que la viuda le ofreció 80.000 reales (23.666 euros)
por deshacerse de su marido y él aceptó. Para él, joven de clase baja sin
profesión informada, aquello era una fortuna.
El lunes por la noche las cámaras de seguridad de la
urbanización donde vivía el matrimonio captaron al tío y al sobrino entrando en
la residencia familiar. Ya en el salón, el policía declaró que se peleó con
Amiridis tras recriminarle las agresiones constantes que propinaba a su amante.
La pelea se fue de las manos y el embajador, según la versión del agente
sospechoso, sacó un arma (que la policía no ha conseguido hallar) y le apuntó.
Él, dijo, acabó asfixiándolo en “defensa propia”. El delegado responsable del
caso, Evaristo Pontes, ve esta hipótesis “altamente improbable” y se inclina
por la tesis de que el policía ya fue a la casa con la intención de matar y que
el embajador fue gravemente herido, ya que los investigadores encontraron una
mancha de sangre en el sofá del salón.
Tras matarlo, los Moreira envolvieron su cuerpo en una
alfombra y lo cargaron en el asiento trasero del coche que Amiridis había
alquilado. Las cámaras lo grabaron, eran casi las tres y media de la madrugada.
La viuda niega su presencia en la casa durante el asesinato, pero el sobrino la
incriminó al afirmar que antes de que ellos consiguiesen salir de casa con el
cadáver ella llegó del centro comercial con su hija de 10 años. La pequeña no
vio nada, pero su madre llegó a exigir rapidez en la tarea. Françoise lo niega,
y también que conozca a su supuesto cómplice, pero sí ha confesado que supo del
asesinato al día siguiente, cuando vio la mancha de sangre en el sofá y pidió
explicaciones a su amante.
Tras el asesinato, el policía militar, nervioso, dejó
a su sobrino y condujo el coche de su víctima sin rumbo. Decidió, por fin,
esconder el vehículo – aún no se sabe dónde – con el cuerpo dentro (en un
verano con una sensación térmica de casi 50 grados) hasta decidir qué hacer.
Pasaron cerca de 24 horas hasta que el sospechoso optó por quemar el coche y
disfrazar aquello de rutinaria violencia urbana. Para
ello, el policía involucró otra persona, un mototaxista que tuvo que llevarlo a
comprar gasolina y que, así como un mendigo estaba por ahí, vio el incendio del
vehículo.
Una vez (mal) destruidas las pruebas, la mujer decide
ir a la comisaría el miércoles para denunciar la desaparición de su marido, con el que estaba
desde hacía 15 años. Allí dijo que desde el lunes no sabía nada de él y que,
aunque es normal que el diplomático salga de casa sin dar explicaciones, era
raro que no llamara a su hija. La mujer no cuenta todo esto a los policías
sola. Tiene a un lado a su amante y al otro, un abogado, lo que dispara
rápidamente las sospechas de los agentes. Los investigadores entonces convocan
a la pareja a unas cuantas entrevistas más, con el supuesto objetivo de seguir
el rastro de Amiridis, y los amantes caen enseguida en un puñado de
contradicciones, convirtiéndose en principales sospechosos.
El caso, aunque tuvo una respuesta rápida, revela
muchas preguntas que la policía tendrá que responder antes de 60 días, tiempo
máximo para poner en libertad a los sospechosos. ¿Por qué los amantes
decidieron matar al embajador? ¿Querían solo estar juntos o hay dinero, bienes
y seguro de vida de por medio? Las cámaras grabaron a los dos hombres entrando
en la casa de la víctima, pero ¿confirman la versión del sobrino de que la
viuda también estaba dentro? ¿Dónde escondió el policía el coche sin que nadie
lo descubriese? Y más… ¿En qué estaba pensando la mujer cuando fue a denunciar
la desaparición del marido acompañada de su amante?
COMENTARIO: Ah!!! Ahora se comprende: El embajador, cómo el 99,9%
de los hombres, apalea constantemente a su mujer, y el amante, claro, pertenece
a esa clase de hombre raro, noble hasta lo quijotesco, es de los pocos que no
apalea a las mujeres ni es capaz de matar a una mosca, sino que se esfuerza por
defender a las mujeres indefensas. Y trata muy educado y parsimonioso cómo un
cura de llevar al embajador al buen camino: respeto a la mujer. Cosa imposible,
claro, cómo bien se sabe todo hombre es un maltratador y propenso a asesinar al
que le cante las cuarenta. Gracias a dios pudo el policía defenderse
acertadamente. Esperemos que las asociaciones de feministas brasileñas, al
menos las que suscriben que la culpa es siempre del hombre, aunque sea por no
haberse apartado a tiempo cuando le dispararon, les ayuden, a él y a ella, a
que se libren de la venganza machista que significa la justicia (en mano de
jueces y fiscales mayoritariamente hombres)LA RECORTA…


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