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jueves, 1 de diciembre de 2016
El secreto de la casa heredada: oro en los zapatos, bajo el suelo... Viajamos hasta el pueblo de Francia donde un vecino cuyo nombre nadie sabe halló 100 Kg de oro en una casa que heredó Su familiar había convivido más de 50 años con el tesoro escondido
MARÍA D.
VALDERRAMA01/12/2016: El hombre
al que aquel día sonrió la suerte se había vuelto loco desmontando la casa tras
descubrir una caja de botellas de whisky fijada debajo de un mueble con oro en
su interior. No era la única. Los viejos zapatos del difunto, guardados en el
armario, estaban cargados de monedas de oro; había tablas del parqué
sueltas bajo las que se amontonaban más lingotes. Incluso detrás de las
paredes...
Los vecinos del municipio normando de
Évreux, a unos 100 kilómetros al oeste de París, saben que uno de ellos es
ahora millonario. Pero no saben quién. La ciudad se despertaba el 18 de
noviembre con la portada del periódico local La Dépêchecubierta de oro,
metafóricamente, para revelar que uno de sus ciudadanos acababa de encontrar en una
casa heredada tras la muerte de un familiar un botín de 100 kilos del preciado
metal, vendido ya al precio de 3,5 millones de euros.
La historia abre muchos interrogantes,
especialmente cuando el afortunado se niega a revelar su identidad y
nadie sabe, por tanto, las paredes de qué hogar albergaron durante 50 años
semejante tesoro sin que ni siquiera su familia estuviera al corriente de su
existencia. Este Señor X, o señor Goldfinger, según se prefiera, había heredado la
casa familiar de un pariente directo y, siguiendo los procesos administrativos,
realizó una tasación de los bienes junto a Nicolas Fierfort, responsable de la
casa de subastas de Évreux. Fierfort puso un valor económico al inmueble,
situado en el centro de la ciudad, y se marchó. Aquel fue un día de trabajo
como otro cualquiera. Una casa más.
Algunos días después, Fierfort recibía una
llamada del notario de su cliente: había encontrado oro en la casa. Estaba escondido por todas partes. "¡Yo no
había visto barras de oro en mi vida!", se sorprendía Fierfort ante la
prensa local que hizo el descubrimiento un mes después de la venta.
La historia se mantuvo en el más estricto
secreto. En principio, tan sólo tres personas conocían el
descubrimiento: el señor Goldfinger(dedo de oro), que tuvo el honesto reflejo de avisar a
su notario y a Fierfort del hallazgo, los otros dos conocedores de la historia.
Por seguridad, era mejor que aquello no se supiera en el municipio, de unos
49.000 habitantes.
Fierfort hizo el inventario: siete lingotes
de un kilogramo, dos barras de oro puro de 12 kg cada una, 3.100 monedas de 20
francos en oro, otras 1.500 de 20 francos suizos y 500 de 20 dólares. En la
mayor discreción, el subastador encontró compradores en Luxemburgo, París y el
sur de Francia que reportaron 3,5 millones de euros al vendedor.
Ni un solo rumor recorrió el municipio
durante semanas hasta que alguien se fue de la lengua. "¿Sabes de lo que
me he enterado? Alguien ha encontrado en una casa familiar 100 kilos de
oro", le contaron a Charles Giovacchini, el redactor jefe de La Dépêche.
"Fierfort me confirmó la historia y la
venta", confía Giovacchini a Crónica en su despacho. Estos últimos días, Goldfinger se plantó
de nuevo en la oficina de Fierfort para quejarse de su falta de discreción ante
los medios. A pesar de que su nombre no ha salido en ninguna noticia, de la que se ha hecho eco toda la prensa nacional y
medios internacionales como la BBC, su identidad corre peligro. Los rumores son irremediables. Por esto mismo Fierfort
ha declinado hablar con este periódico a pesar de los múltiples intentos.
"Ya he dicho que no tengo nada más que añadir. Muchas gracias. Buenas
tardes". Y cuelga.
"Se acabará sabiendo, es irremediable
en un sitio como Évreux", dice Giovacchini intentando hacer un perfil del
misterioso hombre que debía disfrutar ya de una cierta comodidad económica,
pues su pariente había comprado el oro en los años
50 y 60. Todos los certificados
de autenticidad y compra se encontraban también en la casa.
La Segunda Guerra Mundial se cebó con
Évreux, que acabó prácticamente derruida por los bombardeos alemanes, al
principio, y más tarde por los aliados. Junto a las casas y los comercios,
todos los monumentales edificios del centro histórico, la catedral, la cámara
de comercio o la estación de trenes, quedaron destruidos. Tan sólo la torre del
reloj se mantuvo en pie.
A finales de los 40 y durante los 50, la
ciudad fue siendo poco a poco reconstruida con la ayuda estatal pero también
con la solidaridad de otras urbes, como Grenoble, que ofrecía además apoyo
social acogiendo campamentos de los niños de Évreux en los Alpes. Pudo ser en
esa mentalidad de mantener siempre un refugio, una seguridad, una escapada ante el horror, cuando
un adinerado vecino del municipio decidió ir forjando un tesoro que mantener en
el más estricto secreto.
Una ocultación cuya confesión le costará al
heredero buena parte de la riqueza. Si el 45% de los 3,5 millones de euros irán
a pagar el impuesto de sucesiones, Goldfinger tendrá que hacer frente al impuesto sobre la
fortuna que su familiar no pagó. De hecho, el notario y él se encuentran en plenas
negociaciones para que la tasa sea lo menor posible, tenida en cuenta la honradez del afortunado, que
podría haberse guardado el secreto de su ancestro.
Mientras tanto, los vecinos de Évreux viven
la alegría del misterioso vecino como propia. El ejemplar del periódico del 18
de noviembre se sigue vendiendo en los principales quioscos de la ciudad. "¡Venga, saca los millones!" o
"¿No serás tú el del oro?", se han convertido en frases comunes, en la broma local ante la dificultad, de momento, de
dar con el susodicho millonario. A falta de poner rostro al afortunado o de
ubicar la casa de los 100 kilos de oro, los comercios y restaurantes en torno
al ayuntamiento y la rue Grenoble, la principal arteria de la ciudad, han
servido de plató televisivo estos días, cuando la prensa acudía a cubrir la
noticia. No es la única pregunta sin respuesta que corre por esta ciudad
industrial: "¿Y qué harías tú si te encuentras 100
kilos de oro?", le pregunta
una vecina a la quiosquera que calla, con la mirada perdida en el cielo. ¿Y si
la casa dorada no fuera la única?
COMENTARIO: Ya lo cantaban Monty Phyton, venimos a este mundo sin
nada, desnudos, y nada nos llevamos al otro. Noticias como ésta demuestran
hasta donde llega la estupidez humana. Y cuantos se morirán con cuentas en
paraísos fiscales, Suiza y similares, con buenas sumas de dinero que no
disfrutarán nunca. Me parece de alabar la actitud de gente como Sting.
Disfrutar de la vida, gastando todo lo posible, con cabeza, y lo quede para los
hijos. Porque las propiedades, por ejemplo, quedarán. Pero la pasta, todo lo
que pueda, para gastar.LA RECORTA…
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