IGNACIO ZAFRA. Valencia 6 DIC 2016: Convirtió un
pequeño pueblo pesquero de la costa valenciana en la meca del turismo de masas
de sol y playa en Europa. Pedro Zaragoza, alcalde de Benidorm entré 1951 y
1967, fue un hombre inteligente, arrollador y excesivo que diseñó una ciudad
preparada para la revolución del turismo de clases medias que se avecinaba en
el continente europeo. Un documental recupera ahora su figura poniendo de
manifiesto sus logros y también la falta de consistencia de algunas de las
leyendas que él mismo alimentó.
Pedro
Zaragoza (1922-2008), fue amigo de la familia Franco y alojó en su
casa a la esposa del dictador, Carmen Polo. Antes de que eso llegara, supo
adivinar que aunque el régimen desconfiara del turismo, por los riesgos que
entrañaba para la seguridad relajar las fronteras y por la influencia que los
visitantes podían ejercer sobre la sociedad española, la necesidad de divisas
del país acabaría imponiéndose, como ocurrió. Y que, de la misma forma, el
Gobierno terminaría aceptando cambios rompedores para la época como el bikini,
cuyo uso autorizó unilateralmente en las playas del municipio a partir de 1952.
La materia prima estaba ahí. El documental El hombre que embotelló el sol, dirigido por Óscar Bernácer y
producido por Jordi Llorca, no dibuja un visionario. Sino un hombre que supo
detectar las grandes posibilidades de una costa mediterránea española
prácticamente virgen en el momento adecuado. Cuando el nacimiento del Estado
del Bienestar, las vacaciones pagadas y el nacimiento de los tour operadores
empezaban a hacer factible viajar al extranjero a las clases medias de los
países al norte de los Pirineos.
Unos años en los que los turistas llamaban a las
puertas de Benidorm literalmente. En el pueblo de la provincia de Alicante
había apenas un par de hoteles y alguna pensión a principios de los años
cincuenta, y los visitantes proponían a los vecinos que les dejasen alquilar
una habitación. El alcalde apostó por crear oferta planificando una ciudad para
decenas de miles de turistas en un municipio que no llegaba a 3.000 habitantes.
Pedro Zaragoza se inclinó por un destino vertical y
hotelero. El documental recrea la escena en la que el arquitecto catalán Juan
Guardiola planteó supuestamente las tres formas en que podía levantarse la
nueva ciudad jugando con un paquete de tabaco, y cómo apostó por la que
permitía mayor aprovechamiento del suelo.
Promoción entre los lapones
Apoyándose en el testimonio de expertos en turismo,
hoteleros, urbanistas, historiadores de la economía, sociólogos, antiguos
cargos municipales y familiares de Zaragoza, el documental cuenta la innovación
que Benidorm protagonizó en la promoción turística española, que hasta entonces
se limitaba prácticamente a las campañas del Gobierno.
Zaragoza llenó Alemania de carteles que indicaban
cuántos kilómetros quedaban para llegar a Benidorm. Se coló en la prensa
nórdica yendo a recoger a una familia de lapones, a la que paseó junto al mar
con sus trajes tradicionales. Llevó ramas de almendros en flor a los
escaparates de las capitales escandinavas cubiertas de nieve en enero. Y regaló
botellas de vino en cuyas etiquetas aparecía el sol a centenares de
personalidades del continente, incluida la reina de Inglaterra. El alcalde
también dirigió su ingenio a captar la incipiente demanda turística española.
Invitó de una tacada a gastos pagados a 60 matrimonios vascos recién casados.
Y, tomando como modelo lo que sucedía en Italia, instituyó el Festival de
Benidorm, certamen de música ligera que significó el despegue para cantantes
como Julio Iglesias y Raphael.
Realidad y ficción
El alcalde Pedro Zaragoza contó en infinidad de
ocasiones que viajó al Pardo en Vespa para convencer a Franco de que
consintiera que las turistas europeas usaran bikini en Benidorm. Una apertura
que consideraba imprescindible para el despegue del destino turístico. El
documental El hombre que embotelló el sol revela, sin embargo, que no hay
constancia oficial de visitas del alcalde a la residencia del dictador.
El regidor también aseguró que el Arzobispado de
Valencia le abrió proceso de excomunión por permitir el bañador de dos piezas,
pero el registro oficial no lo recoge.
Tampoco hay constancia de que permitiese el uso del
bikini por decreto. Los testimonios creen más bien que, fiel a su pragmatismo,
Zaragoza pidió a los policías locales mirar hacia otro lado.
COMENTARIO: Un tipo de turismo que da mucho dinero y
permite que otros lugares sigan conservando su encanto porque no va tanta
gente. El problema del turismo no es el sol y playa sino cómo saber gestionar
ese sol y esa playa, las condiciones laborales en régimen casi de semi
esclavitud, la relación del turista con el resto de ciudadanos...LA RECORTA…



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