ALBERTO ROJAS. Madrid
17/12/2016: La ciencia militar gasta montañas de
dinero en diseñar misiles guiados por láser, drones espía, cazas invisibles y
bombas inteligentes. Pero hay algo que sigue sin poder resolver: la toma rápida de grandes ciudades sin pérdidas
humanas.
Alepo es la última de esas grandes ciudades en sufrir
un largo asedio y de convertirse, a su pesar, en monumento al dolor y la resistencia. Desde el 10
de febrero de 2012, cuando se produjeron los primeros disparos en el contexto
de la rebelión contra Bashar Asad, han pasado casi cinco años en
los que la guerra se ha ido encanallando hasta superar cualquier norma
establecida sobre respeto a los civiles. Se ha decapitado a prisioneros ante
las cámaras, bombardeado escuelas y hospitales, se ha usado material prohibido
como los letales barriles bomba o armas químicas y se ha llevado a una
población al límite del hambre y la ausencia de medicinas para matarla
lentamente. Más de 2.000 años de
existencia han quedado reducidos a ruinas.
Hasta ocho fuerzas aéreas o ejércitos de ocho estados
diferentes han participado de una u otra manera en su destrucción, además de
milicias kurdas, cristianas, yihadistas, rebeldes y mercenarios extranjeros. La
lista de muertos supera los 30.000, aunque dejaron de contarse el año pasado. La
violencia contra las ciudades como Alepo esconde una estrategia ideológica, demográfica
y política. La memoria colectiva de sus símbolos, sus
plazas públicas y sus calles son objetivos a destruir. Reducir a escombros los
barrios residenciales de donde salen los rebeldes asegura que nunca puedan volver a sus casas.
Es la manera contemporánea de matar las ciudades desde el bombardeo de Gernika
en 1937, el gran ensayo de la guerra mecanizada actual. Los últimos testigos de
esa destrucción en Alepo, unos cientos de sitiados, aún permanecen en el
interior de dos distritos rodeados por el ejército sirio. Ayer, volvió a cancelarse su evacuación por enésima
vez mientras que una niña
bomba de siete años activaba su carga explosiva en el centro de Damasco
hiriendo a más de 20 personas.
El urbicidio de
Alepo, con varios asedios consecutivos, es el más largo de la Historia moderna
y ha quedado a la altura de los sitios de
Numancia, Troya o Siracusa. Su imagen polvorienta y agujereada, como de ciudad
destruida por gigantes, quedará para siempre asociada a otros monumentos
urbanos a la infamia.
COMENTARIO: Lo que es infame es la guerra, quienes
la provocan, quienes ayudan a los que la hacen, porque Assad y Putin serán
malos, de acuerdo, y entienden la democracia a su modo, de acuerdo, pero los
que luchan contra ellos son peores y la democracia, no es que no la entiendan,
la desprecian. Y son peores porque hay que ser malo, muy malo, para hacer que
niños se inmolen sólo para matar contrarios. Y desde luego, con la tecnología
actual, supongo que las guerras van a ser así: bombardeos masivos con aviones
no tripulados y los civiles que no puedan o no les dejen marcharse los paganos
del asunto. Triste humanidad que se vuelve inhumana porque algunos quieren
alcanzar o conservar el poder.LA RECORTA…



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