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viernes, 4 de noviembre de 2016
La renovación era esto Siete ministros se mantienen y la portavocía de Méndez de Vigo es la principal novedad
FERNANDO GAREA. 4 NOV 2016: Lo que se ha llamado el nuevo ciclo político
que tanto nos ha entretenido durante meses es, finalmente, que Soraya Sáenz de
Santamaría, Rafael Catalá, Cristóbal Montoro, Íñigo Méndez de Vigo, Fátima
Báñez, Isabel García Tejerina y Luis de Guindos sigan de ministros.
La regeneración y renovación era esto.
El presunto fin de una etapa es solo que
salgan del Gobierno el reprobado Jorge Fernández Díaz, José Manuel García Margallo
y Pedro Morenés, estos dos últimos de vuelta de casi todo desde hace mucho
tiempo.
La voluntad de cambio de Rajoy, presidente gracias a la
abstención del PSOE, se resume en la incorporación de Dolores de Cospedal,
Alfonso Dastis, Juan Ignacio Zoido, Íñigo de la Serna, Álvaro Nadal y Dolors
Montserrat.
El anunciado peso de Cospedal es que entra
en uno de los llamados ministerios de Estado y no político, difícil de
compaginar con la secretaría general de un partido. Gana presencia
institucional, pero pierde política. Tendrá el mismo peso que tenía Morenés.
La renovación es que el Gobierno tenga un
nuevo portavoz, aunque sea un ministro como Íñigo Méndez de Vigo que ya estaba en el Gobierno. De
hecho, el esperado nuevo perfil político del Gobierno queda en la imagen y la
voz del ministro de Educación, no reconocido por su pertenencia al núcleo duro
político del Ejecutivo y el PP. Su capacidad de comunicación está por
descubrir.
El relevo generacional comentado en el PP es
Íñigo de la Serna. Solo él.
La sorpresa es Alfonso Dastis, diplomático
ajeno a la política.
El reequilibrio anunciado es que la vicepresidenta pierde la portavocía y, por tanto, se le
quita exposición y también
refuerza su posición en la gestión territorial. El nuevo enfoque al problema
territorial es reforzar lo que se ha dado en llamar la Brigada Aranzadi o
gestión legal y judicial frente al desafío soberanista en Cataluña.
El giro económico es que se mantienen
Montoro, Báñez y De Guindos, este con competencias reforzadas. Y se
incorpora Ávaro Nadal, alma desde La Moncloa de la política económica de la
legislatura de la mayoría absoluta. El cambio que se ha llevado al PSOE por
delante era esto.
Con Zoido en Interior, Rajoy desafía el
aforismo apócrifo del mal resultado de los jueces en ese ministerio. Y por la p
de paridad no viene nada en el diccionario del PP.
Además, Rajoy no sabe destituir. Espera
siempre a que dimitan como ocurrió con Alberto Ruiz-Gallardón o José Manuel
Soria. Le cuesta mandar a alguien a casa y para él ha debido ser todo un
disgusto tener que desprenderse de Jorge Fernández. Le acompañó como secretario
de Estado en Educación, en Moncloa y casi en todos los cargos que ha ocupado en
su larguísima trayectoria política.
El presidente no es muy partidario de
desprenderse de nadie. Es conservador en el más literal de los significados. Ya
tuvo Rajoy el gesto de humor negro de poner sobre la mesa a Ciudadanos como
primera opción el nombre de Jorge Fernández para presidir el Congreso. Y
eso que se había publicado ya la grabación en Público con sus manejos para
desprestigiar adversarios políticos y, por eso, sólo hizo falta media sonrisa
de Albert Rivera para que el líder del PP lo retirara.
Se va sin dar cuenta al Congreso sobre esos
hechos y a la espera de una comisión de investigación ya aprobada y que se debe
constituir en breve.
Ahora solo hay que esperar a saber qué
retiro le toca al reprobado exministro del Interior, como ya estuvo a punto de
hacer con José Manuel Soria, dimitido por mentir para ocultar sus relaciones
con paraísos fiscales. Por cierto que quien ejecutó el nombramiento de Soria y
luego dio diferentes versiones en el Parlamento fue Luis de Guindos, ahora
reforzado en el Gobierno.
Muchos meses después del inicio del presunto
ciclo político, Rajoy sigue siendo Rajoy. Estos días lo ha demostrado con tres
gestos de personalidad reforzada: un discurso duro de advertencia el sábado
antes de ser investido en el Congreso; un plazo de cuatro días para que sus
fans digan lo de que “maneja los tiempos como nadie”; un final de incertidumbre
con comunicación en el último momento y un Gobierno en cuyo diseño no se ha
vuelto precisamente loco.
"No pretendan imponerme lo que no puedo
aceptar", dijo el sábado antes de recibir votos y abstenciones de otros
grupos y con este Consejo de Ministros intentará gobernar y si no cree que no
puede ya sabe dónde está el punto débil de los demás, sobre todo del PSOE: en
las urnas.
Rajoy es Rajoy y será siempre Rajoy, con
mayoría absoluta o sin ella. Y con un Gobierno sin brillo.
COMENTARIO: ¿Abstenerse sin posibilidad a algún acuerdo previo que limitara o
modificara el programa de PSOE-Ciudadanos? Eso ya lo ha hecho ahora el PSOE con
la abstención sin contraprestaciones del Pp y ya vemos adonde está llevando al
PSOE, a su total destrucción. No me parece una opción inteligente para ningún
partido que quiera tener un peso en la oposición, se llame este partido Podemos
o PSOE. Al contrario, la experiencia de lo que está pasando con el PSOE indica
que los de Podemos hicieron bien en no admitir una abstención sin condiciones.
Hubiera sido visto por sus votantes como una simple y llana claudicación. Que
el PSOE se venda y no le importe perder miles de votos (se ve que le sobran) no
implica que los demás partidos deban hacer lo mismo. Si uno quiere que le voten
o que se abstengan, ese uno será quien tendrá que ofrecer algún pacto o algo
atractivo para que el otro partido se avenga a esa abstención...Aunque en este
país a Rajoy le haya bastado con sentarse con los brazos cruzados y esperar que
Felipe González le arregle la investidura, hay que entender que esto no es
normal.LA RECORTA…
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