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miércoles, 16 de noviembre de 2016
El auge del odio "Eres una escoria humana, vete a dormir al vertedero" Las cifras del odio
ISABEL F.
LANTIGUA. Madrid
16/11/2016: La autopsia reveló que Steven Frank
(51 años) murió ahogado con su propio vómito. Pero el cadáver de este
vagabundo, encontrado hace unos días en el andén de Cercanías del aeropuerto de
Málaga, revelaba más cosas. Que antes o después de su muerte -la investigación
sigue en curso-, había sido humillado sin motivo aparente. Que se mofaron de él
y le dejaron expuesto para que otros también se burlaran. Que para RAISFundación, además de lo que le sucedió, fue también
víctima de aporofobia, el delito de odio hacia las personas pobres. Frank
apareció con los genitales dentro de una lata de atún, con dos lonchas de jamón sobre su glúteos, los
calzoncillos bajados y las manos y pies atados con bridas a un banco. "Un
trato indigno para cualquier ser humano", expresan desde esta Fundación
que vela por las personas sin hogar.
La OSCE (Organización para la Seguridad y
Cooperación de Europa) publica este miércoles, Día contra la Intolerancia, un informe sobre los delitos de
odio, con datos relativos a 2015 proporcionados por 41 países. Pero
de todos ellos, España -que se sitúa en el puesto número ocho en cuanto a cantidad de este tipo de delitos (con 1328
registrados el año pasado)- es el único lugar que contabiliza los producidos
por aporofobia.
"Hay tanto desconocimiento de este
fenómeno que es difícil saber cuántas agresiones hay. Primero porque las
propias víctimas no denuncian porque piensan que no las van a tomar en cuenta.
El hecho de que la aporofobia no esté incluida en el Código
penal -aunque hay una
proposición no de Ley para introducirla- y de que ni siquiera los organismos
internacionales que observan los delitos de odio reconozcan como tal los cometidos
hacia las personas pobres, indica el estado del problema y lo mucho que queda
por hacer", reconoce a EL MUNDO Maribel Ramos, coordinadora del Observatorio de Delitos de Odio
contra Personas Sin Hogar. En la actualidad, más de 30.000 personas en España están sin casa. En la madrugada del pasado sábado 8 de octubre, una
mujer que dormía en la calle sufrió una grave agresión en Daroca (Zaragoza).
Fue apedreada por dos personas que luego volvieron para intentar prenderle
fuego. Le salvaron la vida unos vecinos, pero lo ocurrido no es un caso
aislado. De hecho, "este elemento, el fuego, es muy característico de la
aporofobia. Quemar las pocas
pertenencias de las personas sin hogar e, incluso, prenderles fuego a ellos mismos, porque se les considera basura", reconoce Ramos.
Este odio hacia los pobres parte de
"los mitos y prejuicios que tenemos hacia ellos, de la intolerancia, de
que les atribuimos rasgos tan negativos que casi lo primero que hacemos cuando
vemos a alguien durmiendo en un banco por la noche es cambiarnos de acera por
miedo. Les consideramos escoria. Carecemos de empatía hacia ellos y por eso pasamos
aunque presenciemos una agresión. Los datos muestran que dos de cada tres personas no actúa cuando ve un
delito por aporofobia",
continúa la coordinadora.
De todos los delitos de odio, esta experta
considera que aquellos cometidos hacia las personas pobres son los más invisibles y las víctimas las que más
desprotegidas están. "Celebramos
la diversidad sexual, la diversidad étnica, pero no podemos celebrar la diversidad de la pobreza". Por eso, "la solución a este problema
debe ser integral y comenzar por condenar el hecho de que en pleno siglo XXI,
en España haya personas sin hogar. Dejar de mostrarnos indiferentes a la
realidad de que cada vez haya más gente durmiendo en la calle", afirman
desde RAIS.
Aunque las agresiones físicas son las que se
identifican de forma más rápida, "hay otras actitudes que dañan a la
persona de forma más grave. Que te hagan pis encima, por ejemplo, algo que sufren a menudo las personas
que duermen en la calle, que te insulten todo el tiempo, que te llamen
'puta', 'guarra' sistemáticamente o te griten "escoria, vete de aquí o te
matamos" , que te tiren
un bote de pintura y te marquen durante semanas, etc.", cuenta Ramos.
"Invisible no eres, porque te ven, pero
con asco y con miedo", corrobora Laura, una mujer sin hogar que ha sufrido
aporofobia. Los datos que maneja
RAIS Fundación muestran que cada 20 días muere una persona sin hogar en España
como consecuencia de una agresión.
Miedo a denunciar
Según el nuevo informe de la OSCE, Reino Unido es el país donde se registran más
delitos de odio (62.518 en 2015),
seguido a mucha distancia por EEUU (6885), Países Bajos (5288), Suecia (4859), Alemania (3046), Francia (1790), Finlandia
(1704) y España (1328). De todos ellos, los cometidos por racismo y
xenofobia son los más numerosos en casi todos los países estudiados.
Prácticamente todos los países han
documentado más delitos de odio en 2015 que en el año anterior. Pero desde la
OSCE matizan que "no quiere decir necesariamente que hayan aumentado, sino
que ha mejorado el sistema de registro de estos
delitos y
que la sociedad se ha concienciado más".
Desde este organismo destacan como uno de
los retos en la lucha contra estos crímenes que "muchas víctimas no cuentan que han
sufrido un delito de odio. Las
razones son varias, desde el miedo a represalias hasta las barreras con el
idioma o malas experiencias previas".
Según afirma Maribel Ramos, "tan sólo
un 13% de las personas que han sido víctimas de delitos de odio lo
denuncian".
Racismo y el discurso del odio
Realidades como el Brexit,
en Reino Unido, o la victoria de Donald Trump en
Estados Unidos, han avivado el "odio" contra el extranjero. En este
último país, desde el miércoles pasado se han contabilizado
más incidentes de amenazas, intimidación y asaltos contra las minorías que en
las semanas previas. En el
último año, el número de crímenes de odio en Estados Unidos ha aumentado un 6%,
según un informe publicado esta semana por el FBI Un 59,2% de las víctimas de
crímenes de odio han sufrido ataques por motivos raciales.
En España se cumplen ahora 24 años del primer crimen racista en el país o, al menos, del primero considerado como tal. Fue el
de la dominicana Lucrecia Pérez, que llevaba muy poco en España cuando en noviembre
de 1992 cuatro encapuchados entraron en la discoteca Four Roses de Aravaca (Madrid), donde se
congregaban inmigrantes, y la dispararon a bocajarro. Lucrecia, de 32 años,
murió en el acto. Los acusados reconocieron después en el juicio que no se
trataba de ningún "ajuste de cuentas", sino que "querían dar un
escarmiento a los negros". Ya las pintadas que habían aparecido en la
fachada abandonada del local daban una idea de su rechazo: "Negros fuera" o "Stop Inmigración"
Un fenómeno que preocupa a las
organizaciones que luchan contra estos delitos es el del discurso del odio o hate speech, definido
por el Comité de Ministros del Consejo de Europa como "toda forma de
expresión que difunda, incite, promueva o justifique el odio racial, la
xenofobia, el antisemitismo u otras formas de odio basadas en la
intolerancia".
"En las redes sociales este discurso
del odio es un caldo de cultivo para pasar a acciones mayores y reflejan un
sentir de la sociedad", reconoce Maribel Ramos, que también alerta de los delitos cometidos por "ideología". Según los datos del Ministerio del Interior, de los
1328 incidentes por odio registrados por la Policía en 2015, 308 fueron por este motivo, el segundo más
numeroso tras los de racismo y xenofobia (505).
En cuanto al perfil del agresor por odio
"es difícil definir un tipo concreto, pero sí es común que sean jóvenes
que salen de fiesta y actúan en grupo".
COMENTARIO: A veces el odio se expresa de forma sutil y es difícil
demostrarlo. En cualquier caso en este tipo de actitudes se debería incidir en
la prevención, educando en el respeto a los demás, sobre todo a los más
débiles. Es repugnante e inhumano. No existen palabras para descifrar estos
actos.
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