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sábado, 29 de octubre de 2016
Rajoy se verá obligado a someterse al Parlamento tras cuatro años de mayoría absoluta Lo que sube baja: es la ley de la gravedad. Salvo los globos de helio, que ascienden hasta que explotan: es la ley de la presión. Ambas vienen al caso Un Gobierno que tuvo una mayoría absoluta imbatible en el Congreso deviene ahora en un Goliat desprotegido
MARISA CRUZ- Madrid. 29/10/2016: Primera obligación del antaño gigante:
negociar con los rivales, ejercer el arte de la persuasión porque la amenaza ya
no sirve, ofrecer las zanahorias porque los palos se han agotado. Al nuevo
Ejecutivo de Mariano Rajoy no le queda más salida si quiere
sobrevivir. Con 137 diputados no tiene garantizada la legislatura. Ni de lejos.
La época de las victorias de calle en el Parlamento ha llegado a su fin. Los
liliputienses son numerosos y Gulliver está atado.
El nuevo Gobierno, para empezar, no cuenta
ya con fuerzas suficientes para frenar las arremetidas que en forma de
comisiones de investigación -sobre Gürtel, la corrupción y la financiación
ilegal del PP, la primera- lanzará la oposición. Hasta ahora, siempre que se
planteó la creación de un órgano de este tipo en el seno del Congreso, los
populares cortaron de raíz la iniciativa. Y lo mismo sucede con las peticiones
de comparecencia de los miembros del Gobierno, incluido el presidente, para dar
explicaciones o rendir cuentas.
Con mayoría absoluta, disponían de la fuerza
suficiente en la Junta de Portavoces de la Cámara para acabar de un plumazo con propuestas de este tenor
porque en este órgano, primer filtro de las iniciativas que se tramitan en el
Parlamento, se toman las decisiones de acuerdo con el criterio del voto
ponderado. El PP, en
consecuencia, dinamitaba todas las aspiraciones.
Ahora, esto ha terminado. Existen múltiples
combinaciones de voto alternativas capaces de imponer su criterio sobre el del Partido Popular, incluso pasando por encima de los a veces
alambicados informes esgrimidos por el Gobierno para pertrecharse de argumentos
y revestir de razonamientos jurídicos lo que el resto de las fuerzas
parlamentarias consideraba un simple rodillo.
Se acabó también el recurso, fácil para un Ejecutivo con mayoría absoluta, de gobernar a golpe de decreto
ley. A partir de ahora el control que ejerce la oposición sobre las
disposiciones del Gobierno con fuerza de ley es mucho mayor. De hecho, si
existe mayoría absoluta, esta posibilidad de control es prácticamente
inexistente.
Los reales decretos ley han de ser
convalidados o derogados por el Pleno del Congreso en un plazo no superior a 30
días desde su promulgación por parte del Ejecutivo y su publicación en el BOE.
Un ministro argumenta ante la Cámara las
razones del Gobierno en defensa del decreto ley y los grupos parlamentarios
explican sus posiciones a favor o en contra del mismo. Se entiende convalidada
la norma si los votos a favor superan a los emitidos en contra. Una vez
convalidado el decreto ley por el Pleno, existe la posibilidad de que sea
tramitado como proyecto de ley, lo que abre la puerta a que la oposición lo
enmiende. No obstante, esta vía también queda a expensas del voto mayoritario,
de manera que hasta el pasado 20 de diciembre, el Gobierno del PP con sus 186
diputados sólo la permitía en función de su conveniencia.
No quiere decir esto que el Gobierno ahora
vaya a enfrentarse continuamente a un bloqueo. Sería necesario para ello que se
encontrara en soledad y que el resto de los grupos fueran capaces de ponerse de
acuerdo entre sí. Una circunstancia esta última que tampoco se presume fácil,
al menos en algunos terrenos, habida cuenta de la discrepancia prácticamente
completa en las formas y en el fondo entre, por ejemplo, Ciudadanos y Podemos.
La moción de censura es difícil. En España
se han presentado dos y fracasaron
En todo caso las opciones para la oposición
están sobre la mesa, algo que en la legislatura de la mayoría absoluta no
sucedía. Una posibilidad que también cuenta a la hora de pretender la demolición
de parte del edificio de leyes construido por el PP: Ley de Educación, reforma
laboral, Ley de Seguridad Ciudadana...
Por lo que se refiere a las llamadas
proposiciones de ley, aquellas que entran al Parlamento de la mano de uno o más
grupos parlamentarios, el Ejecutivo, aun cuando esté en minoría, conserva la
capacidad de veto pero sólo si se da la circunstancia de que la norma en
cuestión afecta al cuadro de Presupuestos, es decir, implica un aumento de los
gastos o una disminución de los ingresos.
Todo indica que en esta legislatura, salvo
que Rajoy y sus ministros hagan una auténtica exhibición de capacidad para
negociar, el Gobierno asistirá a muchos jueves de pasión perdiendo votaciones.
El peligro será mayor en caso de que los asuntos a tratar deban ser objeto de
una ley orgánica, porque para aprobarla es imprescindible el voto a favor de la
mayoría absoluta del Congreso. En estos casos, el PP tendrá que conseguir el
acuerdo no sólo de C's, sino también del PSOE porque, dando por hecho que los pactos
con las fuerzas independentistas catalanas serán muy difíciles, no bastaría la
suma con el grupo de Rivera y el PNV.
El arma que sí conserva en su mano el
presidente del Gobierno es la facultad de poner fin al mandato y convocar
elecciones. Esta posibilidad no podría activarla en ningún caso hasta
principios del próximo mes de mayo. La ley establece un periodo de un año desde
la disolución anterior de las Cámaras para poder repetir este acto.
Rajoy ha manifestado su intención de no
recurrir a la convocatoria anticipada de elecciones por intereses partidistas.
Rechaza hacerlo en función de sus cálculos electorales o de una hipotética mala
situación de sus adversarios políticos. El líder del PP descarta, al menos de momento, una aventura así.
Sabe, también, que la amenaza de la moción
de censura no es fácil de cumplir, ya que este acto requiere de la presentación
de un candidato a la Presidencia alternativo. Es decir, los grupos pueden
tumbar a Rajoy siempre y cuando coincidan, sumando mayoría absoluta, en apostar
por otro líder. Las diferencias evidentes en la oposición será una baza que sin
duda el presidente utilizará a su favor. En la historia de la democracia ha
habido dos mociones de censura: contra Suárez, presentando como candidato
alternativo a Felipe González, y
contra el propio González, presentando como alternativa a Antonio Hernández Mancha. Ambas fracasaron.
Rajoy se dispone así, con la artillería
menguada, a acometer una misión difícil para la que se requiere voluntad de
entendimiento y equilibrio ideológico. Tendrá que recuperar el manual de 1996
cuando, en el Gobierno Aznar, era él el hombre de la negociación permanente.
COMENTARIO: Cuando dijo Rajoy, creo que fue el jueves, que
a lo mejor le hubieran beneficiado unas terceras elecciones, me quede de
piedra. No se puede ser tan prepotente y tomarse a cachondeo el repetir
comicios. Yo personalmente, veo que la situación económica está muy complicada,
como para que este hombre se dé el lujo, de decir semejante afirmación. Ahora a gobernar a golpe de decreto... Y con
mayoría absoluta en el Senado, el PP puede devolver al Congreso todo lo que no
le guste sin aprobarlo. Es decir estamos igual, o peor que antes.LA RECORTA…
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