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viernes, 30 de septiembre de 2016
Rescatar al bipartidismo en unas terceras elecciones o por qué a Rajoy no le interesa tanto la caída de Sánchez
MARIO BECEDAS. 30/09/2016: Apenas hablaron
unos minutos y en teoría sólo ellos dos saben lo que se dijeron en aquellas
reuniones, pero a tenor de los últimos acontecimientos pareciera que Mariano
Rajoy y Pedro Sánchez se hubiesen puesto subterfugiamente de acuerdo en algo
que se empezaba a deslizar tímidamente en los círculos políticos: unas terceras
elecciones podrían dar oxígeno al bipartidismo. Hasta hace una semana, tanto Rajoy como Sánchez eran conscientes, por
cómo se desarrollaban los hechos y por estudios internos de los partidos unidos
a otros como el último CIS, que unas terceras elecciones en diciembre servirían
tanto para reforzar una mayoría consolidada del PP en el Congreso así como para
que el PSOE pudiera reducir a Podemos y recuperar fuerza como líder de la
oposición.
Una coyuntura que, si bien parece
descabellado pensar que fuera pactada entre ambos partidos, pasaba
implícitamente por el desacuerdo entre ambos, ya que tanto PP como PSOE son los
dos actores clave a la hora de desbloquear la situación, tanto en un sentido
como en otro. Al menos así era hasta que, entrada esta semana, el PSOE estalló
por los aires y cayó una pata de esta posibilidad manifiesta.
Las 17 dimisiones en le Ejecutiva del PSOE
para forzar el cese de Pedro Sánchez y la resistencia de éste a dejar el
liderazgo del partido han provocado una guerra interna de la que la formación
difícilmente pueda salir bien parada y recuperar credibilidad de cara a
concurrir en unas terceras elecciones en caso de que el todavía secretario
general -para algunos sí, para otros no- consiguiese aguantar al frente.
De igual modo, si en el PSOE se impone la
voz de los críticos, se constituirá una gestora que negociaría una abstención
técnica con Rajoy, una decisión que cortaría por lo sano la posibilidad de una
repetición electoral en la que Génova sabe que sacaría una mayoría superior a
la actual que les permitiría gobernar con más soltura y no estar tan sujetos a
la fiscalización de Ciudadanos y del propio PSOE.
Precisamente, en elEconomista.es se informaba esta semana de que un
importante sector del PP corroboraba que una tercera repetición electoral
permitiría al partido reforzarse y distanciarse más de sus rivales al
evidenciar síntomas de agotamiento en los 'nuevos partidos', Podemos y
Ciudadanos.
La dinámica electoral favorable al PP en el
último año, ascendiendo desde su caída a los 123 diputados en diciembre a los
137 escaños en junio y materializándose también en su éxito electoral en
Galicia amén de haber resistido el embate empatando con el PSOE en el País
Vasco y reabsorbiendo mucho voto de Ciudadanos, supone una clara constatación
de esta tendencia, que en la formación confían en consolidar con un más que
probable aumento de la abstención en diciembre, especialmente del electorado de
izquierdas cansado de las disputas internas y externas de sus partidos.
Igual que al PP le atraía la posibilidad de
encaramarse a los 150 escaños tras un año en el que el clima de protesta no ha
terminado de larvar en las urnas, en el PSOE más cercano a Sánchez se esperaba
que las estadísticas del partido en Madrid el 26J, que demostraban que Podemos
se desgastaba y que algunos votantes de izquierdas descontentos con el discurso
de Pablo Iglesias volvían a otorgarles su confianza, sirvieran para apuntalar
al partido como primera opción tras el PP.
Aunque conscientes de que, hoy por hoy, el
PSOE no tiene capacidad para superar electoralmente al PP y es harto difícil
cualquier combinación de "Gobierno del cambio", el equipo de Sánchez
contemplaba las terceras elecciones como una posibilidad, muy arriesgada, eso sí,
de que el partido se acercara de nuevo a la barrera psicológica de los 100
diputados y dejase atrás a un Podemos dividido entre 'pablistas' y
'errejonistas'.
Cuestiones del destino, al ser el PSOE el
que primero ha quedado partido en dos, la posibilidad de terceras elecciones se
trunca y Rajoy se vería obligado a gobernar muy pendiente de Ciudadanos y de
los socialistas, y estos últimos a negociar, con su grupo parlamentario
totalmente fragmentado, constantemente con el PP. De la misma forma, en caso de
que cayera Sánchez y aún así hubiera terceras elecciones, Podemos podría
absorber el suficiente voto del PSOE como para reequilibrar la balanza y que el
PP no se distanciase tanto como pudiera pretender.
En cualquier caso, si Sánchez resiste las
presiones y sale respaldado por la militancia quizá quede lo suficientemente
reforzado como para llegar a unos eventuales comicios en diciembre que
ratifiquen esta 'no apuesta' de los dos grandes partidos. Por algo dijo Rajoy
en un reciente mitin en Galicia que "si hay que ir a elecciones, se va, y
el PP ganará con muchos más votos" y por algo pidió ayer Génova a los
suyos que también se abstuvieran, pero de valorar la situación del PSOE.
COMENTARIO: No se si al PP le interesa o no la caída
de Sánchez. Pero si es lo que va conseguir, pasé lo que pase, al cargar sobre
sus espaldas la responsabilidad en exclusiva de que Mariano pueda o no formar
Gobierno.
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