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lunes, 5 de septiembre de 2016
Porque le da la gana. La promoción de Soria al Banco Mundial es una mezcla de torpeza y de arrogancia que retrata a Rajoy en su cesarismo.
RUBÉN AMÓN. Madrid 5 SEP 2016: El PP no se
consuela con el Gobierno. De vez en cuando coloniza la oposición y
construye armas incendiarias contra sí mismo. Lo demuestra
el escándalo de Soria. Que no es un gol en propia meta, sino un
golazo. Por el momento en que trasciende —el día de la investidura— y porque ni
el más sofisticado estratega del PSOE hubiera elaborado un argumento tan
poderoso ni providencial: el ministro
"panameño" evacuado por el propio Gobierno en el laberinto de las
mentiras es
rehabilitado en la gloria del Banco Mundial.
No cabe enunciado más indigerible para la
sociedad española: Banco Mundial. A la reputación depredadora de los bancos se
le añade un adjetivo de connotación planetaria. El Banco Mundial, aunque no lo
sea, simboliza en el imaginario colectivo una especie de atrocidad capitalista,
un organismo demoníaco que dirigen en la sombra personajes facinerosos. Y no es
que los ciudadanos conozcan exactamente la vocación filantrópica de esta
institución financiera ni su responsabilidad crediticia con los países en
desarrollo, pero cualquier aclaración al respecto no hace sino remover las
entrañas. Mandar a
Soria al Banco Mundial es como canonizarlo, especialmente cuando
trascienden sus honorarios mensuales —16.000 euros ¡netos!— y cuando el
Gobierno trata de encubrir el ascenso en los pormenores de una prosaica
cuestión técnica.
Es un esfuerzo voluntarioso y baldío. O una
tomadura de pelo. De acuerdo con el Gobierno, el Gobierno
nada ha tenido que ver con su propia decisión. Y Soria habría
accedido al puesto de Washington en un proceso aséptico y mecánico, más o menos
como un retrato robot que cumple todos los requisitos, incluido el bigote y el
parecido a Aznar. ¿Quién mejor que un experto en paraísos fiscales para combatirlos?
El sarcasmo y la unánime escandalera resumen
en sí misma la inverosímil torpeza de Mariano Rajoy con el calendario y con la
sensibilidad social, aunque esta decisión incendiara, aprovechada por
Ciudadanos en la pedagogía de su alejamiento, también obedece a la arrogancia
del presidente en funciones. Soria es uno de los suyos. Lo considera la víctima
de un linchamiento. Le debe —cuentan— favores embarazosos. Y ha decidido no ya
indultarlo, sino colocarle unos laureles para marcar territorio, reivindicarse,
Rajoy, como una figura autocrática y soberbia. Porque le da la gana.
Cuesta trabajo entender la operación desde
presupuestos convencionales. El PP conspira contra sí misma en una tormenta
perfecta, a no ser que el verdadero objetivo de esta cacicada política y
estética consista en proporciona argumentos a sus aliados y antagonistas para
forzar las elecciones.
COMENTARIO: Lo peor de todo es que a la gran mayoría de los
votantes del PP esto no les hace cambiar el voto, o al menos abstenerse. De cuando un título
vale más que mil palabras. Genial.
LA RECORTA…
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