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domingo, 11 de septiembre de 2016
Bajo el cuchillo de Sor Aya
Pedro J. Ramírez-11.09.2016: La última vez que vi juntos a Soria y Guindos fue una
vez que almorzamos en Sigüenza poco antes de que estallase el caso Bárcenas. Se
me han quedado grabados los comentarios displicentes de ambos cuando les mostré
un video blog del economista liberal Jesús Fernández Villaverde que me acababa
de mandar mi hija Cósima desde la universidad de Brown. Lo singular no era que
Villaverde comparara la eficiencia de la gestión municipal norteamericana con
la hipertrofia política de nuestros ayuntamientos, sino que de repente ambos
miraran desdeñosamente a quien había sido hasta entonces una de sus referencias
intelectuales. ¡Cómo se les había subido a la cabeza el cargo de ministros!
Habían dejado de ser los inconformistas siempre receptivos e inteligentes que
traté durante años para convertirse en dos seres arrogantes asomados a la
balconada del Olimpo del poder.
La conducta de Soria ya me había llamado la
atención cuando un día en su despacho del ministerio comentó burlonamente que
algunas de mis tesis sobre la utilidad de la mayoría absoluta de Rajoy coincidían
"con esas cosas que va diciendo Aznar". Diantre, pensé para mis
adentros, pero si esta criatura se ha pasado década y media dándoselas poco
menos que de sosias de Aznar hasta el extremo de imitarle en el recorte del
bigote para fomentar que les confundieran. Pronto quedó claro que aquel
atractivo alcalde de Las Palmas que con tanto ahínco buscaba complicidades
ideológicas y afinidades personales para proyectarse hacia Madrid ya no se
acordaba de nadie una vez conquistada la cima. Era un caso extremo del síndrome
del mal de altura.
A Guindos le pasó otro tanto desde que
inauguró su ejecutoria ministerial degollando a su antiguo jefe y mentor
Rodrigo Rato para que el nuevo César (Borgia) tuviera a quien achacar la crisis
financiera. Enseguida dejó claro que había ingresado en el consejo de
administración de Mariano Rajoy SA y que era consciente de que su manera de
medrar en la organización, a costa de Montoro y otros rivales, consistía en ser
más marianista que Mariano. Cuando divulgué los SMS a Bárcenas, el proactivo
impulsor de la libertad de expresión se transmutó en otro mono amnésico de los
que se tapan los ojos, los oídos y la boca. Hasta ahí llegó la amistad.
Estos dos se creían "the best and the
brightest". Soria mató a Aznar y Guindos a Rato para convertirse en
puntales del llamado G-8 al que se adscribieron los ministros que se jactaban
de su intimidad personal con Rajoy. Pretendían ser una especie de guardia
pretoriana, al modo de los jesuitas, con voto de lealtad al Papa, en
contraposición a los dominicos o "sorayos", asentados en resortes de
poder como el CNI o los grupos mediáticos.
A la hora de la verdad no hemos asistido a
disputas teológicas entre dos órdenes religiosas con valores espirituales
diferentes, sino a una guerra sórdida e implacable entre bandas rivales
equivalente a la que nuestra consejera Cruz Sánchez de Lara ha descrito este
fin de semana en su impactante testimonio sobre la lucha por el control del
puerto colombiano de Buenaventura, entre los ayes que brotan de las casas de
pique en las que se descuartiza a los adversarios. Con la diferencia
de que en el fango del PP de Rajoy ni siquiera surgen Mariposas como
ese admirable grupo de mujeres que lucha por dignificar la vida en su ciudad.
El desmembramiento de Soria se ha producido
en dos fases, en un proceso que recuerda bastante a lo que los guerristas
hicieron con Mariano Rubio durante las dos etapas del caso Ibercorp. No hay peor
tortura que el sadismo de los puñales amigos cuando van procediendo al despelleja
miento primero, a la mutilación de la víctima después, empezando con leves
objeciones a su conducta, elevando luego el tono de la crítica, estirando la
agonía hasta asestar las puñaladas que afectan a los órganos vitales. Sólo
queda hacer desaparecer el cuerpo y en cuestión de semanas nadie recordará tan
siquiera que existió un Icaro canario lo suficientemente osado como para
acercarse demasiado al sol.
El desmembramiento de Soria se ha producido
en dos fases, en un proceso que recuerda bastante a lo que los guerristas
hicieron con Mariano Rubio
En su labor descuartizadora el clan de los
"sorayos" ha contado esta vez con la impagable colaboración de cuatro
barones regionales que o se juegan su futuro este mes en las urnas (Feijóo,
Alonso) o dependen de un aliado regeneracionista (Cifuentes) o bien tenían
viejas pendencias con el finado (Herrera). Está por ver si tal coalición
procederá con igual coordinación y saña contra Guindos, aunque este haya
cosechado tantas enemistades como su difunto amigo. En todo caso, cuando uno
entra en una casa de pique, como lo será para él la próxima semana la comisión
de Economía del Congreso, es poco menos que imposible que salga entero y el ministro
cabeza de huevo ya lleva unas cuantas cuchilladas en el cuerpo. Sólo le
faltaban las revelaciones de EL ESPAÑOL sobre el favoritismo de Jiménez Latorre
a la consultora Oliver Wyman, de la que procedía, cuando era su número dos.
¿Era eso un ministerio o una lonja de tráfico de influencias?
Decapitada Ana Mato, autodestruido
Gallardón, exiliados Cañete y Wert, institucionalizada Ana Pastor, ejecutado
Soria, abierto en canal Guindos, deambulando cual muerto viviente Jorge
Fernández... "¿los infantes de Aragón qué se fizieron?". Como dice
Jorge Manrique en su insuperado poema mortuorio "¿qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención como trajeron?". De aquel G-8 solo queda vivo
el gallo Margallo, crionizado en el éter de su propia vanidad.
La pérdida de todos esos alfiles ha supuesto
para Rajoy ir quedándose sin piernas, brazos, ojos y orejas. En el fondo es él
quien al conceder una tras otra esas cabezas, creyendo que la suelta de lastre
le permitiría seguir a flote, se ha visto debilitado y reducido a la condición
de peso muerto. La inanidad estafé mica con la que pasó en horas veinticuatro
de defender con aparente vehemencia el nombramiento de Soria a aquietarse ante
el ajuste de cuentas impuesto desde sus propias filas, no ha pasado
desapercibida para nadie. Rajoy ya ni siquiera tiene capacidad de proteger a
quienes cometieron pecados mucho más veniales que los suyos. Del "no te
fallaré nunca" hemos pasado al date por fallado, mientras desde la
ultratumba se hace oír lo voz del fundador: "Mi querido amigo, usted sólo
acierta cuando rectifica".
Rajoy ya ni siquiera tiene capacidad de
proteger a quienes cometieron pecados mucho más veniales que los suyos
Algunos en Moncloa están celebrando ya la
liquidación de Guindos como candidato alternativo para el imaginable órdago
otoñal del PSOE: la abstención a cambio de la retirada de Rajoy. El aún
ministro de Economía era -demos por reproducidas mis razones- el hombre idóneo
para una operación que habría colocado al PP entre la espada de una descomunal
gresca interna y la pared de ser identificado como el culpable de las grotescas
terceras elecciones. Ahora sólo quedarían el gallo Margallo con un 0,1% de
posibilidades y Soraya con un 99,9.
En realidad para la vicepresidenta, llegados
al punto en el que nos encontramos, la toma formal del mando es casi una
cuestión irrelevante. Los hechos han demostrado que ella es quien maneja todos
los resortes del poder, desde las cloacas a los areópagos. A su disposición
están no sólo la administración y el grupo parlamentario popular -Génova ya no
es más que una casa embrujada do vaga Cospedal- sino el CNI con su
escalofriante fuerza intimidatoria y, atención, TVE, el grupo Prisa y Atres
Media. A Cebrián y a Mauricio Casals, quien por cierto acaba de contribuir a
hacer más rico todavía a uno de sus clientes sanitarios, los tiene
trincados por el flanco de los negocios y los demás diosecillos de la fauna
mediática anhelan obtener el permiso para rendirle sus servicios a cambio de
las migajas que caen de su mesa. Aunque lo esencial es que en la España de hoy
no hay quien, con un mínimo de arboladura, se atreva a desafiar a los cuchillos
de su sanguinaria casa de pique.
Algún día habrá que reconstruir paso a paso
-menudo libro tienes ahí, Ymelda- cómo esta Annie la Huerfanita que entró de
puntillas en el grupo parlamentario popular se ha convertido en un aya
tremebunda, con ademanes no de menina sino de Mari Bárbola velazqueña. Su
protector de entonces es ahora ya su protegido. Cada mañana sube al árbol a dar
los gritos de ritual -"¡Voglio una donaaa!", "¡Quiero una
investiduraaa!"- pero cada tarde a la hora del crepúsculo la diminuta
monja felliniana sube a recogerlo para darle cobijo, como a un can herido, bajo
sus plantas.
COMENTARIO: Desde mi punto de vista este tipo de personas, como
Soraya, que se pasan el día peleando contra no se sabe qué o quién, no
construyen nada serio y cuando abandone el cargo no habrá logros que recordar.
Lo mismo que Aznar. Muy buena la imagen de Mar agallo. Cada vez me recuerda más
al gallo Claudio, por lo que habla y hace. Excelente pero triste. Da miedo este
país siniestro. Si no fuese por el sufrimiento de tanta gente de buena fe
también daría risa. No va más tanta mediocridad.LA
RECORTA…
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