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lunes, 29 de agosto de 2016
Las tres negaciones de Pedro
José A. Vara: Esto se leía este viernes en los titulares de algunos periódicos: “PP y
Ciudadanos presionan e impugnan la candidatura de Otegi”. “Junqueras presiona
a Colau…”. “El gobierno de Andorra niega presiones…”. “Rivera
presiona a Rajoy con un ultimátum”. “El alcalde de Vigo no cede a las presiones
de Ferraz”. La presión, en política, es un procedimiento habitual cuando
se ausenta la sutileza, la habilidad y la mano izquierda. Una presión no
debería sustituir a un buen argumento. No es el caso. “Presionar en una
negociación no es más que pretender arrastrar al otro por las orejas”, decíaMontaigne. “Los niños, el vulgo, las mujeres y los enfermos,
son los más expuestos”. Y Sánchez, desde luego.
Pocos políticos hay en nuestro país más
presionados que Pedro Sánchez. En su momento lo fue Artur Mas, que tuvo que irse del sillón de la Generalitat
forzado por una colla de kumbayás en camiseta. Sánchez, sin embargo,
resiste, desparramado por las diferentes arenas del estío, silente y moliente,
agazapado y granítico. Cada día que pasa, una victoria, viene a ser su lema.
“¿Qué parte del no no entiende?” fue su última frase memorable, inspirada
quizás en las mismas palabras de Tom Kane, el protagonista de la serie The Boss, autoritario y corrupto alcalde de Chicago.
Pocos políticos hay en nuestro país más
presionados que Pedro Sánchez. En su momento lo fue Artur Mas, que tuvo que
irse del sillón de la Generalitat forzado por una colla de kumbayás en
camiseta
Se le ha puesto el capirote de culpable de
las nuevas elecciones, de la parálisis de un país desde hace 300 días, del
ridículo mundial, de ser el protagonista único del contradiós de una situación
sin precedente. Apoyado en la superioridad moral de la izquierda, Sánchez, con
gorrilla y en bañador, ha visto discurrir estas largas semanas agosteñas
escuchando el ruido del mar y atendiendo las voces de ánimo de su pequeño
grupúsculo de asesores a quienes en su partido denominan “los Dalton”. Gentecilla
de idea única y mirada corta, ‘de la peor calaña intelectual’, pero aferrada a
una sola posición: la única posibilidad de supervivencia es el ‘no’.
Vieja guardia del partido, barones de todas
las latitudes, compañeros de comité, encuestas, el Ibex, articulistas,
analistas, intelectuales abajo firmantes, la oposición, la reacción, la
televisión (una de ellas, en especial)… han dedicado tiempo, esfuerzos,
argumentos, amenazas, exhortaciones, imprecaciones en el vano empeño de que
Sánchez abandone su inamovible ‘no’ y permita el tránsito final hacia el fin
del bloqueo.
Una voz
discrepante
Las negaciones de Sánchez forman ya parte de
nuestro paisaje cotidiano ¿Por qué habría de cambiar si no le va mal? Se
mantiene al frente de un partido cuando desde hace meses le dieron por muerto.
Señorea a sus barones, tiene acollonado a su frente interno. Tan sólo Abel Caballero, en la cornisa gallega, le levanta tímidamente la
voz. ¿A qué cambiar?
No le hablen de los intereses de España, de
la política de Estado, de la responsabilidad histórica, de la tradición de su
partido, del sacrificio patriótico. Música celestial, letanía de la caverna,
añagazas de la derechona. Piensa Sánchez que el ‘no’ es su único salvoconducto
a la supervivencia. Propiciar, mediante la abstención, un gobierno de Rajoy,
significaría su decapitación. Una vez encarrilada la normalidad institucional,
aprobada la investidura, el PSOE celebraría su aplazado congreso en el que el primer
punto del orden del día sería su defenestración.
'No es' incompatibles
Las tres negaciones de Pedro poco tienen que
ver con las del apóstol. Son absurdas, infantiles e incongruentes. Sánchez
defiende al tiempo tres ‘no es’ incompatibles. No al PP, no a nuevas elecciones
y no a un gobierno de izquierdas. De ese cóctel de ‘no es’ tan sólo saldrá un
bebedizo agrio y corrosivo: vuelta a las urnas. Será él el culpablo, tal y como
se empeñan en recordarle todos sus rivales. Tampoco importa. De momento ha logrado
con habilidad trasladar el foco del debate hacia la fecha electoral. Ya no se
habla tanto de su ‘no’ sino de cómo evitar las elecciones el 25 de diciembre y
hacerlas el 18. Una triquiñuela que parece que funciona. Piensa que todos son
ventajas con su ‘no’. No pueden responsabilizarle de la continuidad de Rajoy,
mantiene la fidelidad de buena parte de su militancia, quizás hasta logre
mejorar sus raquíticos resultados en unos terceros comicios y, muy
especialmente, sigue en el cargo por tiempo indefinido. Quien dentro del PSOE
pretenda apearse del ‘no’ que lo diga. Que se coma ese marrón. No será
Sánchez quien lo haga.
España puede ser el primer país occidental
que precise de tres elecciones en un año para formar gobierno. ¿Quién caerá en
este pulso? ¿Rajoy, Sánchez? Se admiten apuestas. Mientras tanto, el líder
socialista, a quien tantos desprecian, sigue ahí. Dos años ya al frente del
PSOE, como se encarga de repetir con insistencia obsesiva. Sólo piensa en el
mañana, en seguir vivo un día más. Y en la Moncloa. “El pasado es inofensivo.
Las guerras del pasado son incruentas”, decía Chaucer. Y las ‘presiones’, una superstición galaica.
EL VARÓMETRO.- A falta de rivales, ‘la minga’ de Echenique se ha convertido en la canción del verano. // Fernando Maíllo se ha ganado los galones de futuro secretario general
del PP. // Parecía imposible: Casillas cayó. // Inger Enkvist, catedrática sueca, destrozó en ‘La Vanguardia’ el
sistema educativo/coercitivo catalán. Lo mejor de la semana.
COMENTARIO: Pero vamos a ver Vara por qué metes a Pedro el
apóstol en este batiburrillo que has escrito? que tiene que ver Sánchez con el
apóstol? que tienen el mismo nombre? pues mira en lo que has reparado, la
mayoría de españoles no nos habíamos dado cuenta, ja,, ja, ja, ja ,somos tan
gilipollas jajajaja... Por cierto que la derechona como tu está resultando
subversiva, queréis elecciones el 25 de Diciembre, vais contra el jefe del
estado, joder si es que solo veláis por el interés de Mariano que ahora es ateo
y republicano... Eso sí que es cambiar de pelaje...
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