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martes, 30 de agosto de 2016
Envejecer te hará feliz Un estudio muestra que, pese a la pérdida de facultades, las personas de mayor edad muestran un mayor nivel de satisfacción con su vida
Los seres humanos sentimos una intensa
atracción por lo que nos hace daño. Nos encantan las
bebidas azucaradas, las comidas con grasa y pasar lasvacaciones
en pareja. También deseamos ser jóvenes eternamente pese a que, como ha
mostrado una gran cantidad de estudios, somos más felices cuando nos acercamos
a la vejez. Encuestas en decenas de países apuntan a una pauta bastante
generalizada. La mayor parte de las personas dan una puntuación elevada cuando
se les pregunta por su satisfacción con la vida durante los primeros años de la
década de los 20. Después, esa satisfacción desciende, con el punto inferior
alrededor de los 50. A partir de ahí, la felicidad crece progresivamente hasta
incluso la década de los 90.
La semana pasada se publicaron los
resultados de un trabajo estadounidense sobre edad y bienestar psicológico que
confirma, con algún matiz, esta idea. El estudio, basado en la respuesta de
1.546 personas de EE. UU y publicado en la revista Journal of Clinical Psychiatry por investigadores de la Universidad
de California en San Diego, muestra una tendencia a sentirse mejor con uno
mismo y con la vida “año tras año y década tras década”. Además, se observa la
paradoja de que, pese al deterioro físico y cognitivo, la salud mental de las
personas mayores era mejor que la de los más jóvenes. Por contra, los autores
vieron que los jóvenes en la veintena y la treintena tenían elevados niveles de
estrés y más síntomas de depresión y ansiedad. El matiz que incorpora este
artículo respecto a otros anteriores que exploraron las relaciones entre la
edad y el bienestar psicológico es que, en lugar de la habitual forma de U, la
progresión del bienestar es lineal desde los 20 a los 90.
Los científicos siguen acumulando pruebas
que indican que los años, pese a hacernos más feos o menos ágiles, nos harán
más felices, pero aún no han dado con una explicación completamente
satisfactoria que explique la tendencia. Una de las posibilidades, apuntan los
autores, es que exista una reserva emocional que ayude a contrarrestar el
deterioro físico de un modo similar al que algunos sistemas cognitivos pasivos
equilibran la pérdida de algunas capacidades. Recientemente, se publicaba un
estudio que mostraba cómo
se reorganiza el cerebro para
compensar la pérdida de capacidad auditiva.
Otro mecanismo al que apuntan los
responsables del estudio es que con los años se gane habilidad en la gestión de
las emociones y en la gestión de decisiones sociales complejas. Algunos
estudios han descubierto que con el paso del tiempo, la gente experimenta menos
emociones negativas y muestran un sesgo cada vez mayor hacia las memorias
positivas. Todos estos recursos, además
de con el aprendizaje vital, pueden estar relacionados con cambios físicos
producidos por el envejecimiento. Según explica el investigador Dilip Jeste,
autor principal del trabajo, se ha visto que “la amígdala, la parte del cerebro
asociada con la percepción emocional, se vuelve menos sensible a las
situaciones estresantes o negativas”. Además, “los niveles de dopamina en el
circuito de recompensa del cerebro descienden con la edad”, añade. Ambos
cambios facilitan el control de las emociones y generan una mayor sensación de
bienestar.
Estos cambios biológicos, que muestran que
muchas veces los impulsos inscritos en nuestros genes por la evolución no
tienen por qué ser lo mejor para nuestros intereses personales, se han
observado en nuestros parientes animales más cercanos. Un estudio con 500
chimpancés y orangutanes también revelaba indicios de una crisis de la mediana
edad hacia los 30 años. En este caso, no obstante, a la subjetividad de los
participantes que completan las encuestas en las que se evalúa la propia
felicidad, se añadía que no fueron los propios primates sino sus cuidadores los
que juzgaron su nivel de bienestar.
Los autores del artículo reconocen que será necesario mucho trabajo para explicar este fenómeno aparentemente contradictorio. Ese conocimiento, además de pintar un futuro prometedor para todos, ayudará a orientar mejor los tratamientos de salud mental y adaptarlos a las necesidades reales de cada edad.
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