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domingo, 10 de julio de 2016
Rodrigo Rato y el cadáver del Partido Popular
Jesús Cacho: Corría el año 1997. El PP había
ganado por fin unas elecciones tras una dura pelea con el sempiterno PSOE de Felipe
González, y un buen día el presidente del Gobierno,José María Aznar, llamó a
despacho a Alfredo Sáenz, a la sazón presidente de Banesto (ya en el seno
del Santander de Emilio Botín, el hombre que fue capaz de pagar 1.000
millones de pesetas por una ruina como Aguas de Fuensanta), para contarle la
delicada situación por la que estaba atravesando su ministro de Economía,Rodrigo
Rato Figaredo, de los Rato Figaredo de toda la vida, los dueños del
"prao" asturiano, porque el buen hombre, explicaba José María, había
entregado su vida a la política a cambio de cuatro miserables duros y a costa,
un sacrificado, casi un héroe de la patria, haber desatendido la marcha de sus
negocios, el grupo de empresas familiar que dirigía ese desastre que como
gestor fue siempre Ramón Moncho Rato, de modo que había que
ayudarle, tenemos que echarle una mano entre todos, había que rescatar a las
Empresas Rato de la quiebra, porque aquéllo era una quiebra como la copa de un
pino, y ese "todos" aludía al grupo de poderosos que habían sido
nominados por Rato, precisamente por él, para presidir los antiguos monopolios
públicos privatizados por el Gobierno Aznar.
Sáenz vuelve a Banesto con el encargo bajo
el brazo, dispuesto a dar satisfacción a la exigencia del presidente, y llama a
capítulo a uno de sus hombres de confianza para encargarle la delicada misión:
se trata de meter 200 millones de pesetas como inserción publicitaria en el
grupo de emisoras Rato, así, por las buenas, soltarle a las emisoras Rato 200
millones en publicidad. El aludido toma nota del pedido del jefe y vuelve a la
mañana siguiente con algunas objeciones al respecto:
-Pero ¿tú sabes cuántas emisoras le quedan a
ese grupo?
-Ni idea.
-Pues como dos, una en la comunidad
valenciana y otra en Mallorca, que creo que se llama Radio Forana, y no son
nada, prácticamente no tienen audiencia.
-Me da lo mismo; vamos a hacerlo porque me
lo ha pedido el presidente del Gobierno y punto.
-Pero es que eso no se puede hacer así. Con
la décima parte de ese dinero compras las dos emisoras y aún estarías pagando
un sobreprecio difícil de justificar. ¡Si las compraras por los 200 que dices
estarías pagando más de 20 veces su valor!
-Bueno, bueno, tú haz lo que te he dicho y
llama a Ramón a tu despacho y lo arreglas…
No hay constancia de encuentro concreto
entre Francisco González y Aznar, aunque la duda ofende dada la condición del
de Chantada de amigo de los pesos pesados del PP.
Argentaria, la misma época, distintos
protagonistas. En este episodio, paralelo al de Banesto de Sáenz, no hay
constancia de encuentro concreto entre Francisco Gonzálezy Aznar, aunque
la duda ofende dada la condición del de Chantada de amigo de los pesos pesados
del PP. Sí que la hay, con testigos vivos, de la llegada de Ramón Rato a
la sede del banco público en el Paseo de Recoletos para solicitar, es un decir,
pedir, casi urgir, un crédito de 3.000 millones de pesetas para el grupo de
empresas familiar. "No recuerdo muy bien el número, pero eran cerca de una
decena que se habían comido los fondos propios y que estaban al descubierto con
una serie de bancos, cinco o seis, entre ellos el Zaragozano y Banesto, a los
que debían una porrada de dinero. Y yo, que me olía la tostada, le pregunto qué
es lo que quiere hacer con esa pasta y sin cortarse un pelo me dice que piensa
devolver lo que deben a los otros bancos y reponer capital. Y yo le digo,
hombre, ¿y no habéis pensado en arrimar el hombro como accionistas que sois, es
decir, rascaros el bolsillo con una ampliación de capital? Y el tío se echa a
reír en mis narices, porque para Moncho Rato Argentaria seguía siendo
un banco público que había privatizado su hermano y en el que ahora mandaban
sus amigos, era nuestro banco, venía a decir, y nuestro banco está para
sacarnos del atolladero. El jefe me pide que estudie la operación y yo lo hago.
Pido balances y encuentro cosas pintorescas. Una de las emisoras, en cuyo
Consejo estaban los 3 hermanos y el marido de María Ángeles, José
María de la Rosa, con un millón de pesetas de capital y prácticamente ningún
activo, tenía concedido un crédito en Holanda por el Ra bobank por importe de
360 millones de pesetas! Naturalmente mi informe fue desfavorable, como no
podía ser de otro modo, no obstante lo cual la operación se puso en vigor,
aunque supongo que luego desaparecería del balance de fusión con BBV… En fecha
reciente ha aparecido en prensa una misteriosa condonación de 312.000 euros en
concepto de intereses devengados entre 1995 y 1998 a Rodrigo, que supongo eran
intereses no abonados a cuenta del crédito en cuestión".
Esta es parte de la historia de una derecha
cuyos verdaderos intereses han ido quedando al descubierto con el paso del
tiempo. Quienes valoran el papel de Aznar como aglutinador de la derecha
política en un partido con posibilidades de conquistar el poder, desdeñan, sin
embargo, el fracaso de esa derecha a la hora de construir una alternativa
auténticamente liberal capaz de cambiar de raíz el pensamiento dominante de un
país que, salido de 40 años de una dictadura militar con ribetes paternalistas,
estaba huérfana de pensamiento crítico, acostumbrada a la presencia de un
Estado muy fuerte que quitaba libertades pero daba seguridades; sociedad muy
estatista, reñida con la responsabilidad individual y enemiga de la libertad y
sus riesgos. Ni Aznar ni ese sedicente brillante circulo de capos peperos fueron
capaces de plantear siquiera una batalla de las ideas, una revolución liberal
al modo de Thatcher y los gobiernos conservadores británicos que le
siguieron, porque lo que de verdad interesaba a Aznar y los suyos era el
dinero, lo que de verdad querían era enriquecerse tras su paso por la política,
y a enriquecerse se han dedicado todos o casi, enriquecerse ellos y sus amigos,
algunos de manera escandalosa como es el caso de Rodrigo Rato, otros de
manera soterrada y aún en la sombra, caso de Aznar & family.
La derecha y la obsesión por el dinero
La batalla de las ideas pasó a mejor vida.
Luego vino un tipo como Zapatero dispuesto a ganar la Guerra Civil en los
libros de texto, con el resultado que era de prever y que está presente hoy en
cualquier debate público, en radio o en televisión, en cualquier texto escrito,
los valores de la izquierda impuestos a toque de corneta sin que exista la
menor replica liberal: el reclamo de un Estado Providencia obligado a proveer a
los ciudadanos hasta de buenos y regulares orgasmos en la cama, la exigencia de
gasto público sin tasa, La Economía de reparto, la igualdad a machamartillo, la
salmodia de la desigualdad, el desprecio a los valores del esfuerzo y la
excelencia, la exaltación de lo común, de lo grupal, la aversión a la
iniciativa privada… Los valores liberales están casi prohibidos, desterrados
por una derecha que trata de disimular su incuria intelectual con apelaciones a
la gestión socialdemócrata del día a día, perseguida como está, aporreada en
los tribunales de Justicia en justa recompensa a su ilimitada capacidad para
corromperse.
Si Rodrigo les había hecho ricos, muy ricos,
millonarios, justo era que ellos se preocuparan ahora de hacerle a él una
fortuna personal
Tras su salida por pies del FMI, un episodio
sobre el que la Administración americana extendió un caritativo manto de
silencio, Rodrigo Rato puso rumbo a España dispuesto a enriquecerse a toda
costa. Nunca se sabrá si sus pares le acogieron con los brazos abiertos o como
un mal inevitable y anunciado, un impuesto que debían afrontar como pago a
los favores de hogaño. Si Rodrigo les había hecho ricos, muy ricos,
millonarios, justo era que ellos se preocuparan ahora de hacerle una
pequeña fortuna personal. El personaje entró en tromba hasta en 3 bancos a la
vez (Santander, Lazard y La Caixa, por no hablar de Telefónica), sin que
empleadores y empleado encontraran en ese fantástico pluriempleo conflicto de
interés alguno. La quimera del oro de Rodrigo Rato se hizo por fin realidad con
su desembarco en Caja Madrid, después Bankia. Esta semana, María
Peral ha publicado en El Español un testimonio demoledor ("Así se forró Rato con Lazard y le
devolvió sus favores desde Bankia"), el informe de la Unidad
Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil dirigido al juez Antonio
Serrano-Arnal, pieza de lectura obligada para descubrir la catadura moral del
portaestandarte de la derecha conservadora española.
Por resumir: Lazard firmó a Rato un contrato
de 3 años por un importe global de 13,5 millones de dólares (no está mal para
un part-time job), 9 de los cuales en forma de acciones cuyo canje estaba
previsto para marzo de 2011 (3 millones) y marzo de 2013 (los 6 restantes).
Como el principito pasó a presidir Caja Madrid por voluntad de Rajoy
en enero de 2010, tendría que haber dejado de ingresar esos 9 millones (sin
mencionar, además, la existencia de una cláusula de no competencia). Pues no,
señor. Lazard, generoso Pedro Pasquín, pagó religiosamente lo convenido a
Rato. ¿A cambio de qué? A cambio de que Rato regara después a Lazard con
contratos de consultoría desde la presidencia de Bankia. En efecto, entre 2011
y 2014 Bankia pagó a la entidad un total de 9.690.884 euros, cifra muy parecida
a lo que el asturiano hubiera dejado de ingresar al abandonar Lazard antes
de tiempo. ¿Do ut des? Algo aún más elemental que eso, de sencilla
deducción. Y Lazard se prestó al trueque. No se pierdan la pieza de la
Peral si quieren indignarse un poco.
Matar por un billete de 50 euros
El lunes de esta semana, Ángela
Martialay publicaba en este diario otra de las piezas informativas de la
semana ("El contrato
con Telefónica que Rato cobró pero donde nunca figuró"): los
términos del acuerdo por el que el ricohome astur se embolsó en 2013,
siendo ya presidente de Bankia, la suma de 300.000 euros más IVA por los
servicios prestados a Telefónica. El número 2 del Gobierno Aznar cobró como
"asesor" de la operadora los años 2013 y 2014. En enero de 2013, la
Agencia Tributaria detectó la firma de un 'Contrato de colaboración de
servicios profesionales' entre una sociedad denominada Kradonara y Telefónica,
representada para la ocasión por el ilustre Ramiro Sánchez de Lerín, secretario
general y del Consejo, hoy empapelado a consecuencia del lance. The beauty
of the thing es que el nombre del ex vicepresidente y ex ministro de
Economía no aparece por ningún lado, y sí el de uno de sus supuestos
testaferros, un tal Domingo Plazas, que firma en representación de
Kradonara, hoy considerada el epicentro de un entramado societario montado para
presuntamente eludir el pago de impuestos a Hacienda y que, entre otras cosas,
sirvió para repatriar 6,5 millones desde Reino Unido, Gibraltar y Luxemburgo,
gran parte de los cuales fueron destinados a la compra de un hotel en Berlín
del que Rato es propietario al 50%.
En palabras de un responsable de la UCO,
"da la impresión de que este hombre ve un billete de 50 euros en el suelo
y le lanza a por él en picado". Una auténtica obsesión por el dinero que
raya lo enfermizo. Ello dando por descontado que conocemos apenas el
prólogo de las obras completas de un hombre dispuesto a enriquecerse por encima
de cualquier tipo de consideración de orden moral o legal. El 8 de septiembre
deberá declarar como imputado por contratar en Bankia a su ex cuñado Santiago
Alarcó, un hombre que comenzó con 120.000 euros anuales en 2011 y que dos
años después ya cobraba 480.000. La lista de desmanes sería interminable.
La fuente de este escándalo sin proporciones conocidas hay que buscarla, sin
embargo, en los años dorados del político como ministro de Economía, en
particular entre los años 1996 y 2002, un caudal que en gran medida sigue hoy
discurriendo por el subsuelo sin brotar a la superficie. Rato está
imputado por la salida de Bankia a Bolsa y por las tarjetas black; se le
investiga por pagos de Lazard, de Telefónica y de agencias de publicidad.
También por dar conferencias, no menos de 40, a una media de 46.000 euros la
pieza que, como en los casos anteriores, nunca declaró a Hacienda. ¿De qué
hablaba Rodrigo en esas charlas? ¿De qué presumía? ¿Qué enseñaba? Le amenaza
una serie de eventuales condenas por delitos de estafa, apropiación indebida,
administración fraudulenta, delito fiscal… Mario Conde es a estas
alturas un juguete roto. Rodrigo Rato, en cambio, sigue estando protegido por
el muro de silencio que sostiene buena parte del establishment patrio y sus
medios de comunicación. Conde era un indeseable, un parvenu. Rato es uno
de los nuestros. Un jidepú, pero es nuestrojidepú. Un goodfellas. El
más genuino representante de la derecha conservadora española continúa
ahondando la fosa en la que también debería enterrar el
cadáver del Partido Popular.
COMENTARIO: Hemos pasado del Spain ist different a la Marca
España, atravesando el Catalonia is not Spain. De los robaperas al record de
multimillonarios (por la causa de la ¿democracia? trincona y corrupta).
Catalonia is not Spain es el vergel de la corrupción, para más INRI financiada
por todos los españoles, gracias al samaritano y sobrecogedor Rajoy, el más
votado, así está España. Hemos pasado del "¡Vente pa España, Pepe!"
al "¡Aguanta Luis!.. ¡Hacemos lo que podemos!".LA RECORTA…
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