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lunes, 25 de julio de 2016
El 'arma definitiva' de los conquistadores españoles que infundía una "insoportable forma de terror"
Publicado: 24 julio 2016 http://es.rt.com: No
fue la caballería, ni los arcabuceros o ballesteros los que más terror infundían
en los guerreros indígenas durante la colonización europea del Nuevo Mundo,
según un científico y periodista español. Armas de fuego, caballería y
ballestas: estos fueron los principales factores de supremacía de los
conquistadores españoles en el campo de batalla frente a las tropas indígenas en el siglo XVI. Al menos, estos suelen
ser los factores que contemplan los historiadores para explicar el rápido
avance de pequeñas unidades de tropa en América.
Sin embargo, otra arma que, al parecer, tuvo
un efecto decisivo en las principales batallas eran los perros, concretamente
en México y Mesoamérica, según un artículo publicado en el diario digital 'El Confidencial'. Aunque las crónicas desestimaban su
importancia debido a la doctrina militar imperante en aquel tiempo, a nosotros
han llegado los nombres de algunos de aquellos guerreros cuadrúpedos que
aterrorizaban a la población aborigen, subraya la publicación. El más famoso de aquellos canes de combate fue
Becerillo, un alano español (producto del mestizaje entre dogos y mastines) que
acompañó al conquistador Sancho de Aragón en una campaña anterior a la expedición de Hernán Cortés. Era muy apreciado por su
ferocidad y total entrega en el campo de batalla, hasta el punto en que le
pusieron un salario.
Sabemos de él que murió a causa del impacto
de una flecha envenenada lanzada por los mayas y también que tuvo un
descendiente llamado Leoncico, que se vengó de su padre con creces desgarrando
hasta la muerte a muchos enemigos. Acompañaba a su amo, Vasco Núñez de Balboa,
en todas sus campañas sobre él istmo de Panamá y también recibía 'paga' de oficial.
Se sabe que pocos días antes de descubrir el
océano Pacífico, aquel explorador y aventurero español libró una batalla contra
una tribu indígena encabezada por Torecha. El propio cacique murió en combate
pero su hermano y otros notables fueron arrojados a los perros. El terror
causado por esta ejecución fue de tal envergadura, que el resto de la tribu
aceptó someterse a las órdenes del conquistador. Los perros alanos de los capitanes españoles, asegura el historiador y
ajedrecista Álvaro van den Brule, "fueron responsables en gran medida
de la matanza indiscriminada que ha pasado a la historia como una de las cargas
militares más sangrientas". Su feroz presencia en el campo de batalla
producía una "insoportable forma de terror" entre los indígenas,
sostiene. Los animales eran protegidos con tiras de cuero en ambos lomos y
fieltro con fragmentos de coraza.
El conquistador Pedro de Alvarado era
consciente de la carnicería indiscriminada que infligía la horda perruna en el
enemigo. De hecho, se sabe que en una ocasión, a la vista de que los niños
presentes en la tropa aborigen caían primeros bajo el ímpetu animal, intentó
retirar en vano a los perros.
COMENTARIO: Como en toda conquista hay sus pros y sus contras y
como ejemplo de ello es, los
españoles llevaron consigo a América animales tan útiles como el caballo,
el burro, el asno y demás ganado como
la vaca castellana, el buey, la oveja y animales de granja como el cerdo, la gallina/gallo, el conejo... Así como ciertos árboles
frutales, la cebada,
la avena,
el centeno y
el trigo de
la Península y la caña de azúcar de la islas
Canarias o Madeira, que tanto éxito tuvo en el Caribe o el mismísimo café de
las colonias portuguesas en África, también quiero recordar una frase escrita de Octavio Paz,
1995, que dice así…No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino
los españoles y los portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa
que, en sus grandes trazos, todavía está en pie. Unieron a muchos pueblos que
hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos
o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y
políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Sí las
pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas.
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