SILVIA BRAVO ÁNGEL: Algo no está funcionando bien en nuestro
sistema económico. A pesar de la mejora de los datos macroeconómicos y de la
reducción del paro, el empobrecimiento forma parte del paisaje vital cotidiano
de los españoles. El 92% de los ciudadanos considera que actualmente existe
mucha desigualdad económica y el 72% que va a continuar en esos niveles aún
durante mucho tiempo. Estos datos, que provienen del Barómetro de Confianza en
la Economía que Metros copia elabora cada mes, reflejan también que la
ciudadanía no percibe la transferencia directa y efectiva de la recuperación
macroeconómica a las economías domésticas. Desde que comenzó la crisis, la brecha
entre ricos y pobres ha aumentado de forma considerable. La cifra de
multimillonarios se ha duplicado en nuestro país y hoy son cerca de 500 los
españoles que declaran un patrimonio de más de 30 millones de euros (en 2007
eran 230). Y al mismo tiempo —según la última Encuesta de Condiciones de Vida
publicada por el Instituto Nacional de Estadística—, algo más de 13 millones de
personas, en su mayoría menores de 16 años, están en riesgo de exclusión social
ya sea porque no tienen ingresos o porque los que tienen no les dan para vivir
con condiciones suficientes de acomodo.
En un contexto como este no es extraño que el
pesimismo crezca: los españoles se muestran masivamente convencidos (72%) de
que, como consecuencia de las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis,
España saldrá de la misma más pobre y más desigual de lo que era hace solo un
decenio. Por un lado, porque creen que la situación económica de un gran número
de personas ha empeorado radicalmente durante los últimos ocho años (71%). Y,
por otro, porque consideran que el camino que habría que transitar para
recuperar las prestaciones y ayudas disponibles para los más desfavorecidos
antes de la crisis va a ser largo y complicado (79%).
El incremento del Producto Interior Bruto y el
bienestar no siempre convergen. Frente a la opinión extendida de que la mejor
forma de favorecer el bienestar es conseguir aumentar el crecimiento económico
y la creación de empleo, la experiencia española parece negar tal tópico. El
crecimiento del 3,2% que el Producto Interior Bruto nacional experimentó en
2015, no se ha traducido en una mejora del bienestar social. El bizcocho ha
crecido pero no se reparte de manera equitativa. Para el español medio, a pesar
del estancamiento de los precios y el periodo deflacionista que vive nuestra
economía —el IPC armonizado de la economía española fue negativo en los dos
últimos años (-1,1% y -0,19%, para 2014 y 2015 respectivamente)— el coste de la
vida es cada vez más alto, al menos así lo percibe el 80%. La razón es que el
poder adquisitivo de las familias se ha reducido año tras año desde que empezó
la crisis —los últimos datos de la Encuesta de Calidad de Vida sitúa los
ingresos medios anuales netos por hogar en 26.092 euros, su valor más bajo
desde 2008—.
Por tanto, la mejora de la economía no se ha
transferido de manera efectiva a las familias españolas. Además, solo un tercio
de la población atribuye la mejora a las medidas puestas en marcha por el
Gobierno. Una mayoría destacada (60%) cree que, por el contrario, la mejoría
nada tiene que ver con las políticas gubernamentales, dado que esa tendencia
también se está produciendo en otros países que aplicaron medidas muy distintas
de las nuestras. De hecho, la desigualdad social se ha agudizado en los cuatro
años de Gobierno del PP, de tal modo que todo el avance económico, en realidad,
se ha dirigido al mayor enriquecimiento de los que eran ya ricos, causando
mayor empobrecimiento de los pobres y convirtiendo en pobres a los que antes no
lo eran.
Desempleo y salarios
El desempleo y los niveles salariales son, por tanto,
dos de las cuestiones que deberían abordarse de manera más urgente para que la
desigualdad comience a reducirse. Aunque la tasa de desempleo empezó a
descender en 2014, la sensación cada vez más predominante entre la ciudadanía
es que el paro va a seguir todavía igual de alto durante mucho tiempo (70%
ahora, 58% en agosto de 2015).
La opinión extendida en la sociedad española es que el
Estado debe intervenir para compensar las desigualdades extremas entre los que
más ganan y los que menos. Así lo piensa el 70% de los españoles, para los que
el Estado debe proteger y ayudar a los más necesitados y desfavorecidos.
La España que va bien parece ser solo la de aquellos a
los que siempre les ha ido bien. Para la inmensa mayoría, va cada vez peor. El
nuevo Gobierno que se forme tras el próximo 26-J debería implementar políticas
activas para solucionar de manera urgente la desigualdad y el paro de larga
duración. Los españoles lo tienen claro, la pobreza y el hambre no se deben a
causas naturales: un 91% de los consultados piensa que, si los gobiernos se lo
propusieran, su erradicación sería posible.
COMENTARIO: Muchos de
los que tienen temor a un posible gobierno, sea local, regional o nacional
donde estén Podemos o las confluencias, no lo sienten por el hecho de que sean
de izquierdas, comunistas, etc., esa es la excusa comestible. Estamos en Europa
y el dinero dependiendo de quién gobierne, será más o menos social, pero no hay
margen para hacer locuras. El miedo real, ( y algunos lo confiesan sin empacho
ni vergüenza) viene porque observan recelosos lo que pasa en Valencia, lo que
va saliendo cada día en los diarios y lo que no sale pero sucede cotidianamente
en su nuevo ayuntamiento o en el de Madrid, regularizaciones de tasas,
contribuciones y favores que muchos " amigos de la anterior
administración" se han tenido que poner al día, contratos irregulares que
se cancelan o no se renuevan, gente que estaba metida a dedo que se va a la
calle y claro, imaginemos todo lo anterior, pero a nivel nacional, cientos de
miles de ciudadanos, quizás millones que durante estos cuatro años han estado
medrado mientras la mayoría sufría o pasaba grandes dificultades. Es normal que
ahora les dé pavor un cambio.LA RECORTA…


No hay comentarios:
Publicar un comentario