MIGUEL ÁNGEL CRIADO: Algunos de los árboles más grandes y
viejos del mundo ya estaban en el planeta cuando la mayoría de los humanos
vivía literalmente en la Edad
de Piedra. Sin embargo, un abanico de acciones humanas, como la tala, la
degradación de ecosistemas y ahora el cambio climático están
acabando con los ejemplares más antiguos de secuoyas, eucaliptos de 100 metros o árboles tan
mágicos como el baobab. Lo peor es que ya no existen las condiciones para que
los ejemplares más jóvenes alcancen la altura y edad de sus antecesores.
Aunque hay muchas especies de árboles milenarios, solo unas pocas crecen durante
siglos hasta alcanzar los 50, los 100 y hasta los 115 metros que superan
algunos ejemplares de secuoya roja. No hay una categoría bien definida de lo
que los botánicos llaman LOT, Large Old Trees (grandes árboles viejos, en
inglés). Tampoco hay fijado un mínimo de altura o envergadura para determinar
qué es un gran árbol. Un dato objetivo es el carácter central que juegan en su
ecosistema. Y un dato subjetivo es la majestuosidad que inspiran a los humanos. Por eso LOT son las dos especies de
secuoyas que crecen en la costa oeste de EE UU, el fresno de montaña (Eucalyptus regnans) que crece durante 400 años hasta los 100 o más metros o el Petersianthus quadrialatus, una especie de palo rosa que crece en Filipinas.
Pero también son árboles viejos y grandes los abetos de más de 50 metros que hay en el
viejísimo bosque de Bialowieza (Polonia) o el baobab africano que en algunas
especies alcanza los 30
metros de altura y más de 10 de circunferencia. Casi
todos ellos están en retirada. Un estudio
publicado en 2013 daba solo unas décadas a dos de las especies de baobab presentes en Madagascar.
En el Parque Nacional del Yosemite (California, EE UU), hogar de las secuoyas y
otros gigantes como el pino real americano, que puede alcanzar los 70 metros de altura, otra
investigación mostraba en 2009 que la densidad por hectárea de estos grandes
árboles se había reducido en un 25% desde los años 30 del siglo pasado.
Mientras, el árbol floral más alto del mundo, el fresno de montaña australiano, pasará de una ratio de 5,1
árboles por hectárea que tenía a comienzos de siglo a apenas 0,7xHa en 2070.
"El declive se ha acelerado en muchos ecosistemas", dice
el ecólogo de la
Universidad Nacional de Australia, David Lindenmayer. Este investigador, especializado en grandes
árboles, recuerda que estas especies son particularmente susceptibles a las
sequías, pero también han sufrido y aún sufren una tala insostenible en muchas
zonas. "En algunos ecosistemas del norte de Europa, se ha producido un
incremento, pero partían de poblaciones muy reducidas", añade.
La nueva amenaza es el calentamiento global. "El cambio climático lleva las
condiciones climáticas a niveles fuera del rango normal del nicho idóneo para
el crecimiento y desarrollo del árbol", explica Lindenmayer. "Por
ejemplo, la reducción de las lluvias en el sureste y suroeste de Australia
provocará que estos grandes y viejos árboles no vuelvan a alcanzar la altura y
tamaño que solían. En otros casos, las condiciones cuando se produjo la primera
germinación hace 500 años son tan diferentes en la actualidad que no podrán
volver a germinar en las mismas áreas donde crecen ahora", añade.
foto al menos dos
especies de baobabs que crecen en Madagascar desaparecerán antes de acabar el siglo. Gabin Evans/ Wikipedia
Commons
El declive de los LOT puede desencadenar efectos en cadena. Los
árboles más viejos de estas especies cumplen funciones clave en sus ecosistemas
que no pueden ejercer los ejemplares más jóvenes. Las oquedades y recovecos del
fresno de montaña son el ambiente en el que nacen, crecen y mueren unas 40
especies de vertebrados, por ejemplo. Con la desaparición de los baobabs de
Madagascar, otras muchas especies vegetales y animales podrían ir detrás. La
deforestación, tanto de grandes como pequeños árboles, ya ha puesto en riesgo
la supervivencia de al menos 500 especies de mamíferos, aves y anfibios en lo
que va de siglo, según un estudio en el que ha intervenido BirdLife.
Pero la relevancia de estos árboles casi eternos va más allá de la
ecología. Muchos de ellos han cumplido misiones sociales y hasta religiosas
para las comunidades humanas que han vivido bajo ellos. En 2014, dos
investigadores suecos publicaban un estudio sobre la relevancia social y cultural de los grandes y viejos
árboles. Escribían entonces: "Creemos que el reconocimiento de
los LOT como parte de la identidad humana y su patrimonio cultural es esencial
para abordar la cuestión de su declive en todo el planeta".
Uno de los autores de aquel trabajo, la
investigadora de la
Universidad de Uppsala, Malgorzata Blicharska, sostiene que
apenas se ha hecho nada desde entonces para incluir las dimensiones no
ecológicas de los grandes árboles en las políticas de gestión y conservación.
Si se incorporaran de forma explícita a estas medidas, "se podría mejorar
la conservación de los LOT", comenta.
Pero la tarea no es sencilla. Ahora mismo, en pleno corazón de
Europa se prepara una gran tala de árboles centenarios, quizá milenarios, en Białowieża, uno de los últimos bosques primigenios que quedan
en el continente. "Incluso este Patrimonio de la Humanidad está sometido
a presión, con los silvicultores que quieren talar viejos ejemplares de pícea
europea [una conífera] debido a una plaga de escarabajo de la corteza, algo a
lo que se oponen rotundamente tanto las comunidades científicas y
conservacionistas locales e internacionales", recuerda el profesor de la Universidad Sueca
de Ciencias Agrarias, Grzegorz Mikusinski, coautor del artículo sobre las
dimensiones sociales y culturales de los LOT. Uno
de los mayores obstáculos para una política de protección eficaz es el
diferente marco temporal de humanos y grandes y viejos árboles. Con motivo del Día de la Tierra, Linden Mayer y su colega de la Universidad James
Cook (Australia), Bill Laurance, publican en la revista Trends in Ecology & Evolution una
serie de medidas que habría que tomar ya para salvar a los LOT. Pero, como dice
Laurence: "Tenemos que asegurarnos de que pensamos a largo plazo, para
coincidir con la manera en que estos árboles han existido durante miles de
años".COMENTARIO: El más importante
problema que tiene este Planeta, es una
especie, la Humana ,
que se ha convertido, no en un depredador, sino en un destructor de todo o
cuasi todo lo que le rodea; parece que somos el centro del Mundo y somos la
parte de un todo. Tierra, al que pertenecemos y del que dependemos y dependen
el resto de especies para poder seguir viviendo ¿Cómo se puede pedir que las
economías del mundo sigan creciendo exponencialmente en el tiempo? Es de locos,
harían falta tres Tierras, juntas para seguir este ritmo salvaje de consumismo
desenfrenado y destrucción masiva. Nos creemos el todo de una parte y somos la
parte de un todo. El ser Humano es el único que mata por placer y no por
necesidad, que destruye por placer y no por necesidad. Las pequeñas -grandes
cosas que hacemos en nuestra vida diaria, cada uno de nosotros, no bastan ya, o
se toman medidas reales a nivel político, de gobiernos, mundialmente o esto se
va al traste. Cuando cambie el clima radicalmente, haya sequías feroces o
inundaciones bestiales y deje de salir agua del grifo, entonces, tal vez
haremos algo. LA
RECORTA …


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