"Los jefes de servicio no entendían cómo una
cirugía tan segura estaba teniendo resultados tan nefastos, hasta que se dieron
cuenta de que el nexo común eran unos lotes concretos del perfluoroctano",
explica a este periódico Carlos Gómez Menchaca, abogado de un bufete bilbaíno
especializado en derecho sanitario que defiende a casi la mitad de los
afectados. Denuncia que el lapso transcurrido entre la primera alarma y la
retirada del producto fue demasiado largo. "Lamentablemente, aún hay
personas que desconocen que son afectadas del perfluoroctano", añade.
"Una cadena de despropósitos"
El producto en cuestión es una gas que se usa como
refrigerante industrial, pero que también tiene aplicación médica en forma de
líquido. Los oftalmólogos lo emplean para adherir la retina al globo ocular
cuando ésta se desprende. El Instituto Universitario de Oftalmobiología
Aplicada de Valladolid (IOBA) lleva meses analizando las muestras de los lotes
afectados por encargo del Gobierno Vasco y de un grupo de clínicas privadas. Y
ha logrado probar la toxicidad de las muestras del producto. Pero no ha sido un
trabajo sencillo, sino más propio de "Sherlock Holmes", explica a
Vozpópuli el director del centro, José Carlos Pastor.
Ala Medics compraba el material con el que fabricaba
el Ala Octa a una gran empresa química alemana que, a su vez, adquiría la
materia prima de un fabricante ruso. Es probable que este último desconociese
el uso médico que se daba al producto final. La toxicidad podría deberse a un
cambio en el proceso de fabricación, realizado para mejorar la eficiencia o
abaratar costes. El perfluoroctano no es un fármaco, sino un producto
sanitario, como pueden ser las gasas. Debido a ello, sus controles son más
laxos que los de los fármacos. Sin embargo, el IOBA ha puesto en contacto
directo el producto con células de retina humana y ha determinado que produce
su muerte entre un 55% y un 99%.
En garrafas de 20 litros
La empresa alemana "traspasaba el producto de un
contenedor de unos 20 litros a envases más pequeños y, de cada 2 litros (lote),
sacaban 400 frascos", explica Pastor. Cuanto más tiempo permanecía el
fluorocarbono en el contenedor abierto, más tóxico se volvía. El equipo de
químicos de la Universidad de Valladolid (UVA) que trabaja con el IOBA ha
detectado un ácido y un alcohol que no debían estar presentes en el producto y
que son los responsables de destruir las células del ojo. "Hemos repetido
los ensayos tres veces para que si esto entra en vía judicial, nadie pueda
decir que los resultados son inexactos", advierte. El
laboratorio alemán Ala Medics está en quiebra a raíz del escándalo, aunque esto
no afectará necesariamente a los pacientes. Optarán por reclamar las
indemnizaciones al prestatario del servicio (las consejerías de Sanidad y los
centros privados) y no directamente al fabricante del producto, pues sería un
proceso más largo y costoso. Las compañías aseguradoras de los servicios
médicos de las diez comunidades autónomas implicadas deberán responder en un
plazo de seis meses. De lo contrario, los casos serán llevados ante los
juzgados de lo contencioso. "Es un tema serio y grave, que origina un daño
irreversible y estamos convencidos de que se llegará a un acuerdo
indemnizatorio -bien por acuerdo o bien por sentencia-", pronostica el
abogado Gómez Menchaca.
"El servicio de Castilla y León se ha mostrado
francamente opaco y con una ausencia de respuestas más que preocupante viniendo
de una administración. Los pacientes acudían en persona a los servicios de
atención al paciente y se encontraban con muchas puertas cerradas", señala
el abogado del bufete bilbaíno. "Quizá los más transparentes hayan
resultado el servicio canario de salud y el servicio vasco", añade.
Una legislación más dura
Actualmente el perfluoroctano se sigue empleando en
las operaciones, aunque con otras marcas que no han dado problemas. Los
oftalmólogos también utilizan un producto alternativo, la perfluorodecalina.
Sin embargo, José Carlos Pastor pide que la Agencia Española del Medicamento
someta a análisis a todos los productos que se usan actualmente. "Deberían
obligar a todos los compuestos que se están comercializando ahora en España a
hacer análisis químicos y biológicos de forma periódica”, explica. El mismo
producto, pero de otra marca ya había dado problemas en Chile y en Navarra en
2013. A pesar de que la Aemps y la autoridad sanitaria chilena ordenaron su
retirada, pasó inadvertido.
Los químicos del Universidad de Valladolid de la que
depende el IOBA están a punto de concluir el desarrollo de un sistema capaz de
identificar de forma rápida la existencia de compuestos tóxicos en estos
productos. Por su parte, Pastor reclama que el Ministerio de Sanidad ejerza su
influencia sobre la Unión Europea para que modifique la legislación y se exijan
controles más rígidos no sólo sobre este producto sino también sobre otros
similares. "Yo diría a los pacientes que lo sentimos de corazón, porque
estamos desolados. Pero deben seguir confiando en sus médicos, porque no han
tenido la culpa de este desastre. Ahora trabajamos a toda prisa para que jamás
vuelva a ocurrir algo así", concluye. COMENTARIO: Parece que
Alemania va a tener que ir perdiendo la arrogancia. Después del chanchullo de
la Volkswagen, del siniestro de un avión de pasajeros por llevar de copiloto a
un psicópata al que no se había controlado debidamente, del escándalo sanitario
por dejar ciega a un montón de gente debido a la toxicidad del producto
suministrado y mal controlado por un laboratorio alemán. Luego dicen que los
demás somos chapuceros, es evidente que en todas partes cuecen habas y que más
vale no presumir.LA RECORTA…


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