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Cinco horas sin mirarse
Por fin, tras 35 minutos de conferencia paró el carro.
Era fruto de un acuerdo tras los rifirrafes del día anterior con el fiscal,
Pedro Horrach, para que pudiera ilustrar sus respuestas. Fue un buen
calentamiento, y cuando este reanudó su interrogatorio cualquiera le pillaba.
Torres, ordenador en mano y maletín lleno a sus pies, llenaba esos vacíos de
realidad virtual que sostiene la acusación —empresas que no trabajaban,
facturas que no existían, personas que no dieron un palo al agua—, construía
con argumentos sobre esos decorados huecos. Repsol, por ejemplo, le encargó
averiguar si es mejor patrocinar un equipo o un evento, el tipo de dilema que
nos planteamos todos, y más que lo haríamos si supiéramos lo caro que es:
80.000 euros. “No hay literatura científica sobre eso”, advirtió. También
salieron a escena Telefónica, el BBVA y otras grandes empresas para las que
trabajó Nóos. Los Juegos Europeos que intentó montar en Valencia, dicho sea de
paso, se celebraron al final en Bakú, pero es probable que en el Azerbaiyán
interior no se hayan enterado, como en el resto del mundo exterior. Y le
soltaron 6 millones. El euro despista mucho, porque si se piensa en pesetas se
alucina más.
Cuando Torres decía “si usted me permite se lo explico”
o pedía ilustrar el contexto se palpaba el desaliento en el rostro del fiscal.
Horrach se desesperaba con las idas y venidas por la carpetita digital Bloque
Documental del Señor Torres. Al final la juez le riñó cuando se puso borde:
“Esto sobra”.
Iñaki Urdan Garín, con unas gafas naranjas, escribió
más que nunca, tomó notas sin parar porque se acerca su día, quizá el jueves o
o el viernes. Salía a menudo su nombre y a la Infanta le daban toses. No
obstante, Torres les trata con mano de seda en lo que parece la operación
Salvemos Al Menos a Nuestras Mujeres, porque él siempre despeja balones cuando
la acusación se acerca a su esposa, Ana María Tejeiro. Su argumento básico es
que todo lo tenían al 50% por si a él le pasaba algo. Lo cierto es que pese al
mal rollo que ha habido estos años, Torres y “don Iñaki”, como sigue diciendo,
en las pausas hablan de forma distendida como viejos amigos.
Se acercan los días gordos, con el interrogatorio a
Iñaki Urdan Garín, y este miércoles estaban en la sala dos de sus seis
hermanos, Mikel y Clara, llegados desde Vitoria, siguiendo las explicaciones de
Diego Torres por la pantalla de la sala. En el descanso hablaron un rato con su
hermano y la infanta Cristina y luego se quedaron a comer por el polígono.
Torres les comentó en un receso, se oyó en el pasillo, que por fin estaba
contando “la verdad”. El ex socio de Urdan Garín se vio seguro con el fiscal:
“Mejor no podíamos actuar”, “Esto no tiene secreto”, “¡Hacienda no sabía ya qué
hacer para encontrarme un delito fiscal!”. Iba tan sobrado que podría haber
propuesto organizar un Summit allí mismo, valencianizar la vista. Respondió
rápido, nunca le pillaban, no admitía nada, se ofendía, nunca era su letra. Le
mostraron un extracto bancario de la hipoteca de su casa por importe de 1,2
millones. Iba a terminar de pagarla en 2035, pero a los cinco años, en 2010, ya
puso 845.000 euros de una tacada. El fiscal inquirió:
—¿De dónde los sacó?
—Pues mire, me ha ido bien… (…) No es un delito ser
ahorrador.
Cuando le mostraron en la pantalla un dibujo con una
cadena de saltos del dinero desde Belice a Suiza con sociedades inglesas al
expresidente balear, Jaume Matas, que estaba sentado detrás, se le escapó la
risa. El fiscal terminó con una pregunta enigmática, sobre el significado de la
responsabilidad social corporativa y Torres respondió de forma impecable:
contribuyen a una sociedad mejor. “¿Podría hacer una parada biológica de dos
minutos?”, preguntó luego, y se fue satisfecho al baño. Salió muy vivo el más
listo de la clase. Pero entonces llegó la abogada del Estado, Dolores Ripoll,
que lo fue más. Cambió la suerte de Torres. Con el fiscal derrengado después de
11 horas, salió lanzada a por él con un tono agresivo. La Infanta la miraba con
cierto asombro.
Fue divertido ver a Miss Hacienda No Somos Todos
preguntar a Torres si sabía el artículo tal o el real decreto 1496 barra 2003
en materia de facturas. Quedó claro que Torres sí es Hacienda, y que todos los
que sí somos debemos sabernos los artículos por si nos los preguntan. Salió el
rescate el abogado de Torres, pero empezó a sufrir su cliente y ya no paró. Fue
un poco fuerte que no supiera la diferencia entre estar contratado y
subcontratado, lo que equivaldría a no ser admitido como ciudadano español en
un test de cultura general para inmigrantes. O que no supiera explicar por qué
sus empresas se cruzaron 425 facturas por valor de más de 8 millones entre 2004
y 2008.
Torres echó la culpa de todo a Marco Tejeiro, como en
la víspera, que le llevaba la contabilidad de toda la vida, y también pudo
echar mano de la Casa Real. Volvió a salir de refilón la Zarzuela con la misma
idea defensiva de Torres: lo supervisaban todo, así que nada podía ser ilegal.
Se exhibieron unos correos de Federico Rubio Carvajal, descrito como “un alto funcionario
de Hacienda”, que una vez al año verificaba las cuentas: “No sé qué cargo
tiene, pero es quien hace la declaración de la Familia Real, y la persona que
hizo el informe sobre la herencia de Don Juan en Suiza al rey emérito para
pagar menos impuestos”. Silencio embarazoso en la sala, como cada vez que sale
el tema gordo de este asunto que en realidad no forma parte oficialmente del
asunto. La Infanta en ese momento tenía cara de funeral, y encima luego salió
en la pantalla parte de su declaración de la renta. También fueron mencionados
el secretario de las Infantas, Carlos García Revenga, socio del Instituto Nóos,
y el conde de Fontao, José Manuel Romero, que les indicó cómo montar una
fundación: “Si te viene un señor que es el abogado del jefe del Estado le haces
caso”, dijo de forma razonable Torres. Con Urdangarin y Revenga de socios,
Torres contó que hubo carrera para apuntarse a Nóos: recibió 80 correos con
solicitudes de admisión.
—¿Encontró usted su puesto en la sociedad con el
Instituto Nóos?
—Me gustó mucho, me lo pasé muy bien. Sé lo que se ha
montado luego, pero estoy muy orgulloso.
En un último intento de ganarse a la abogada del
Estado trató de recomendarle libros de consultoría especializada, pero no hubo
manera. Se dijo convencido de haber mejorado la sociedad, aunque acabó cansado
y muy suave. Quizá pensó que hizo una sociedad mejor, pero pudo hacer mejor sus
sociedades.
COMENTARIO: A mí lo que no me cabe la menor duda es
que este elemento se sentía seguro con tanta "gente guapa" a su
alrededor. Y el fondo de la cuestión del que no creo que dude nadie es que todo
el montaje ha sido propiciado por la pandilla de lameculos que rodean a los
poderosos, desde quienes les hacen la declaración para pagar menos, a los que
aconsejan sociedades y negocios turbios para ganar más pasando por los que
interpretan torticera-mente leyes y justifican con "amores
irrefrenables" lo que no es más que un absoluto desprecio por aquellos que
les mantienen en el machito y un comportamiento barrio-bajero. Y lo que yo desearía es que por encima de sesudos artículos y brindis al sol aparezcan dos
cosas, el dinero robado y la verdad de los que posibilitaron la trama, la pena
es que creo que lo segundo no va a ser posible, los susodichos lameculos siguen
ejerciendo su función.LA RECORTA…


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