Directora adjunta. Lea la versión en catalán30/10/2015:
Los
consellers fueron llegando a la sala Tàpies del Palau de la Generalitat minutos
antes de las diez de la mañana del pasado martes. Algunos aprovecharon los
minutos previos a la aparición del president Artur Mas para compartir su
estupor por el discurso lanzado por Carme Forcadell el día anterior, cuando
culminó su intervención como flamante presidenta del Parlament con un
"viva la república catalana". A aquella misma hora se hacía público
oficialmente que el grupo parlamentario de Junts pel Sí, en el que están
coaligados Convergència y Esquerra, acababa de registrar en la Cámara catalana
una resolución pactada con la CUP de ruptura con la legalidad española y de
desobediencia al Tribunal Constitucional. Esa declaración ya circulaba por las
redes sociales y llegaba a los medios de comunicación, pero los consellers eran
aún ajenos a una bomba que acabaría por estallar en pleno Consell Executiu.
Cuando ya llevan casi dos horas de reunión y los
medios digitales hierven, los móviles de los consellers también empiezan a
echar humo. El tema de la resolución se pone sobre la mesa. Alguien pide a un
empleado del Palau de la Generalitat que haga fotocopias del texto y se
reparten los folios a los miembros del Govern. Todos se ponen a leer. El
titular de Economia, Andreu Mas-Colell, se sube las gafas a la cabeza y se
sumerge en el texto. Al cabo de unos instantes, rompe el silencio y suelta en
tono airado: "Pero ¿esto qué es?". El conseller no se corta un pelo.
No en vano es de los pocos que suelen decir lo que piensan en las reuniones del
Ejecutivo catalán. Aunque no sea un hombre de partido, su autoridad dentro del
Govern es respetada. Más-Colell expresa sin ambages que el texto pactado por
Junts pel Sí y la CUP le parece una barbaridad, que supone saltarse las leyes
sin ningún miramiento y que eso no es de recibo. La indignación del conseller
de Economia abre una intensa discusión.
No es frecuente que se produzcan debates políticos en
el seno del Consell Executiu. Hubo alguno el año pasado, con motivo de la
consulta del 9-N, pero lo habitual es que los miembros del Govern se ciñan a
las materias de su competencia. El president Más tampoco suele dar demasiados
detalles de los diferentes momentos delicados por los que ha ido pasando la
política catalana. El caso es que Mas-Colell abre la veda y el siguiente en
tomar la palabra es Jordi Jané, uno de los nuevos, titular de Interior. Jané
acumula muchos años de experiencia política en Madrid. Seguramente por su
condición de abogado y profesor de Derecho Constitucional, además de haber
ocupado una vicepresidencia en el Congreso de los Diputados, Jané es un
político deferente con los procedimientos legales y no puede evitar
manifestarse en contra del contenido de la resolución de desobediencia y
alertar de que ése no debe ser el camino. No en vano él había aspirado a ser
vocal del Consejo General del Poder Judicial y, de hecho, al día siguiente, los
Mossos que tiene a su cargo llevan a cabo una operación contra grupos
anarquistas en Catalunya por orden de la Audiencia Nacional, para irritación de
la CUP. La intervención de Jané en el Consell Executiu sorprende a algunos de
los presentes porque el conseller es uno de los dirigentes leales de
Convergència que pocas veces difiere de la cúpula del partido, es leal y
discreto.
En cambio, no llama la atención que tome la palabra el
conseller de Territori i Sostenibilitat para sumarse a la crítica. Santi Vila
pasa por ser uno de los pocos "moderados" del Govern, es decir,
partidario de un diálogo con el Ejecutivo central. Eso le ha acarreado cierta
fama de díscolo por parte del entorno más próximo al president, que tampoco ha
visto con buenos ojos que el conseller aspire políticamente a más en el futuro.
Obviamente, Vila tampoco comparte la resolución de desobediencia y suscribe lo
dicho por sus dos compañeros anteriores, pero además introduce otro elemento de
crítica: la intervención de Carme Forcadell ante el pleno del Parlament.
Al debate se acaba sumando otro argumento de la mano
de dos consellers más, Irene Rigau y Felip Puig, que preguntan si la resolución
permitirá la investidura del president Más. El conseller de Presidència,
Francesc Homs, admite entonces que eso no está garantizado. De hecho, a
aquellas horas la CUP ya está anunciando públicamente que, pese a la
declaración de desobediencia, mantienen su negativa a ceder votos para que Más
sea investido presidente de la Generalitat. Tanto la titular de Ensenyament
como el conseller de Empresa i Ocupació subrayan que si no existe ni siquiera esa
contrapartida, la resolución era innecesaria. Argumentan que no tiene sentido
claudicar en una negociación sin obtener nada a cambio.
En el transcurso del debate, hay algunos consellers
que no intervienen. No lo hace, por ejemplo, la vicepresidenta del Govern, Neus
Munté, cuyo nombre figura en todas las quinielas como uno de los mejor situados
en una futura sucesión de Más como cartel electoral de Convergència. Tampoco
abre la boca la consellera de Governació i Relacions Institucionals, Meritxell
Borràs, una de las personas que más podrían identificarse con el aparato del
partido, de completa fidelidad a Más. Otros dos consellers se expresan de forma
más comedida. Ferran Mascarell, titular de Cultura, que tiene muy pocas
posibilidades de continuar en un Ejecutivo que se prevé compartido con ERC,
toma la palabra para defender el contenido de la declaración y recordar que no
puede sorprender a nadie, puesto que Junts pel Sí se presentó a las elecciones
con un programa de "desconexión" con España. La resolución de Junts
pel Sí y la CUP es, para Mascarell, un acto de coherencia.
Y también da su opinión Germà Gordó, conseller de
Justícia, quien hace algunos años era considerado del sector más
independentista de CDC y en los últimos tiempos flirtea en el caladero de los
moderados. El conseller de Justícia, cuya esposa es vocal del Consejo General
del Poder Judicial, es uno de los dirigentes de Convergència con aspiraciones
en la etapa que se abra cuando Mas decida pasar el testigo. Gordó discrepa del
contenido de la declaración de desobediencia, pero su intervención en el
Consell Executiu es discreta, sin grandes aspavientos.
Mientras, el president deja que todos vayan
desgranando sus opiniones hasta que, finalmente, recuerda a sus consellers que
la aproximación a la CUP es la única forma de poder formar gobierno. El
president pinta un cuadro caótico, desolador, si no se consigue ese objetivo,
ya que el país tendrá que soportar en total medio año de interinidad. Mas zanja
el debate con una conclusión: "Entonces, ¿qué me estáis pidiendo?, ¿que
haya elecciones?".
Un murmullo recorre la mesa redonda de la sala
Tàpies... Hay quien apunta que quizá haya otra solución..., otros señalan que
igual no queda más remedio que ir a elecciones... Alguno de estos últimos
razona que el país ha votado lo que ha votado, que les ha dado una mayoría
diabólica que no permite seguir adelante con el plan previsto.
De repente, es como si se hubiera desatado una
tormenta de ideas para buscar una solución. Uno de los presentes pone sobre la
mesa la posibilidad de que la investidura del president Más se haga mediante
votación secreta. De esta forma, argumenta, se podría favorecer que miembros de
la CUP y de Catalunya Sí que es Pot puedan votar a favor del president y
permitir que comience la legislatura. Enseguida un conseller invalida la
propuesta al señalar que Mas no puede ser investido presidente de la
Generalitat de una forma "vergonzosa". Hay quien añade que sólo
faltaría que diputados de ERC aprovecharan el secreto para no votar a Más...
La reunión del Consell Executiu ha transcurrido por
unos derroteros más vigorosos de lo que es habitual. Pero eso no significa que
el debate se traslade de puertas afuera. La sala Tàpies queda vacía y la
vicepresidenta Munté se dirige a la de prensa. A esa hora, hacia las dos de la
tarde, Mariano Rajoy hace una comparecencia pública en la que califica de
"provocación" la declaración de desobediencia de Junts pel Sí y la
CUP, además de garantizar que no permitirá que se aplique en ningún caso. Munté
se aferra a la réplica para no entrar demasiado en el contenido de la
resolución: "Nos entristece que hable de provocación cuando lo que hay es
un mandato democrático que se está empezando a ejercer por parte de unas
formaciones avaladas por los votos de los catalanes". La vicepresidenta
catalana reprocha a Rajoy que siempre salga con "amenazas", pero se
escabulle ante las preguntas sobre si el Govern que se constituya desobedecerá
o no al Tribunal Constitucional. La rueda de prensa no da más de sí. COMENTARIO: A estas alturas de esta
declaración (IRRACIONAL). Todos nos preguntamos y cómo es posible que
estos políticos que por un lado proclaman una país independiente
simultáneamente se presenten a una elecciones nacionales que repudian,
reflexionemos.
Si por circunstancias o no le dejan, o no
pueden constituir su parlamento, se quedarían, fuera de las instituciones
Catalanas, pero simultáneamente también se quedarían sin representación en las
dos Cámaras nacionales
La pregunta que surgen es a quien son fieles
estos políticos a la idea que pretenden diseminar en Cataluña, o simplemente no
quieren perder el poder para seguir manejando los hilos del poder.
Pienso que estos Sres. simplemente no son
muy creíbles, y lo que buscan son escenarios de discordia, entre los propios
Catalanes y el resto de España. Porque en definitiva es su proclama.LA RECORTA…


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