España,
muy aficionada al servilismo desde el“¡Vivan las cenas!”, no ha dudado mucho para saber de qué bando ponerse, del de los
señoritos. Y, como de poder económico no es que vayamos muy sobrados, el
Gobierno solo puede aplicar una sanción para meter miedo: La táctica “catalán malo”, es decir, boicotear los productos del
objetivo.
A partir
de mañana, se terminaron los yogures griegos en los supermercados,
el queso feta en las ensaladas hipsters, el romper
platos durante la comida (ni tan solo si se caen sin querer) y los apellidos con más de 5 sílabas. ¡Todo lo griego queda prohibido! (bueno, desde el pp. Seguirán dando por culo, pero como se
confiesan una vez por semana no es pecado).
Desde los
sectores más reaccionarios, incluso se comienza a mirar con cierta sospecha a la Reina Sofía. Que sí, que lleva muchos
años. Que sí, que ha aguantado más cuernos
incidentes diplomáticos que cualquier otra mujer en España. Pero oye, la cabra
tira al monte (cosa que, con Borbones de por medio, acaba en una ráfafa de disparos
fijo)
Desde el
CNI se ha decidido restringir las apariciones de la reina a mínimos (si, según
el estándar del pp.: Normal = hablar desde un plasma. Nos
podemos imaginar que entienden como “apariciones
mínima”). No vaya a ser que, por A o por B, la reina decida no
votar por correo y acercarse a Atenas a votar por el No. ¿Qué
peor golpe para el Euro grupo que ver a la Reina abrazada al pechazo de Varoufakis,
levantando rueda con la Harley
hacia una puesta de sol helena?
Así, por
mera casualidad, veremos desaparecer a
las dos reinas de España. Una por boicot político, la otra
convertida en antimateria a base de alimentarse sólo de bioma nanees. COMENTARIO:
Sin comentarios, leyendo el artículo es suficiente. LA RECORTA …


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