época
tiene sus cánones de belleza y estética, y algunos gustos y hábitos de antaño
nos pueden parecer sorprendentes en la actualidad. Tal es el caso de las
mujeres que nutrían el harén de Naser al Din Sah Qayar, el sah que gobernó
Persia entre 1848 y 1896.
En la década de 1870 en Teherán abrió su estudio
fotográfico Antón Sevruguin, un especialista ruso que pronto se convertiría en
fotógrafo de la corte del gobernante iraní Naser al Din Sah Qayar. Al monarca
le gustaba tomar fotos desde que era un niño y cuando llegó al poder estableció
en su palacio de Goles tan el primer estudio oficial de fotografía. Algunas de
las mujeres del sah llevan unas faldas cortas semejantes a un tutú. Dicen que
el monarca persa ordenó confeccionar estas prendas para las integrantes de su
harén después de que en 1873 por invitación del zar ruso Alejandro II viajara a
San Petersburgo y asistiera a un espectáculo de balé. El propio
sah tomó muchas fotos de sus mujeres, sobre todo de su favorita, Anís al Doleh.
Anís era una mujer entrada en carnes, cejijunta y bigotuda, tres signos de
belleza en aquella época. Las imágenes se muestran en una de las salas del
Palacio de goles tan, situado en el centro de la capital iraní. COMENTARIO:
Aunque han pasado muchos años, casi todo sigue siendo casi igual para las
mujeres Iranís, aunque es cierto que desde que tomó el poder los Ayatolas sean
endurecido algo los derechos de las mujeres Iranís, ya de por sí muy estrictas.
Las
mujeres iraníes no pueden presenciar partidos de fútbol, uno de los deportes
nacionales, porque los hombres llevan pantalones cortos.
Las autoridades justifican también esta prohibición
por el uso de "lenguaje inapropiado" por parte de los aficionados.
Las restricciones para que las mujeres no asistan a partidos de fútbol fueron
impuestas después de la Revolución Islámica de 1979. Los clérigos conservadores
no quieren cambiar esta medida recordando el comentario del Gran Ayatolá Fazel
Lankarani: "Es inadecuado que las mujeres miren el cuerpo de un hombre,
aunque no sea para conseguir su gratificación”.
Neda tiene doce años. Le entusiasma el agua y le
gustaría dedicarse profesionalmente al salto de trampolín. Ha seguido con
atención la competición femenina del Mundial de Natación Barcelona 2013, a
través de la antena parabólica ilegal que tienen sus padres (con más de 500
canales de todo el mundo), y es una admiradora del equipo chino de salto, que
obtuvo nueve medallas, y en concreto de la saltadora He Zi, que recogió el oro
dos veces.
Pero lo tiene difícil. En Irán también está prohibido
que las mujeres vean a los hombres en traje de baño, y viceversa. Una niña que
quiera dedicarse a la natación, al waterpolo o a los saltos de trampolín
acabará frustrada si las cosas no cambian.
La Revolución Islámica habría prohibido en su momento
los deportes acuáticos si el Corán no recogiera que "los musulmanes tienen
que saber montar a caballo, tirar y nadar".
Tras la subida al poder de Jomeini, los waterpolistas
no podían jugar en Ramadán porque corrían el peligro de tragar agua, lo que
habría constituido la ruptura del ayuno obligado. Ahora las cosas están
cambiando, pero la obsesión del régimen por la exposición de la piel impide que
las deportistas de agua puedan concurrir a competiciones internacionales o
tener seguidores que no sean de su propio sexo en recintos estrictamente controlados.
Y esa es una realidad que no se puede negar y que salta a la vista.LA RECORTA…



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